Soledades

Cuentan de un sabio que un día, tan triste y tan solo estaba, que sólo se sustentaba de la soledad que tenía. ¿Habrá otro, entre sí decía, más triste y solo que yo? Y cuando el rostro volvió, halló la respuesta, viendo que otro sabio iba recogiendo las soledades que él arrojó…

Inicio mi exposición dando un giro a las sabias palabras prestadas del gran Calderón de la Barca, para ilustrar los pensamientos que pudieran estar pululando en la mente de ese personaje que con semblante triste permanece sentado sobre la piedra, en la más grande soledad. Pero podría ser la introducción para cualquiera de los dibujos que hoy os presento y que son una pequeña muestra de las infinitas soledades en las que podemos estar inmersos a lo largo de nuestra existencia.

Así, ella se nos presenta de espaldas, caminando en un paisaje urbano desolador y hostil, tan sola que parece haber perdido el norte en el laberinto de la gran ciudad. ¿Hacia dónde dirige sus pasos? ¿Por qué nos sentimos solos en un mundo donde habita tanta gente? ¿Qué esperamos de aquéllos que nos rodean, los más cercanos?

A veces nuestra soledad encuentra refugio lejos de los hombres y es la naturaleza como el abrazo de una madre, el más dulce reposo. Ese personaje sentado al borde del acantilado quizás está pensando en su suerte o su destino. Una luna, un pájaro y la fuerza viva del mar como base, forman parte de un paisaje natural y solitario donde el hombrecillo da rienda suelta a sus pensamientos. ¿Encontrará la paz que necesita su ánimo para continuar adelante?

Pero, ¿qué somos nosotros frente a la inmensidad del universo? Nuestra soledad no será más que una molécula bailando en el cosmos. Somos tan frágiles… cómo hacer frente a la inmensidad del mundo. ¿A quién le importa?

El hombre es un ser sociable por naturaleza, afirmaba Aristóteles. ¿Qué podemos hacer para remediar el sentimiento de soledad que a veces nos embarga?