NORTE, SUR, ESTE, O… ÉSTE

¿Cómo situarnos?

Diferentes son las posiciones que darían respuesta a aquello que se nos presenta y que nos turba. No siempre tenemos la oportunidad de elegir. Las circunstancias nos obligan a adoptar posturas incómodas que no deseamos, y otras veces cuando tenemos todo el control, no somos capaces de acertar con la actitud adecuada.

Nuestros valores pueden parecernos insuficientes y no confiando en nuestras propias capacidades, nos miramos en el otro para conseguir ser felices, mimetizándonos con él, modelo que creemos perfecto, (casi perfecto), el mejor. Copiamos su conducta porque queremos ser como el otro y olvidamos lo estupendos que somos, lo bueno que tenemos. Curiosamente se podría dar el caso de que nosotros fuésemos su referencia, lo que resultaría cómico ya que se copiaría a sí mismo.

En otras ocasiones somos nosotros los que corremos tras de algo, salimos en su busca, lo provocamos. Lanzados a su captura, la carrera se nos hace ligera como ligero es el vuelo de una mosca. El esfuerzo no llega a pesarnos e incluso obtenemos el mayor disfrute mientras intentamos conseguirlo. Ya Konstantino Kavafis en su precioso poema Itaca, habló de ello: “Si vas a emprender el viaje hacia Itaca, /pide que tu camino sea largo, /rico en experiencias, en conocimiento…”.

A veces, es tanta la alegría que nos produce el acontecimiento, que levantamos los pies del suelo. Nos sentimos uno con el cosmos y casi podríamos volar, ¡es todo tan bonito! Tan extraordinario, que incluso nos podríamos colocar boca arriba, disfrutar del momento como si éste fuera eterno, y abandonarnos jugando con el tiempo.

Puede ocurrir que en nuestro día a día, rutinario y contemplativo, algo nos sorprenda. Es el momento de la encrucijada, ¿cómo situarnos? ¿Volvemos la mirada al Norte, al Sur, al Este, o…