La Iglesia de la Vida Perpetua promete vivir para siempre

Esa noche, los famosos naranjales de San Agustín murieron durante la tormenta. Cuando sonó el teléfono, yo ya me encontraba sentado frente al muelle. Estaba amaneciendo, pero aún los postes derramaban luz artificial, creando el ámbar característico de las madrugadas; resplandecientes, sembrando su radiación en los charcos helados de las calles. Al fondo, una joven …

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