“Operación Madagascar”: ¿y si no hubiese habido Holocausto?

Los personajes centrales de “Operación Madagascar” son el joven oficial de las SS Adolf Eichmann —quien se encarga de narrar en su Diario personal los horrores que tienen lugar en la isla—, la bella cineasta Leni Riefenstahl y el siniestro Dr. Josef Mengele. Ellos constituirán, además, los vértices de un perverso triángulo amoroso en medio de un clima alucinatorio que irá horadando paulatinamente la endeble cordura de Eichmann.

En la contratapa de la novela se resume perfectamente el espíritu que gatilla la narración: “Su meta: evitar el Holocausto. Su ambición: obtener el Premio Nobel de la Paz. Su nombre: Adolf Eichmann.” La ironía es flagrante, puesto que Adolf Eichmann —devenido Gobernador de Madagascar en esta ficción— fue, en realidad, el organizador del transporte masivo de judíos a los campos de exterminio nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

A continuación, algunos fragmentos de “Operación Madagascar”, del escritor argentino Esteban Lozano, obra que obtuvo el X Premio Tristana de novela fantástica y que acaba de ser distribuida en España.

“Operación Madagascar” (fragmentos)

De alguna manera, esta historia comienza con un cambio de vocación.

Porque es mucho más excitante cabalgar las nubes de tormenta que retratarlas; manejar los destinos ajenos que los pinceles y los pomos; discriminar a las etnias no arias que mezclar los colores en la paleta; firmar una sentencia de muerte que un paisaje…

De alguna manera, esta historia comienza en el instante en que Adolf Hitler abandona la pintura por la política…

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No tolero la manera en que Leni mira al Dr. Mengele. Decididamente no la tolero. Pero soy consciente de que debo tolerarla. ¿Cuál es la alternativa? ¿Escribir una carta a Himmler para quitarme de encima al Dr. Mengele? ¿Qué podría alegar en ella? El doctor ha sido comisionado por las más altas esferas del Reich para realizar su tarea: está considerado una pieza fundamental dentro del Plan Madagascar. Por otra parte, no sé qué se trae entre manos: sus actos van más allá de fiscalizar una efectiva esterilización para que los niños judíos de la isla constituyan la última y definitiva generación de esa raza, y que con su extinción se acaben para siempre las pesadillas del pueblo alemán (y del mundo). Pero no sé cuáles son esos actos: el doctor se mueve en las tinieblas de su laboratorio, y durante sus soliloquios de sobremesa jamás explicita nada, sólo expone sus ideas y, por lo general, enuncia preguntas que no contesta. ¿Lleva a cabo experimentos reñidos con la moral? De ser así, y de poder yo averiguar cuáles son esos experimentos, ¿podría invocarlos en mi carta a Himmler? Ya puedo escuchar, desde aquí mismo, a miles de kilómetros de distancia de Alemania, las carcajadas del SS-Reichsführer. Supongo que cualquier protesta de mi parte sería inútil, e incluso podría volvérseme en contra. No, debo proceder con prudencia. Lo primero: vigilar de cerca todo cuanto haga el doctor (si sus actividades pueden llegar a perjudicar mis ambiciones, debo proceder en consecuencia). De momento, está claro que oficialmente no puedo hacer nada. Extraoficialmente, todo: matar a Leni y matarme; matar a Leni y al doctor y matarme; matarlo y no matarme; no matarlos y matarme; no matarme ni matarlos (pero si no actúo, eso significa que extraoficialmente tampoco puedo hacer nada).

No tolero la manera en que Leni mira al Dr. Mengele.

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En Madagascar, las mujeres de piel morena —vale decir: las que no son totalmente negras ni totalmente blancas— están consideradas como las más bellas. Mi Malala no sólo es morena y bellísima sino, además, sabia. Al menos en materia de sexo, sus escasos 15 años demuestran una sabiduría imposible de superar e incluso muy difícil de igualar, pero que uno es incapaz de resistir a la hora de aprender. De dónde proviene esa erudición, dada su escasa edad, es un misterio para mí. Quizá la haya heredado de sus ancestros junto con las tradiciones y la espiritualidad malgaches, o el sexo sea una parte integrante de ellas como lo son la danza, el canto, la cocina, la poesía o la oración.

