Pantocrátor

La idea llevaba rondándole por la cabeza cierto tiempo. Le parecía buena y quería llevarla a la práctica pero aún no la tenía bien definida. Quería hacer de ella algo extraordinario y en su obsesión, no existía ni la noche ni el día. Su ánimo, alado como un pájaro, subía a lo más alto o planeaba sobre las aguas derribando cualquier frontera, pero cuando le asaltaba el fantasma de la duda, se precipitaba a los más grandes abismos o quedaba enterrado en lo más profundo de la tierra.

No fue hasta lo que él llamó el primer día, en que al fin pudo separar la luz de las tinieblas, y colocándose frente a ella, la bautizó como “El origen de la creación”.

Extendidos los materiales sobre la mesa de trabajo, aún se detuvo unos minutos a observar la nada que tenía frente a sí, antes de emprender la acción. Estaba convencido de que le hablaba, de que una voz emergía de aquel enorme vacío y quería transmitirle un mensaje importante. Posaba las manos sobre su superficie y la acariciaba con suavidad como si sus callosos dedos fueran capaces de escucharla y captar su mensaje. Se acercó aún más a ella, inspiró ese olor aséptico que toda nada posee, y como disculpándose por el daño que pudiera hacerle en el futuro, exhaló el aliento sobre ella hasta que finalmente la besó.

Mi querido amigo Vicente Gómez Navas, pintor marinista de exquisita sensibilidad, mantiene la teoría de que todo autor deja parte de su alma en sus creaciones y ésta queda perdida o muerta en el artista para siempre. Según el episodio que me relató de uno de sus viajes, este pensamiento, más poético que filosófico, pudiera habérsele revelado en Florencia, en el momento que estuvo frente al David de Miguel Ángel y no pudo evitar que le brotasen unas lágrimas de emoción. Una reacción propia de aquellos que como Stendhal, no pudieron reprimir su sentimiento ante la belleza.

Así pues, consideraríamos la poesía, tal y como afirmaban los griegos, la mayor de las artes, la que engloba a todas las demás. La mirada poética del autor, que eleva su obra por encima de la técnica más elaborada transmitiéndole un alma, y la mirada poética del espectador, que aún sin comprender del todo lo que observa, le hace vibrar dejándole en el alma una huella perdurable.

Sea como fuere, he aquí algunas creaciones con las que pretendo rendir homenaje a varias de las artes que hoy en día mantenemos: el dibujo, la pintura y la escultura. Al artista, creador de todos los imaginarios posibles, el pantocrátor.

Espero que os agraden.