Los que nos robaron el mar

 

beckEl alcalde de Miami, Tomás Regalado, le anotó un gol al ex futbolista David Beckham. El atleta proponía construir un estadio de fútbol en el downtown, a orillas de la bahía, un paraje codiciado. Pero Regalado le dijo que no.

El deportista británico y ahora empresario intentaba que le cedieran un antiguo embarcadero, situado entre la American Airlines Arena y el Parque de los Museos, para rellenar la dársena y levantar ahí su coliseo junto al agua, en un sitio con una vista envidiable. Quería situar su propiedad en la mejor parte de Miami, la bellísima franja costera.

Según una encuesta encargada por los diarios Miami Herald y el Nuevo Herald, los residentes de Miami estaban divididos sobre el estadio: el 45 por ciento en contra de que se construyera junto a la bahía, y el 43 por ciento a favor. El partido, pues, era reñido. Pero Beckham, con toda su habilidad, no logró evitar que Regalado le anotara un gol con su negativa a convertir el viejo embarcadero en un estadio.

El alcalde saltó al terreno a evitar que nos sigan quitando la costa. El futbolista había jurado que su estadio se construiría con fondos privados. Pero los miamenses ya estamos muy perspicaces con estos negocios de los estadios.

La American Airlines Arena, por ejemplo, el coto del Miami Heat, que habría sido la vecina del estadio que proponía Beckham, les cuesta un ojo de la cara a los contribuyentes locales. El equipo de baloncesto no ha tenido que pagar por el uso del coliseo, que tiene un valor de $357 millones y se alza en un terreno perteneciente al condado, con un valor de $38 millones. Desde el año 2000, cuando celebró su primer partido en la Arena, el Heat apenas ha aportado medio millón de dólares al condado, mientras que el condado le regala una subvención anual de $6.4 millones, que en el año 2031 subirá a $8.5 millones a cambio de que el equipo de baloncesto done todos los años un millón de billetes verdes para los parques de Miami-Dade. Un negocio a todas luces redondo. Pero para el equipo de básquetbol, no para nosotros.

Con estos acuerdos espléndidos, en los que los políticos han dado prioridad a los antojos de millonarios equipos deportivos y a la voracidad de empresarios y cabilderos por encima de los deseos y el derecho al esparcimiento de los residentes locales, nos han ido robando el litoral.

El auge de la construcción de lujo junto a la bahía de Biscayne dejó al downtown en manos de opulentos empresarios e inversionistas extranjeros. Para ellos se alzó una selva de rascacielos a cuyo pie –literalmente– deambulan los mendigos, mientras la pobreza de los residentes afroamericanos y latinos de las cercanías es más visible por el contraste con la riqueza. Para los adinerados se construyeron también los estadios, los teatros enormes, los emporios de tiendas y restaurantes de alto nivel. Se creó una franja de lujo a la orilla de la bahía, cerrando el acceso a la costa a los menos afortunados (perdón por el eufemismo). Las grandes fiestas, los encuentros entre los titanes del deporte vistos por los acaudalados desde los cómodos boxes de los estadios, no son para nosotros, no son para la mayoría.

Sospecho que nací sin el gen del fanatismo deportivo. Por mí, Beckham y compañía pueden hacer las maletas e irse a jugar a otra parte. Pero entiendo que mucha gente se desvive por ver a una decena de atletas corriendo detrás de una pelota. Pues bien, ahora que el alcalde Regalado les negó la posibilidad de construir a la orilla del agua, Beckham podría levantar su estadio junto al de los Marlins, en la Pequeña Habana (ese estadio es un elefante blanco, legado por el ex alcalde de Miami-Dade Carlos Álvarez, que le dio a los multimillonarios peloteros los fondos públicos que pedían para construir su coliseo). O Beckham también podría irse al oeste del condado, donde sobran los terrenos extensos y vacíos, con excelentes conexiones de tráfico, cerca de varias autopistas, lejos del hacinado downtown de Miami.

Porque la verdad es que el downtown ya está tan lleno de edificios y centros de entretenimiento para los acomodados que a los miamenses que no somos ricos prácticamente nos han quitado la orilla de la bahía. Cierto: Beckham prometió hacer un paseo desde el Parque de los Museos para que el público tuviera acceso al litoral, pero no habría sido lo mismo. Nos habría quitado todavía más costa. Su estadio se habría sumado a los proyectos grandiosos de la gente adinerada que nos ha robado el mar.