Pero Malala no es sólo sexo; también es cariño, respeto, sumisión y alegría. Lo que más me enternece es su saludo al despedirme cuando salgo de nuestro bungalow a cumplir con alguna obligación: “Trarantitra ianao ry mpanjaka”, me dice con su voz melodiosa. “Tenga usted larga vida, mi Rey.” Como si yo fuese el monarca de la isla…

Aunque, ¿acaso no lo soy? ¿No es Madagascar mi Utopía?

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“(…) No creo en magia ni en fórmulas alquímicas ni en poderes sobrenaturales” afirmó el Dr. Mengele, “pero la Cábala fue escrita por judíos y los cabalistas afirman que el lenguaje es creador, que la Torá contiene todas las combinaciones y todos los textos posibles que pueden darse para la creación de otros mundos y de otras realidades, que Dios se valió de las sefirot, las diez emanaciones, para crear el mundo. Todo esto puede parecer cháchara vacía, y probablemente lo sea, pero en lo que yo sí creo es en la potencial verdad que puede encerrar una metáfora. El lenguaje puede albergar muchos misterios, cosas que están más allá de nuestro conocimiento actual, y esto se debe a que el cerebro decide por sí mismo muchas cosas y sólo nos cuenta algunas. Quiero decir que el Apocalipsis de nuestra raza aria puede estar, por usar una figura conocida, a la vuelta de la esquina. Por ende, es menester que yo descubra si el hebreo es el idioma original. No olvidemos que ‘la mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo’.” “Pero ¿cómo podría suceder, cómo podría, en la práctica, materializarse la palabra?”, pregunté, más para no quedar como un idiota que no entendía nada de lo que decía el doctor —lo cual, además, era cierto— que por verdadero interés en el tema. “¿Por qué no habría de poder hacerse carne el verbo, cuando la carne, es decir, la química corporal, es capaz de crear entes tan abstractos como lo son nuestra mente o nuestro inconsciente? Digámoslo de esta manera, Herr Eichmann: si pensamos porque tenemos manos, como manifestó Anaxágoras, entonces podemos afirmar que los genitales son las manos de Dios modelando eternamente la arcilla bíblica de que estamos hechos. El nombre es el arquetipo de la cosa, ergo: en cada palabra del hebreo está el judío, viviendo en estado latente y soñando su sueño de dominación, esperando el momento de abandonar ese estado larval para convertir su sueño, que es nuestra pesadilla, en realidad. Si realmente existe un inconsciente colectivo, podría ocurrir entonces que a través de él se pudiese restituir el lenguaje —vale decir: el verbo—, y con él comenzaría a crecer la carne, en apariencia —sólo en apariencia— por generación espontánea, cobrando volumen las células como un cáncer en acelerada metástasis. Luego, cuando la multiplicación de judíos se convirtiese en un estallido irrefrenable como la fatalidad hasta sobrepoblar el mundo (y quienes los conocemos sabemos que tres son multitud), vendrá esa diabólica mano que mece la cuna a arrullarnos para que los arios durmamos el sueño de los inocentes y al despertar nos descubramos una vez más cautivos de la especie que fue puesta sobre el planeta para sojuzgarlo.”

No sé qué pensar del Dr. Mengele: ¿es un idiota, un loco, un genio? A veces, esta misma noche, estoy casi convencido de que es un loco. De su genialidad no me cabe duda alguna. Pero un idiota… de ninguna manera.

* * *

Me llamaron de la obra en medio de la noche. La noticia hizo que se me cayera y ya no pude seguir masturbándome. La avioneta me llevó como un suspiro al sector sudeste de la obra. Antes de que la nave terminara de carretear pude leer, iluminado por los reflectores, el grafito que manchaba de negro mi futuro: “¡Hoy Madagascar, mañana el mundo!” La frase estaba escrita en hebreo esta vez. No necesité, como en la anterior ocasión, recurrir a los quiebra-códigos: se trataba de una clara y desafiante paráfrasis del eslogan de las Juventudes Hitlerianas.

Estamos en guerra.


Esteban Lozano, colaborador de “Suburbano”, ha ganado la última edición del Premio Tristana de novela fantástica con “Operación Madagascar”, una ucronía cuyo disparador es la deportación de la población judía europea a la isla del Océano Índico por orden de Hitler

“Operación Madagascar”, por Esteban Lozano. Editorial Menoscuarto, Palencia (España), 2018. 216 páginas. www.menoscuarto.es/libro/operacion-madagascar

 

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