Los ricos son los culpables

Walter Lezcano (Goya, Corrientes, Argentina, 1979) es un ícono de la literatura argentina alternativa, bandera del rock escrito y diseñador de dispositivos literarios que no necesitan de géneros o formalidades para ser deleitados; esta búsqueda de nuevos horizontes retóricos a la esquina de lo marginal, lo ha llevado a ejercer una carrera literaria más cercana a la aguja de la tornamesa que al polvo de los libros.

Walter Lezcano es autor de los libros La ruta del sol: La trilogía de Él mató a un policía motorizado (2017), Nací en una generación: periodismo, monotributo y cultura (2017), Luces calientes(2018), Días distintos (2018), y Un regalo del diablo (2020), el primer libro que narra la historia de un disco clave para la historia del punk argentino: Valentín Alsina de 2 minutos.

Como periodista freelance, publica en revistas y periódicos de Argentina y México, medios como Rolling Stone, el Suplemento Cultural de Clarín, Anfibia, Revista Ñ, Juguete rabioso y Radar de Página/12. Para este autor, escribir es tocar un riff sobre un tema perpetuo de los Strokes; por eso y por más, Walter Lezcano debía contestar el Interrogatorio punk de #Underground.

Punk se trata de ser individual, de ir a la contra, de ponerse de pie una y otra vez y decir: “esto es lo que soy”; expresaba Joey Ramone. ¿Quién es Walter Lezcano?

Soy una persona que pudo encontrar una vida gracias a la lectura y la escritura. Es como si antes de ese momento de descubrir la literatura fui, como dice Gilles Deleuze, un cuerpo sin órganos a la deriva sin mucho que hacer y donde tiempo no tenía ningún espesor ni calidez. Y de pronto, pude visibilizar mi deseo de leer y escribir y armé mi vida cotidiana alrededor de eso. Desde ahí, desde ese momento, puedo decir que logré conquistar una existencia real. Lo otro, lo anterior, fue un prólogo, un precalentamiento, digamos. La vida empieza cuando empieza la aventura. Y eso es la literatura: una aventura.

Por otra parte, el doctor en zoología Greg Graffin (Bad Religion), afirma en su manifiesto, que Punk es el proceso de cuestionar y de comprometerse a la comprensión, que resulta en el progreso individual y por extrapolación, guiaría hacia un progreso social. ¿Qué tipo de argumentos cuestiona Walter Lezcano?

De movida, me ubico estratégicamente en contra de cualquier discurso que provenga del Poder dominante. Sean los políticos, la gente famosa, los dueños de los medios de comunicación, los altos jefes militares, los empresarios, los blancos heterosexuales; es decir: me manifiesto en contra de la lógica capitalista de división de clases y de explotación de los cuerpos donde hay unos pocos tomando agua cristalina y por otro lado existe todo un tumulto de seres bebiendo agua podrida. En mi imaginario, los ricos son los culpables de todas las pestes y malarias y tragedias. Hasta que se demuestre lo contrario.

Escribí un poema sobre eso:

qué alegría

ver morir un rico

una tarde de lucidez terrenal

 

después llegan los helados

las gaseosas

y los sanguchitos de miga

 

sentimos un estallido:

es el universo que se equilibra

de algún modo

 

¡qué alegría

ver morir un rico!

Si bastantes personas se sienten libres y son animadas a usar sus habilidades de observación y raciocinio, grandes verdades emergerán. ¿Qué tan libre te consideras?

Esa es una lucha que se sostiene de manera constante: la búsqueda y el ejercicio de la libertad en el territorio cotidiano. Porque, me parece, que no se trata tanto de que uno sea libre, sino que pueda además sostener la libertad de las demás personas, activar la acción en ese sentido. Y desde ese lugar sí es posible contemplar la libertad: como una forma de vida donde impera el respeto, la bondad, la compresión y el afecto. En definitiva, la libertad es un mundo mejor. Por eso cuesta tanto. Pero hay que intentarlo y librarse de la pulsión de muerte y entregarse al consentimiento –y aceptación- del deseo ajeno.

¿Qué fanzines recuerdas, que hayan reflejado el fenómeno de la asincronía democrática en Argentina, y cuáles conservas?

Para mí educación sentimental fue imprescindible y fundamental el fanzine Resistencia de Patricia Pietrafesa, una música impresionante que llevó adelante este fanzine en total soledad y de forma única. Con el tiempo se pudieron juntar todos los fanzines y salieron reunidos en un libro increíble. Ese no solo es un tesoro que cuenta al punk argentino underground de la vuelta a la democracia desde adentro, formando parte de la movida, sino que también pone en relevancia los modos de educación autosuficiente y anárquica que se llevaban en esta parte del mundo durante esos años. Entonces, ese fanzine fue una utopía hecha realidad. Ahí aprendí más que en la escuela secundaria.

