Memorias de una bailarina que no quería bailar

En 1970 la mexicana Alma Guillermoprieto (1949) vivía con su madre en Nueva York y quería ser bailarina. Conocía de cerca las enseñanzas de Martha Graham, aspiraba a integrar de modo estable la compañía de Twyla Tharp, compartía una buena amistad con la uruguaya Graciela Figueroa y concurría a las clases del bailarín y coreógrafo Merce Cunningham. Elfriede Mahler, otra bailarina nacida en Estados Unidos, dirigía por aquel entonces la escuela de danza de las Escuelas Nacionales de Arte (ENA) cubanas y llegó a Nueva York buscando maestros para un curso de danzas modernas. Eso le propuso a Alma, quien, tras muchas dudas, aceptó el ofrecimiento y meses después llegaba a La Habana para hacerse cargo de un grupo de muchachos cuyo objetivo era convertirse en bailarines profesionales, cuando Cuba apostaba a la muy promocionada zafra de los diez millones de toneladas de azúcar.

La peripecia que Guillermoprieto narra en La Habana en un espejo se desarrolla en un clima de ambivalencias, esperanzas, fracasos y decepciones en el que convergen los debates acerca del rol del intelectual y del artista en un proceso revolucionario, los sentimientos contradictorios generados por la figura mesiánica de Fidel Castro y los desajustes de una economía improvisada e impulsada por voluntarismos torpes, que llevaron no solo al fracaso de la mentada zafra sino a la crisis de otras áreas de la producción. Simultáneo a ello, Guillermoprieto también se hace protagonista de un mar de interrogantes: es realmente la danza su vocación, desea o no volver a Nueva York donde la espera un novio por el que no se siente atraída, cómo se puede apoyar a un gobierno que encarcela homosexuales (“patos”, como se los conoce entonces) y que pone en manos de burócratas sin ninguna sensibilidad artística la dirección de la ENA.

Volverse revolucionario era entrenarse en la disciplina de la obediencia absoluta”, comenta en determinado momento a propósito de la situación de sus estudiantes y de los cubanos en general. No oculta su deslumbramiento con la figura del poeta salvadoreño Roque Dalton, a quien conoce en su estadía, y no puede disimular el desagrado que le provoca el radicalismo ideológico del uruguayo Carlos María Gutiérrez. Es este un libro y un testimonio formidable, escrito por quien se convertiría luego en una de las referentes del periodismo literario en América Latina; fue publicado por primera vez en 2005 y reeditado a raíz del premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades concedido a Guillermoprieto el año pasado.

La Habana en un espejo, de Alma Guillermoprieto, Random House, Barcelona, 2018, 293 páginas