Poemas de Elías David

Tordo bajo lluvia

La lluvia, la demasiada lluvia

hace aletear las ramas

donde los nidos resguardan su propósito de aire.

El ave apenas abre los ojos

pero siente en todo el cuerpo

un temblor como de ansia,

una nostalgia por el sol

posándose en los campos,

pintando el dorado de las tardes.

 

Más allá.

Por eso abre los ojos,

para ver más allá de la lluvia donde

el ave asume el fin de las nubes

y el vuelo desde el árbol hacia el cielo,

cada trueno es casi el último

y en los ojos el relámpago

es un espejo del corazón.

 

El vuelo es el fruto;

el dorado, sobre las alas negras,

secan, vidan una vez más.

Hasta la próxima lluvia

el ave

se recompone a sí misma,

a su nido y a su trino.

Volar

hasta diluir su piel de sombra

dentro del sol del día.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elías David

Sostuvo en esta revista, hace tiempo, la columna de poemas Saudade que ahora retoma, ya sin saudade. Ha impartido en su ciudad natal talleres de creación literaria donde ha aprendido mucho. Textos suyos han aparecido en antologías regionales de su país y de Miami. Fue profesor de secundaria. Ahora sólo lee y escribe, o sea, no hace nada.

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