¿Según tu perspectiva, cómo se produce el movimiento Punk en Argentina?

Hay un primer momento de inspiración que tiene que ver con la información que se tenía sobre lo que pasaba en Inglaterra cuando los Sex Pistols sacan Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols. Ahora bien, la realidad política que vivía la Argentina era muy distinta a la de allá porque nosotros estábamos bajo el régimen sangriento de una dictadura militar que dejó más de 30 mil desaparecidos. Pero algo unía a estas dos sociedades: el descontento extraordinario con la realidad que se vivía. Es decir, los argentinos podíamos comprender de dónde venía el odio de los punkies ingleses. Nosotros odiábamos la dictadura como ellos odiaban la monarquía. Entonces, comprendimos desde el mismo comienzo que punk es quien va en contra de la opresión y la desigualdad. Y así empieza el punk en Argentina a fines de los 70 y se le pudo aportar una identidad nacional y territorial a eso que venía de afuera. Y logra una existencia material cuando Los Violadores graban su primer disco homónimo que sale cuando estaba terminando la dictadura y comenzaba la democracia con la presidencia de Alfonsín.

Entonces, si hay guitarras, tachas, camperas de cuero, determinados peinados, etc., todo eso es lo de menos. Punk es una actitud ante el mundo. El feminismo es punk. La cultura queer es punk. Las madres solteras son punks. Y así.

¿Es con la llegada de Luca Prodan a las Sierras de Córdova que se funda este movimiento?

Lo que hizo Luca Prodan, me parece, es mostrar a toda una escena que había un más allá del punk y hacernos notar que estaban sucediendo otras cosas que eran tan punks como las guitarras distorsionadas. Por eso trajo el reggae, la electrónica de Kraftwerk, la locura de Van der Graaf Generator, entre otras cosas. Y eso era una información que no estaba circulando. Eran los tiempos donde la información era muy poderosa. Por lo tanto, Luca demuestra también que punk es ir en contra del prejuicio, que hay que ampliar el campo de batalla. Y cuando uno derriba un prejuicio amplía las posibilidades de tener una vida más compleja y por lo tanto más intensa.

¿Qué te inspira este personaje?

Varias cosas: que la amistad es una de las cosas más importantes de la vida, que para enfrentar a tus padres hay que irse de casa, que hay que abandonarlo todo siempre, que la droga es una mierda cuando no se usa para trabajar mejor, que puedes armar tu casa donde quieras; y que los límites son solo mentales.

Has dicho que no te agradaba su “aspecto derrotero”.

Creo que es un elemento que se creó a su alrededor y es la parte que menos me interesa de Luca. Pero también considero que es uno de los tantos malentendidos alrededor de su figura que es extraordinariamente rica, compleja y que todavía tiene cosas para decirle a las nuevas generaciones.

¿Qué hacías la noche del 30 de Diciembre del 2004?

Acompañé a un amigo a comprar cocaína. Mientras él entraba al departamento de dealer para hacer el trámite, yo me quedé en una parrilla comiendo un choripán acompañado de una cerveza. Este lugar quedaba a unas 20 cuadras de Cromañón. Y como yo estaba comiendo en la calle cerca de una avenida (Independencia), vi cómo pasaban las ambulancias a toda velocidad, una detrás de otra. Me pregunté qué sería. Recién al otro día me enteré que había sido por la tragedia. Todavía no me repuse de ese momento.

¿Cuál es la música y las prácticas culturales que suceden alrededor de Luces calientes (Tusquets, 2018), como fuente concreta para construir tu propia versión de la tragedia de Cromañon?

Luces calientes es una carta de amor a mi generación. A ese grupo de chicas y chicos que durante los peores años de Argentina nos juntábamos a tomar alcohol, escuchar rock, coger, y también ir a recitales. Todo esto sin un peso porque éramos muy pobres además. Pero no podíamos quedarnos en casa viendo cómo el país se hacía mierda y nos quería hacer mierda a nosotros. Así que armamos nuestra vida alrededor de las canciones de rock para no morir olvidados, desolados y tristes. Nuestra venganza era ser felices. Si no teníamos futuro, por lo menos íbamos a hacer algo por nuestra alegría, nuestro placer, nuestras ganas de vivir un día más. Creo que fue esa sensación la que quise transmitir en la novela: de cómo unos jóvenes sin dinero atravesaron el desierto en los peores años de nuestra historia reciente mientras sonaban canciones de rock que los mantenían con vida.

