Primera novela de James Salter

La guerra en los cielos de Corea


James Horowitz (Nueva York, 1925-2015) publicó su primera novela, The hunters, en 1956, y la firmó con un seudónimo que ya no dejaría de usar: James Salter. Conocida en castellano en su primera edición como Pilotos de caza, ahora es reeditada bajo el título de Los cazadores, y tiene como personaje central al capitán Cleve Connell, destinado como aviador en la guerra de Corea que se extendió entre 1950 y 1953.

Salter perteneció a la fuerza aérea de Estados Unidos y pidió la baja apenas entrada la década del 60, cuando decidió dedicarse a la literatura. Esas dos pasiones caracterizaron su larga vida, y sobre ellas se extendió en su autobiografía Quemar los días (1997), en la que repasó sus años como piloto de los reactores F86 en la península coreana, enumerando los entresijos de su actividad y la de sus compañeros de escuadrón. Justamente ese fue el nutriente de Los cazadores, solo que permitiéndose una exhaustiva introspección tras las peripecias de un puñado de hombres más atentos a competir entre sí a la hora de derribar los MiG soviéticos, que en debatirse ante su propio e impredecible destino.

El grupo de aviadores que salía a diario desde una remota base en Corea del Sur tenía como único objetivo dar caza al enemigo e ir acumulando derribos: quien llegara a los cinco aviones abatidos entraría en la exclusiva y admirada categoría de los “ases”, sin importar si ello se lograba tras una demostración de coraje y osadía, o poniendo en peligro a sus propios compañeros de vuelo. Todo se disponía con morosidad entre estos individuos que acompañaban a Connell, más audaces algunos, más oportunistas otros, más exitosos o más desafortunados. Detrás de este cuadro siempre estaban presentes el miedo y la soledad, la recompensa o la muerte.

El libro mixtura sabiamente el lirismo de una furtiva descripción con la descarnada radiografía de sentimientos enfrentados, de camaraderías o envidias, de odios o resignación. Y como escenario, una guerra que casi ninguno de los protagonistas se sabía explicar, ni estratégica ni ideológicamente. Queda claro que las páginas de Los cazadores ya albergan al gran escritor que fue Salter: se reconoce en estilo, en precisión y en delicadeza, todo lo que potenciaría luego en sus colecciones de cuentos Anochecer (1988) y La última noche (2005), y sobre todo en la exquisita novela Juego y distracción (1967) y en la formidable Años luz (1975), uno de los mejores títulos de la vastísima literatura yanqui.

Los cazadores, James Salter, Salamandra, Barcelona, 2020, 252 páginas. Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino