Sólo se puede atender un Apocalipsis por vez

José Luis Zárate nos lo advierte. Ahora tenemos nosotros que decidir hacerle caso o no. Parece ser que nadie se escapa del Apocalipsis, o mejor dicho, de los múltiples Apocalipsis en los que estamos sumergidos. Con pocas palabras Zárate nos lo dice y lo reitera mientras va elucubrando las secciones de lo que es El fin del mundo (2012). La microficción es eso, pocas palabras, narrativa corta, brevísima; y usar este tipo de género para escribir una obra como la del mexicano José Luis Zárate, basada en un instante (el propio fin del mundo) es más que ideal. Es decir, el autor expone la esencia del fin del mundo, el instante en que todo termina con mínimas palabras. De algún modo se conecta con el carácter efímero del final de los tiempos. Observemos el primer cuento del libro:

“PROFETA

– ¡El Fin está cerca!

Fin.”

¿Qué más conciso que ese relato? ¿Qué más explícito y a la vez lleno de una historia extensa y profunda? ¿Hay sátira, hay verdad, hay una mímesis de la realidad?

“UNOS A OTROS

Los profetas del apocalipsis se demandaron unos a otros, por plagio.”

Se llevan a cabo plagios, hay demandas por aquí y por allá… es que el fin del mundo no es solamente tema que discuta Nostradamus, es algo en el que todos estamos metidos, ¿o me van a decir que no han escuchado a alguien decir “¡fin de mundo!” ante un hecho socialmente irreverente? Quizás también se les venga a la mente algún momento en el que su entorno haya terminado de alguna forma. Además los profetas están ahí, ¿o acaso nunca escucharon a su mamá decir “yo te lo dije”? ¿Ah?

Todo está ahí, enfrente de nosotros, a nuestro paso, al ladito. Zárate lo que hace es recoger las escenas y contárnoslas. El fin del mundo según la obra de Zárate ha pasado ya muchas veces. Son el tiempo y la realidad los que vuelven a surgir y a envolvernos en un continuo –supuesto- vivir pero la caducidad de estos es lo que le da vida al libro y lo que al mismo tiempo finiquita la perpetuidad del humano como tal.

En cuanto al estilo del autor, y tomando en cuenta el rasgo moderno del tema en cuestión, es fácil identificar una sátira o un poco de humor negro entre las líneas que componen los relatos. El lector tiene dos opciones: o reírse con el narrador o abofetearlo, quizás, por irreverente, por acomodar frente a sus ojos la realidad, una verdad que es finita, que tiene un punto de extinción. Zárate juega con varios elementos para darle forma a sus cuentos: historia, profecías, opiniones generales sobre dichas profecías, cultura pop, etc.; en fin hay dentro de El fin del mundo un universo lleno de ironía, sarcasmo, y de una muy posible realidad:

“911

Los Poderosos ocultan la profecía completa para su beneficio, los mayas dejaron un número para llamar en caso de emergencia.”

Los mayas salieron a relucir en un capítulo completo del libro de Zárate y el cuento que acabo de mostrarles es un ejemplo de la sátira que muy finamente impregna el texto. ¿Será que todo fue parte de una profecía en algún momento? ¿Será que ya se sabía que un número de teléfono de tres dígitos sería un ícono de la resistencia contra las emergencias? ¿Será que ya estaba predicho que una red social formaría parte de la vida diaria de millones y millones de cibernautas?

“LIKE

Si bien el fin del mundo fue minuciosamente documentado en Facebook por algún motivo no consiguió ni un like.”

¿Será que todas estas, digamos, características “superficiales” de la modernidad son una especie de chiste si tratamos de comprender la verdadera esencia de la vida y de entender que el mundo (al menos el mundo de cada quien) llegará realmente a un fin?

Creo que ya he hecho muchas preguntas pero precisamente es eso lo que se trata de lograr en el lector al escribir microficción: una actitud pensativa, creadora, imaginativa y que cuestione. Si el lector se enfrenta ante un relato de dos oraciones su rol se torna creador, puede edificar un escenario alrededor de la historia y encontrar porqués. Sin embargo, el lector no se queda sin ayuda absoluta. En el campo de la minificción existe la tendencia a elaborar un ambiente en el que se basen los relatos, es decir, las historias se relacionan de alguna forma. En el caso de mi libro de microcuentos, Hábitat, se escuchan las voces de seres medio oscuros, medio irreales pero medio verídicos, outsiders, aquellos que la gente dice que no existen. Ese es el tema que relaciona a todos los cuentos de mi obra. Zárate por su parte propone un tema, el fin del mundo, y de allí parten y/o desembocan todas sus historias.

Los invito a leer El fin del mundo de José Luis Zárate (@joseluiszarate) porque es una delicia. Además, el autor lo ofrece gratis en su blog en formato de ebook: http://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/el-fin-del-mundo-manual-de-uso/#.UNOIAh2g228.twitter

No hay tiempo que perder, quizás el fin ya llegó.