¿Cuándo te diste cuenta de que una línea de “El ojo blindado” de SUMO, se convertiría en el título de la novela?

Cuando estaba terminando la novela apareció en mi cabeza esa frase muy misteriosa de la canción y que siempre me había fascinado. Digo, que las luces sean calientes refiere a una cercanía con las experiencias límites, que son aquellas que te queman, dejan su marca en tu cuerpo y se vuelven inolvidables. Lo relacionaba con eso. Y pensé que era una buena manera de referirse a todo eso de lo que hablaba en la novela. Creo que ese título definió el destino del texto. Sin eso considero que nunca la hubiera terminado.

“La mentira es la peor clase de violencia que hay”, escribes en Luces calientes, cómo encontraste las diversas voces que la conforman y cómo te desligaste del hiperrealismo, de la parte periodística y de investigación?

Está buenísimo esto que dices. Y te cuento algo: la primera versión de la novela tenía mucho de periodismo e investigación. Y tuve que tirarla porque me di cuenta que la ficción (con todo lo que eso significa) era la única herramienta de poder pasar por encima del radar de lo comunicativo en términos de realismo mediocre, chato, plano, sin pliegues ni complejidades. Necesitaba recrear esa realidad, buscarle nuevas pertas de acceso, descubrir el verdadero corazón de la experiencia. A partir de ahí, la novela despegó hacia una zona más oscura, menos tranquilizadora, más caótica y, en ese sentido, mucho más interesante. Todavía hoy es la única novela que hay en Argentina sobre la tragedia de Cromañón. Creo que eso dice mucho sobre la relación que hay entre clase social, literatura y realidad.

¿Cuál es tu libro de cabecera?

En este momento son 2666 de Roberto Bolaño y La broma infinita de David Foster Wallace. Dos escritores tratando de vencer a la muerte. Aprendo de gente así.

¿Cuál fue la primera banda de Punk que viste en vivo?

Seguramente te pasa a ti también: estoy enamorado de esas bandas de garaje que ensayan muchísimo, tocan muy pocas veces en vivo y luego se separan sin haber grabado nada. Bueno, yo vi una cantidad increíble de bandas así. Una de esas bandas que nadie recuerda fue la primera que vi en vivo.

¿Cuál es tu constructo personal de anarquía?

Como las mejores cosas de la vida se trata de algo móvil, fluctuante y en eterno cambio. Digo, cómo volverte un anarquista respetable en tiempo de internet y redes sociales es una pregunta seria. Desde ese lugar, me gusta pensar en un anarquismo actual, en este 2020, como una manera razonable de combatir el individualismo narcisista de las redes sociales e ingresar en un flujo de lucha por causas que a mí me interpelan: la legalización del aborto, la emancipación y empoderamiento de las minorías, la democratización de la educación de calidad, los derechos de los trabajadores, el libre acceso a la información, la inclusión humanitaria de los migrantes, desterrar cualquier vestigio de racismo, entre otras.

Luces calientes genera una metanostalgia, la añoranza de Cromañón y la nostalgia por los conciertos, ¿crees que volveremos a juntarnos para a bailar slam?

Cuando no puede despegarse del presente y observar el devenir de la Historia, se refleja cómo en distintos momento pasó algo parecido a los que nos ocurre a nivel planetario en este momento. Y siempre se volvió al contacto de los cuerpos de muchas maneras. Eso por un lado. Pero en otro sentido, lo humano es lo tribal, el hecho de reunirse y ver de qué manera encontrarle un sentido a la vida desde lo colectivo. Sí, vamos a volver a juntarnos porque vivimos gracias al encuentro con otras formas de vida que alimentan a la nuestra.

¿Qué es lo más punk que has hecho en toda tu vida?

Dejar el barrio. Hay que irse de todos lados. La vida está afuera, lejos de las certezas.

¿Por qué seguir escribiendo?

Siempre me acuerdo de esta frase de William Burroughs: “Después de echar un vistazo a este planeta, un visitante de otro mundo diría: quiero ver al manager”. Frente a la mierda insoportable e injusta del mundo, cualquiera que se calle es cómplice. En ese sentido, sigo escribiendo porque no quiero ser cómplice de lo espantoso y horrendo de lo que pasa día tras día. La escritura, para mí, es una manera de mostrar que la vida puede y tiene que ser otra cosa.