Reseñas breves de un lector entusiasta: Noches blancas de Fiódor Dostoievski

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on reddit
Share on whatsapp
Share on pocket

La hermosa Nástenka iluminará la existencia de un hombre solo, pobre y soñador, aunque de una manera trágica. El hombre presiente el amor y siente cómo se le escurre entre las manos. En Rusia las noches blancas ocurren en verano y generan un efecto con el que la oscuridad no se completa. En este marco, un joven conoce a una chica durante una noche, a la que socorre de un hombre que la persigue en la calle. Un chico que al entablar diálogo confiesa su soledad, su falta de interacción con las personas en general y las mujeres en particular. Idealiza, por primera vez se siente escuchado, atendido y comprendido. Vuelven a citarse en el mismo lugar durante cuatro noches. Ella también comparte su triste historia, se siente escuchada y comprendida. A esa complicidad el chico la siente como amor. Amor no correspondido, la historia de Nástenka incluye desde el principio la presencia de otro hombre. Ella no es indiferente al sentir del soñador, no quiere que sufra. Durante esos encuentros se van a suceder el encanto, la ilusión, la esperanza y el desamor, los temas que nunca caducan y suelen abarcar los clásicos. Quizás “Noches Blancas” sea el campeón del mundo del amor no correspondido. ¿Por qué será que releemos libros? Aunque nos acordemos mucho más del sentimiento que nos despertó al leerlo que de la trama, dudo que sea por eso. En mi caso, tampoco se trata de una segunda oportunidad: esta novela corta me parece maravillosa. Fiódor Dostoyevski es un escritor que me apasiona, su pesimismo romántico y su melancolía, generan un clima único para intentar comprender el alma humana. Abona también la base previa al pensamiento crítico, invitando a reflexionar sobre qué posición tomar ante lo esencial. Lo leí compulsivamente en el paso del secundario al CBC. Rodión Romanovich Raskólnikov, su personaje en “Crimen y Castigo” es de una riqueza infinita (y me gustaba el nombre “Rodia” para ponerle a un hijo)

“Hay en mí tan poca vida real, los momentos como éste, como el de ahora, son para mí tan raros que me es imposible no repetirlos en mis sueños.”