Poemas de Andrés Pi Andreu

la otra mitad

 

La casa tenía una media ventana,

una media puerta,

una media sala,

con una media lámpara

a media luz.

Una media cocina.

Un medio baño

con una media ducha.

Un medio pasillo

que llevaba

a un medio patio.

Un medio jardín

con flores a medio florecer

por el medio sol

de los mediodías.

Una media habitación

en cuya media cama

medio dormía

un medio hombre.

Y en la media gaveta

de su media mesita de media noche,

el medio hombre guardaba

un medio portarretrato,

con la fotografía de la otra mitad del mundo.

 

 

diana

en el patio han quedado tus sonidos pegados a los pájaros,

tu cuerpo se mece con la sombra de las hojas

tenues y onduladas,

siguen una cadencia aprendida

de tus curvas, tus arranques pélvicos… pobres hojas,

no tienen la culpa de tanta hembra

en la memoria de sus hebras

de tus susurros

musicando sobre mis poros una sonata de carne.

Sé que aré un abismo con mis ojos

que me llevé esa piel etérea tan fina y tan tierna

casi un encaje de pasión en la tela de tu juicio:

tu amor de un instante duró mil años

mi amor de mil años duró un instante,

fue un no coincidir, un mal milagro

como errar una diana

que nunca se suponía que falláramos

 

 

 

soplo

 

ya no confío en mis sueños, los trato como a inmigrantes de ideas extrañas que han cruzado la frontera hacia mí mismo: en medio de mi noche, allá adentro, pasando mil puertas, he visto una luz pequeña que me sobrevive asida a mi inocencia

 

 

abulia

 

 

llevo un espejo bajo mis ojos

llevo una manzana frente a mi cara

llevo un mundo sobre mis hombros:

me apoyo en los picaportes de todas mis puertas

me paro sobre todos mis muertos

me asomo a todos mis puentes:

por esa ventaja de poder transcurrir

sin avanzar…

o viceversa

 

 

otra isla

 

Me fui de mí,

a ninguna parte,

me fui

a una isla donde no existen los pájaros

a un lugar sin mar

sin rampas

sin despedidas.

Me fui de mis odios

me fui de ti,

y al dejarnos atrás

convertí en recuerdos

mi felicidad

 

 

El visitante

 

Me siento sobre mis recuerdos

con ese aplomo inquieto que me han dado los años:

los sopeso, los aplasto con mis pérdidas:

con esa isla en que me he convertido al perder mi isla

con esas palabras con las que se suponía iba a cambiar el mundo

y que ahora no están, cambiadas por otras más inteligentes

más líricas y trascendentes: aunque esa voz,

es la voz de otro que nunca quise ser.

 

Palabras como:

me siento sobre mis manos a esperar a Dios

y en la espera,

camino sobre el filo de un mundo que todo lo ha echado al viento.

Me levanto sobre mi cadáver para desnudar a aquellas novias

que decían que me amaban con palabras de otros tiempos,

y en la suave cadencia de sus despedidas

se adivina un acento lejano

una distancia real:

como cuando uno emigra de sí mismo

y ya no está en su casa, sino de visita.

 

Deseos

quiero levantarme a ser feliz,

a sobarme las ganas de vivir

con las hojas afelpadas de una enciclopedia

exquisita,

quiero que mi sangre sea la de antes

quiero que mi cuerpo me acompañe…

viviendo dentro de mí echo de menos al de antes:

ese que llevaba sin pesar mis cojones milenarios,

mi ternura a flor de piel y de ojos y de labios

mis locuras, mis espinillas, mis orgasmos

extraño al tonto, al perdido, al inconstante

al que se dejaba herir sin consecuencias

al generoso por soledad y por inocencia

al solitario, por raro, casi al borde,

ladrillo de una casa poblada de amigos de otros.

No quiero un cuerpo hecho de mis recuerdos.

Si no el recuerdo de mi cuerpo intacto,

bello e inmutable

flotando sobre un mar de mi otra sangre.

 

 

casual

No has probado mi sudor.

No eres cándida.

No ensayas para mis padres esa sonrisa escuálida.

 

 

Desconcierto

 

Te has ido

y tu ausencia me ha caído sobre los hombros

como una muerte tan viva,

tan llena de espacios que eran míos,

que no existo.

 

 

 

fellatio della mia anima

 

Deambulo por los espacios vacíos,

lleno de gente,

con la tarde tatuada en la frente, ladeando la cabeza con gesto ajeno,

espantado de mí,

habitante del Valle inquietante y profundo,

espejo de los otros,

cadáver de todos,

esperando que aparezcas sonriente

a beber de mí.

 

 

mi carne asciende hacia tu boca

(variaciones sobre un tema de Valéry)

 

Mi carne asciende hacia tu boca donde bailas

una tarde de diciembre apócrifa, entre mis manos,

apretando con tus labios un recuerdo de miradas,

de desnudos excesivos y perfectos, de flores oblongas

flotando en la tela de tu cuerpo, como un perfume de bezos,

entonando una canción letárgica que desborda mis audífonos.

 

Regreso de esos días acompañado de tu cuerpo muerto

de amor, de un futuro que vivimos en otros tiempos,

caído, doblado, vencido con esa languidez de los espectros

que flotan ebrios en las crestas espumosas de los malos recuerdos.

 

Me extiendo transparente hacia tu ocaso,

mi carne miente, adorada por manos vagabundas

de perfumes errantes, por vulvas de melaza y conga

una tarde adornada de ti y de tus córneas

mirando al mundo como si fuera una aurora de nácar,

donde estalla un ave ebria de sombras.