Mario Zegarra: «El policial no es un género, es la crónica que vivimos a diario»

Crimen, desapariciones, violencia e impunidad: Mario Zegarra convierte las fracturas de la realidad peruana en la materia prima de Tan ignorado como aquí.


En Tan ignorado como aquí, Mario Zegarra se adentra en los territorios más oscuros de la condición humana y de la realidad peruana. La novela sigue los pasos del capitán Santiago Matamoros, un policía marcado por la desaparición de su hija y por una investigación que lo arrastra hacia escenarios donde la violencia, la corrupción y lo inexplicable conviven con inquietante naturalidad.

Lejos de concebir el policial como un mero ejercicio de entretenimiento o una fórmula narrativa, Zegarra lo utiliza como una herramienta para explorar las heridas abiertas de una sociedad atravesada por el crimen, la impunidad y la incertidumbre. En sus páginas, la investigación criminal se entrelaza con elementos fantásticos y con una mirada descarnada sobre el dolor, construyendo una obra que desafía las fronteras tradicionales del género.

Conversamos con el autor peruano sobre el proceso de escritura de la novela, la situación del policial en el Perú, la construcción de su protagonista y la función que cumplen la violencia y lo sobrenatural dentro de una historia que, como su propio título sugiere, indaga en aquello que solemos preferir ignorar.

¿Cómo nace esta novela —desde la primera idea hasta la escritura— y qué te llevó a desarrollarla dentro de un género poco explorado en el Perú como el policial? ¿Cómo ves el desarrollo de la novela policial en la literatura peruana?

La novela nace de la necesidad de contar una buena historia. En el Perú, el policial no es un género, es la crónica que vivimos a diario. No busqué el género, el género me encontró a mí porque es el único lenguaje que sirve para retratar un país que sangra en cada esquina.

¿Por qué decidiste que el dolor del protagonista se sostenga en la incertidumbre sobre el destino de su hija, en lugar de una pérdida confirmada?

La muerte confirmada de la hija sería un cierre para el capitán, un punto final. En cambio, la incertidumbre es una tortura. Quería que Matamoros padeciera ese limbo donde la esperanza no es un consuelo, sino una tortura que duele más que la certeza de la pérdida.

¿Qué te interesaba explorar en Matamoros y por qué el policial fue el marco adecuado para hacerlo?

Matamoros representa los escombros de un sistema que ya colapsó. El policial me permite adentrarme en esas grietas donde el crimen queda impune y es la norma, y donde existe una historia que merece ser contada sin filtros ni concesiones.

La novela incorpora escenas que parecen romper con la lógica realista del policial, como la experiencia en la selva. ¿Qué buscabas al introducir elementos que parecen desbordar esa lógica dentro de la novela?

¿Y por qué el policial debe ser realista? Acaso lo único que importa no es que la trama sea verosímil. Ese horror fantástico complementa la trama de la novela, y existen rincones de este país donde la realidad es tan brutal que se explica sólo a través de la pesadilla.

En la novela se percibe una fuerte presencia de la violencia, tanto física como psicológica. ¿Qué función cumple esa violencia dentro de lo que la obra quiere decir? ¿Ese lenguaje crudo es una decisión estética o una necesidad del mundo que retratas?

La violencia no es una decisión estética, es una consecuencia: el aire que respiran los personajes. No se puede escribir sobre el abismo con palabras amables ni justificando el accionar de los personajes. El lenguaje crudo es la única forma de ser honesto con la historia.

Relacionadas

Suburbano Ediciones Contacto

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
WhatsApp
Reddit