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Un libro milagroso

     ¿Es siempre el rústico el culpable del drama rural? ¿Son los personajes ligados a la tierra incapaces de vencer su condición miserable? ¿Es su negación al progreso una condena? Pues así lo parece, o al menos así se ha constituido el género desde su fundación decimonónica. Sin embargo, San, el libro de los milagros, de Manuel Astur, emerge como una obra literaria que rompe con eso y trasciende las convenciones del drama rural, revelándose como una amalgama exquisita de prosa subversiva y poesía inefable. El autor, en un acto audaz, despoja al género de sus ornamentos predecibles, sumergiéndose en un universo narrativo donde las raíces rurales se entrelazan con lo mágico, lo onírico y lo trascendental, dotando al drama de un componente inesperado y luminoso.

     La trama de esta novela se despliega con maestría, tejiendo una red de personajes que transitan por un paisaje que va más allá de lo geográfico, y amalgamándola con reflexiones y pasajes líricos, convirtiéndose en un microcosmos de significados simbólicos. Astur desafía las expectativas al subvertir los elementos típicos del drama rural, reescribiéndolos, trascendiendo la realidad tangible y adentrándose en un reino donde la maravilla y el asombro son los protagonistas. El autor, con una pluma magistral que fluye como el agua por arroyos líricos, enriquece la narrativa con una musicalidad única.

     Marcelino, el protagonista, del que se compone un relato biográfico imaginario, encarna la esencia misma de la transformación. Astur lo sitúa en un entorno rural, con una familia muy sórdida ligada a las miserias del terruño que propician los acontecimientos, pero su viaje trasciende lo mundano. A través de su mirada, el lector se sumerge en un caleidoscopio de imágenes donde lo cotidiano se convierte en un lienzo para lo extraordinario. La naturaleza adquiere vida propia, vibrando con una poesía que se despliega en cada rincón del texto, recordándonos que la belleza puede emerger incluso de los paisajes más comunes.

     El lenguaje poético de Astur es un festín para los sentidos. Cada palabra, meticulosamente seleccionada, es un pincel que da vida a un cuadro no exento de crítica, cada tema de reflexión está delicadamente elegido para que la crítica y el pensamiento acompañen al lenguaje. A eso cabe añadir que el autor utiliza la poesía como herramienta para explorar la psique de sus personajes, dotándolos de una profundidad que va más allá de la superficie. Marcelino, el arquetipo que comete el acto que inicia la leyenda y la persecución que está en boca de todos, se revela como un ser en constante metamorfosis, reflejando la complejidad de la existencia humana. La naturaleza y la magia, entrelazadas en cada página, crean un tapiz que desafía las limitaciones del lenguaje convencional, llevando al lector a un estado de contemplación y reflexión.

     San, el libro de los milagros se erige como un testimonio de la maestría literaria de Manuel Astur. Su capacidad para subvertir las expectativas del drama rural, combinada con un lenguaje poético que roza lo celestial, eleva esta obra a las alturas de la transcendencia literaria. A través de cada página, Astur invita al lector a sumergirse en un mundo donde la realidad y la fantasía bailan en una danza etérea, recordándonos que, a veces, la verdadera maravilla se encuentra en lo más profundo de lo aparentemente ordinario. Se trata de un libro milagroso, un bálsamo.

 

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