La ciudad y Dios

Es la siesta. Me recuesto frente al ventanal impúdico del hotel Deauville y contemplo el agua turquesa que moja los techos repetidos. Luego me paro pegado al cristal y ejercito, vanamente, el acto de ver siguiendo el método de los artistas holandeses. Trato de acercar mi ojo a las cosas como si estas fueran cada …

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