La stanza del prete

No debí haber entrado en la habitación del cura Luciano. Lo sé muy bien. Pero yo tenía ocho años y no entré solo. Estaba en el patio asfaltado del colegio, cerca de una de las porterías, jugando a inventar goles con una lata de refresco aplastada y el cura Luciano se ofreció de portero. Paró …

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