morrisey 1Conocí The Smiths cuando yo tenía 12 años.  Una radio cuyo local quedaba muy cerca de donde yo vivía empezó a rotar con frecuencia Bigmouth Strikes Again.   Mi pequeño aparato de transistores era de volúmenes bajos y sonidos opacos.  Si quería disfrutar de verdad la música tenía que acercar mucho la cabeza a los parlantes.  Así fue como me empezó a fascinar la contundencia de sus canciones, la potencia de su base rítmica y la delicada guitarra de Jhonny Marr.  A mí me gustaba The Smiths.  Morrisey no existía.

Luego de disuelta la banda, el primer álbum del cantante de Manchester, Viva Hate (1988), no me generó mayor impresión; aunque Everyday is like Sunday, su emblemático single, me conmueve hasta ahora.  Cuando apareció Bona Drag (1990), el compilatorio repleto de hits cuyo cassette escuché hasta el hartazgo, ya me había vuelto un fiel seguidor de Morrisey.  El romance fue breve.  Su siguiente álbum, Kill Uncle (1991), me aburrió mucho, y la cuarta entrega, Your Arsenal (1992), si bien me movió con sus efectivas tonadas en clave de rockabilly, era material menor para las bandas de guitarras fuertes que yo empezaba a escuchar aquel entonces.

El disfuerzo, su estética melosa y la obsesión  por el reconocimiento, me generaron una distancia con Morrisey que no logro superar hasta ahora.   Además sus discos a partir de 1996 si bien son buenos, están lejos de los históricos lanzamientos que me impactaron al inicio de su etapa como solista.   Por eso mi relación con él es de altibajos, con más de lo segundo que de lo primero.  En medio de una carrera inconsistente, con himnos que son patrimonios culturales de la humanidad pero también con muchos tracks aburridos, el pico de genialidad se dio en 1994 con Vauxhall & I

Desde que empieza con esa obra maestra que es “Now my heart is full”, V&I es un álbum de baladas intensas, donde la voz Morrisey llega a su momento más excelso, con melodías soberbias y una instrumentación exquisitamente refinada.  Es un álbum cuyo dramatismo se debe a que durante su composición y grabación murieron tres personas muy cercanas al cantante: el productor de su placa anterior (Mick Ronson, mítico guitarrista de David Bowie circa Ziggy Stardust), su director de videos y su manager.  El divo por primera vez se muestra realmente abatido pero sereno, sin que se pueda presagiar las tortuosas contrariedades con la prensa, los sellos y sus propios demonios en los siguientes 20 años.  Ello lo anuncia en “Billy Budd”, donde se lamenta diciendo “Things have been bad/ But now it’s twelve years on,” lo que hace referencia a The Smiths, su banda formada justamente 12 años antes de la salida de V&I.

La ambigua confesión vendría en “Speedway” (“all of the rumours keeping me grounded/I never said they were completely unfounded“), mientras que el reproche a la persona amada en “The More You Ignore Me, the Closer I Get” sería en realidad una llamada de atención a una prensa que lo ningunea pero que sin embargo no evita que su número de seguidores crezca geométricamente.   Esto quedó en evidencia el día del lanzamiento de V&I, cuando en el HMV de Oxford Street en Londres se esperaban 500 personas para la firma de autógrafos, pero llegaron 3,000.  Morrisey en ese momento era un objeto de culto que crecía insospechadamente, lo que era ignorado por los medios de comunicación masiva que sí cubrían prolijamente a contemporáneos como The Cure, REM o U2.   “The More You Ignore Me, the Closer I Get curiosamente se convirtió en un hit de radio en USA y UK, con Mozz en plan de sufrido crooner que canta “I will be in the bar/ with my head on the bar”.

Las referencias literarias, presentes desde la época de Smiths, continúan en V&I.  “Billy Budd” se estructura alrededor de la novela homónima de Herman Melville, mientras que “Now My Heart Is Full” utiliza de modo explícito los principales personajes de Brighton Rock, la novela de Graham Greene, incluido Pinkie (Brown), quien se asemeja al cantante por su sexualidad conflictuada y controvertida personalidad.   V&I aborda también la decadencia, la inmoralidad, la negligencia y la valoración de la amistad.  Mi canción favorita del álbum, y sin duda la más tierna, es “Used to be a sweet boy” (“holding so tightly / to Daddy´s hand”).  Desde “Please, please, please let me get what I want” que no se le escuchaba algo tan desgarrador.  Y posiblemente nunca más se le escuche así.

El divo acá es más frontman que nunca.  La banda, en un segundo plano en términos de fuerza y volumen, es fundamental para contribuir con elegancia en piezas memorables que mantienen un ligero toque glam.  A esto se le suma la producción atmosférica y nostálgica de Steve Lillywhite, quien construye un sutil wall of sound donde la estrella sigue siendo Morrisey pero en su versión más  frágil y humana.

V&I es el álbum de madurez y para muchos –como para mí- el mejor.  Con esta placa Morrisey alcanza el máximo reconocimiento de sus seguidores y de la crítica.   Incluso antes de ser lanzado al mercado, el cantante estaba consciente de que había conseguido un disco que iba a ser difícil de superar.  Esa presión generó una larga época de declive de la cual no termina hasta ahora de recuperarse por completo.

httpv://youtu.be/-Lx1-WsQ1eI

© 2014, Mario Reggiardo. All rights reserved.

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Productor electrónico.   Crítico musical.   Profesor universitario.  Fundador de una revista de literatura.  También ha sido director de contenido de una revista de derecho, director de la Oficina de Asuntos Internos del Ministerio del Interior peruano, investigador en Albania, árbitro y socio de un estudio de abogados.  Le encanta el fútbol pero lo juega mal.  Es un asiduo viajero.   Todavía compra discos compactos, aunque está regresando al vinilo de a pocos.  Actualmente maneja el sello discográfico A Tutiplen Records y asume el reto de la paternidad.