Tócala otra vez, Sam


La mirada perdida en un halo de nostalgia, los labios sin articular palabra, lo decían todo, y es que la sencillez de su rostro irradiaba glamur y envolvía toda la escena. Numerosas actrices como Ingrid Berman durante años, nos regalaron una estética que era la fuente de inspiración para sus coetáneos trasladándola a la vida cotidiana. Greta Garbo, Marlene Dietrich, Audrey Hepburm, Marilyn Monroe… Y también actores como Clark Gable, Marlon Brando, James Dean… y tantos otros, fueron nuestros mitos.

Se echa en falta en las grandes producciones de hoy, llenas de artificio y efectos especiales, esa recreación en lo bello, en las pequeñas cosas, formas y maneras. Demasiado rápido tal vez, demasiada acción en un corto espacio de tiempo para poder saborear una expresión, un decorado, un paisaje… Es la época que nos ha tocado vivir, acelerada, pasando rápido de un pensamiento a otro, tan rápido que se podría decir que sin tiempo para pensar. Nos movemos dentro de una uniformización carente de registros estéticos variados tendiendo a una simplificación donde no hay apenas espacio para cultivar la belleza.

Ante este frenético ritmo de vida, no hay lugar para que las damas se entretengan demasiado en afeites y suben los peldaños de dos en dos sin la cadencia que las singularizaría. En el día de hoy, las cosas tienen que ser para ayer y los caballeros no reparan más que en lo inmediato, alejados del dandismo pretérito, suelen dejar de lado las buenas maneras, tan necesarias para hacer una convivencia más agradable y civilizada.

No estaría de más, que en los planes de enseñanza se le prestara una mayor atención a la estética.