666. Seis autoras españolas visitan el Infierno

666. 6 relatos del demonio.

Carmen Jiménez (ed.)

Ediciones Suburbano.

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A estas alturas, son pocos los amigos que tengo que prefieren ir al Cielo que al Infierno. Si el Infierno existe, ahí es donde encontraremos a las personas más interesantes, como Carl Sagan o Bukowski, con los que podremos hacer pandillita para reírnos de otros huéspedes. Sin embargo, en el Cielo debe de reinar un aburrimiento soberanamente eterno, lo que me lleva a pensar en el Cielo como un infierno. Pasarme el resto de la eternidad tratando de encontrar conversación con alguna de las personas que ahí van a parar se me antoja un esfuerzo similar al de alimentarme exclusivamente de patatas cocidas sin sal.

En fin, ya saben por donde voy. El diablo nos cae bien. Nos gustan las niñas vomitando verde mucho más que Marcelino pan y vino, dónde va a parar. Así que no ha estado mal, Carmen Jiménez (Jaén, 1964), recopilando seis relatos de seis escritoras talentosas para dedicarle una antología al cabroncete más malo y más divertido que conocemos. 666 contiene trabajos de Elia Barceló, Cristina Cerrada, Marta Sanz, Pilar Adón, Esther García Llovet y Susana Vallejo.

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Carmen Jiménez.

La primera pregunta que a uno le asalta cuando tiene este libro entre las manos es: ¿por qué mujeres? No soy partidario de los libros que discriminan por sexo. A veces considero que tienen cierto sentido, cuando el tema que los atañe necesita de una experiencia imposible para el género contrario (pongamos textos sobre la maternidad, en el caso de las mujeres,  textos sobre el cáncer de próstata, en el caso de los hombres). Pero, ¿el diablo? La cuestión queda rápidamente atajada en el interesante prólogo de Carmen Jiménez:

Desde la Edad Media se concibe a menudo a la mujer como un ser demoniaco e imperfecto, lúbrico y peligroso para los hombres, considerados casi siempre como las creaciones más perfectas de Dios. Para los curas somos la seducción del mal. pero, ¿qué es el diablo, hoy y ahora, para nosotras? Si reuniéramos a seis escritoras en una antología de relatos, ¿cuál sería su infernal visión del universo satánico?

Comentaré primero que un incipiente vello que crece entre mis omoplatos se empeña en contrariar la afirmación de que los hombres somos “las creaciones más perfectas de Dios”. Pero, a lo que importa: la respuesta a esa pregunta sobre la naturaleza del mal da lugar a un libro muy variado en temática, extensión y tono de los relatos.

En El negocio de tu vida, Elia Barceló (Alicante, 1957) reinterpreta el mito del pacto con el demonio en un texto ácido, cargado de crítica hacia la frivolidad de ciertos estilos de vida. Cristina Cerrada (Madrid, 1970) reinterpreta otro mito, el del regalito con trampa, al estilo de La pata de mono de Jacobs o El diablo en la botella de Stevenson; esta autora siempre ha demostrado un buen oficio a la hora de crear las atmósferas y los ritmos que exige el género de terror y en Soldaditos de plomo lo demuestra una vez más, con un texto inquietante donde todo queda sugerido.

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Pilar Adón.

Pero, para inquietante, el cuento de Pilar Adón (Madrid, 1971), Espíritus familiares; un angustioso y verosímil terror psicológico que surge de bucear en la mente de una chica con unas alucinaciones bastante puñeteras. El contrapunto lo marca Un buen día lo tiene cualquiera, de Esther García Llovet (Málaga, 1973); la autora de la reciente Mamuth narra un día en la vida de unos personajes marginales y esperpénticos que no paran de fumar, con un ritmo endiablado (bien dicho) y mucha frescura.

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Esther García Llovet.

No podía faltar la mención al verdadero mal, al auténtico, a aquel que no tiene nada de mitológico, sino que fue muy real: la experiencia del totalitarismo durante s.XX, más en concreto, el nazismo. Estoy hablando de Tuyo, Friedrich, el relato en el que Susana Vallejo (Madrid, 1968) nos recuerda aquella frialdad, propia de la razón instrumentalizada nacionalsocialista. Me he dejado para el final Exorcismo, de Marta Sanz (Málaga, 1963), quizá porque sea el más personal e intimista de todos los relatos; el mal cotidiano, el que uno va a verse obligado a enfrentar en su vida con toda probabilidad, y en el que, habitualmente, prefiere no pensar, resulta muchas veces el más terrorífico.

666 da lugar a una reflexión bastante completa sobre la figura del demonio hoy día, en el s.XXI, cuando los mitos quedan reducidos a algo lúdico, pero surgen las realidades, que pueden superar a estos en maldad.