Pasiones contra internet: los Fanzines

Debo confesar que no soy un lector asiduo, ni mucho menos un conocedor del género, pero sí soy un gran admirador de los fanzines.

Siempre han estado ahí, entiendo que hay gente que los hace y los consume desde hace años, pero en los últimos treinta, la dictadura de las nuevas tecnologías ha establecido la obligación de observar pantallas a cada paso que damos. Nos dicen que es para progresar, que en el mundo virtual encontraremos la libertad que nos niega el mundo real, que ahí podremos decir cuánto queramos, sin restricciones ni censuras, que tendremos miles de lectores, que nuestro mensaje podrá llegar a la velocidad de un clic.

Después de casi una década de haber caído en las redes sociales, nos hemos dado cuenta de que muchas de esas promesas no son ciertas, que hay muchos matices que debemos observar y que, sobre todo, la originalidad se ha convertido en una rara avis en el mundo virtual.

Y esta característica se convierte en la mayor cualidad de los fanzines: nunca hay uno igual a otro.

¿Pero qué son los fanzines?

La wikipedia los define como una publicación temática realizada por y para aficionados. El desarrollo de esta actividad no suele ir acompañado de remuneración económica, siendo los fanzines tradicionalmente gratuitos o con un coste mínimo para pagar los gastos de producción.

Es decir, que quien los produce y los consume lo hace por verdadero placer. Y es que en el mundo de los fanzines podemos encontrar verdaderas joyas: en el aspecto literario nos encontraremos con textos honestos y apasionados, que salen del alma del autor sin mayor ambición que los ojos de un lector curioso; su carácter artesanal, por otra parte, los convierte de forma automática en un coleccionable, algunos son hechos completamente a mano, por lo que los dibujos y los textos son de puño y letra de su autor. Pero tampoco importa que sean fanzines fotocopiados cuando nos enfrentamos a diseños inteligentes u originales.

Los fanzines pueden tocar cualquier tema. Algunos son meros panfletos políticos, muchos están dedicados a la poesía, los de música son los más contraculturales e irreverentes (en el punk el fanzine es pan de cada día), la narrativa es recurrente y, en los últimos tiempos, los pequeños textos acompañados de ilustraciones se han vuelto los más demandados. Aunque hablar de oferta y demanda en este universo no tiene cabida. Quien crea no piensa en el lucro, quien consume sólo piensa en disfrutar.

Curiosamente en la web podemos encontrar varias comunidades dedicadas al mundo del fanzine. Una de las más conocidas en español es Fanzineología, la cual no sólo se dedica a difundir y estudiar el universo del fanzine, también todo tipo de autopublicación.

Una actividad fundamental para la promoción y distribución de fanzines son las ferias. Es ahí donde se realizan las principales ventas e intercambio de publicaciones. También se comparten experiencias creativas en todos los aspectos que conforman un fanzine.

Los pocos creadores que conozco me cuentan que un fanzine en sí mismo es una fiesta. Les hace feliz idearlo, pensarlo, darle forma, escribirlo, dibujarlo, tacharlo si es necesario y venderlo o intercambiarlo tal y como quedó.

Porque no existe ninguna regla, ningún límite, ningún interés económico. En el mundo de los fanzines no hay censura, ni restricciones. Es casi como el internet, pero en papel y cara a cara.