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Un libro de América Latina para los no latinoamericanos

     ¿Qué es América Latina o Latinoamérica? ¿De qué estamos hablando? ¿De un territorio, de una cultura?

     Todas preguntas difíciles de contestar aun cuando en los últimos años parece que el tema identitario está casi resuelto, aunque a medias: se ha pasado del término latinoamericano al más breve (y por lo tanto moderno, dirían los posmodernos) «latino», aunque todavía hay muchas dudas en el aire.

     Hoy «lo latino» está de moda. La música (o algo parecido a ella) y la estética que la acompaña han conquistado al mundo de manera sorpresiva. En una labor donde, por supuesto, Estados Unidos y sus medios masivos han sido fundamentales para la conquista del orbe.

     Pero… siempre hay un «pero», y más cuando hablamos de América Latina. Quizá sea uno de los vocablos más utilizados en la región, porque pocas cosas nos convencen, siempre hay algo que nos perturba, que no cuadra en nuestra cabeza, en nuestras emociones.

     Al mismo tiempo que somos incrédulos, somos curiosos; quizá seamos los que más nos asomamos a las ventanas del mundo, sobre todo a aquellas que dan al centro, a eso que llamamos Primer Mundo y que ahora se adjudicado el nombre de Occidente, aunque dentro del paquete se incluya a Australia y Nueva Zelanda.

     Pido disculpas por esta larga introducción, pero esta parrafada, que aparte está bastante resumida, la he repetido como merolico cada vez que me preguntan por América Latina aquellos que nacieron muy lejos de ella y se toman la molestia de intentar comprenderla.

     Para empezar, la mayoría de ellos (y sobre todo ellas) han aprendido español: algunos hablan con acento de la península, otros no. Todo depende de cómo lo hayan aprendido. Pero al final, esta apertura les ha provocado un enorme apetito por saber de aquella región tan remota, pero donde se habla principalmente el idioma que tanto aman.

     Al buscar referencias para saciar sus curiosidades, siempre las he encontrado en la cultura, que en lo personal es el referente más digno de América Latina y, particularmente, en la literatura. Entonces vino a mi mente una pregunta aún más difícil que las anteriores: ¿qué libro podría ayudar a un No Latinoamericano a comprender de alguna manera nuestra forma de ser a partir de lo que nos conforma?

     Tuve que recurrir a algo tan limitado como los libros que ya hubiera leído. Es decir, comprendí que, para cualquier mortal latinoamericano, mostrar lo que para él es América Latina está limitado también por su conocimiento, sus referencias y, por supuesto, sus propios prejuicios.

     Saber esto, más que una limitante, me dio la libertad (y la responsabilidad) de asumir el riesgo. Busqué en mi mente los títulos leídos: novelas, cuentos, ensayos, poesía.

     Después de mucho pensarlo, llegó a mi mente una novelita corta, muy sencilla, casi hecha sin querer, pero con una intención clara: Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez.

     Frente a otras, como Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera o El otoño del patriarca, esta podría considerarse una de sus novelas menores, pero es quizá en ella donde el autor colombiano intenta, a través de la particular historia de Sierva María de Todos los Ángeles, mostrar de manera más gráfica la conformación de toda una cultura nueva a partir de la convivencia de muchas otras.

     La época colonial latinoamericana, más allá de los resquemores y las polémicas que suscita en la actualidad, fue el caldo de cultivo donde se forjó el carácter, los vicios y las virtudes de la sociedad latinoamericana. La convivencia entre españoles peninsulares, sus hijos criollos, los indígenas y todo el vasto mestizaje creó una de las sociedades más complejas (y, hay que decirlo, más acomplejadas) del orbe.

     García Márquez utiliza cada uno de sus personajes para mostrar el lugar que ocupaban dentro de la jerarquía colonial y el carácter con el cual debían comportarse, de puertas para afuera, dentro de la misma. Mientras que, de puertas para adentro, comienza a conformarse esa nueva sociedad, que no sabe si conservar la tradición traída del otro lado del mundo o lanzarse hacia algo desconocido.

     Pero ¿de dónde surge esa tentación de una transformación y esa reacción continua a evitarla? Según se lee a través de la novela, del descubrimiento del otro. De esa convivencia continua de pensamientos, costumbres y hábitos distintos que motivan las tentaciones y el miedo.

     El tema religioso es también fundamental, el sincretismo que surge de la combinación del cristianismo y las diversas religiones indígenas y africanas. Todo eso influyó en su momento y todo eso aparece en la novela: las nuevas ideas, los pensamientos tradicionales, las culpas, los hábitos, los ritos y la combinación de todo ello.

     En definitiva, la confusión del nacimiento de un mundo nuevo.

     Tras llegar a estas conclusiones, este es el libro que recomiendo a aquellos que intentan comprender, así sea un poco, muchos de los porqués de la cultura latinoamericana (me niego a decir «latina») y de paso también la española (pero esa es otra historia).

     Por supuesto, es una visión limitada, incluso algunos podrían decir que sesgada, pero de lo que se trata es de abrir el debate, de poner nuevos textos sobre la mesa y, en conclusión, de buscar explicaciones a algo que quizá no la tenga: América Latina.

 

 

 

 

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