Los políticos de Tallahassee, cero en educación

Si el examen del FCAT (Prueba de Evaluación Integral de la Florida) fue una pesadilla promovida por Jeb Bush cuando era gobernador de la Florida, la prueba que lo ha sustituido –la Evaluación de los Estándares de la Florida (FSA)– es una película de horror que espanta al estudiante más capaz.
El pasado lunes 2 de marzo, los políticos de Tallahassee demostraron su incompetencia para establecer un sistema de exámenes funcional. Ese día, los distritos escolares de la Florida tuvieron que detener las pruebas en computadora que estaban tomando los alumnos de escuelas públicas intermedias porque era prácticamente imposible entrar en el sistema, y los que lograban entrar, lo encontraban insoportablemente lento.

El día siguiente, el Departamento de Educación de la Florida dio luz verde para continuar los exámenes, pero Alberto Carvalho, superintendente del sistema escolar del condado de Miami-Dade, el mayor sistema escolar del estado, dijo que no sometería a los estudiantes a más exámenes hasta comprobar que los problemas se han eliminado. “No es prudente; de hecho, podría ser irresponsable seguir adelante”, manifestó Carvalho. Después no le quedó más remedio que seguir con los exámenes, pero al menos tuvo una actitud loable de protesta contra las deficiencias de las pruebas. Carvalho debe recibir una nota de A.
Pero los políticos de la Legislatura de Tallahassee, controlada por los republicanos, no se merecen otra calificación que una aplastante F. Desde la época en que Jeb Bush era gobernador del estado, se han dedicado a asediar a las escuelas públicas para favorecer a las privadas. El propio Bush fue el principal impulsor del FCAT, una prueba sumamente difícil, con preguntas muchas veces engañosas, con la que se intentaba evaluar a los estudiantes y a la vez a los maestros, al vincular el rendimiento de los alumnos con los salarios de los educadores. El FCAT trastornó la enseñanza en la Florida desde la escuela primaria, ya que los maestros se concentraban en preparar a los estudiantes para las preguntas tramposas del examen, en vez de impartir una educación más sosegada y provechosa.

Al fin, al cabo de años de protestas, se eliminó el FCAT en 2014, para ser sustituido por la prueba FSA, aún más complicada.

En lugar de adoptar los exámenes de Common Core elaborados por un grupo de 20 estados con ayuda federal, los políticos floridanos prefirieron crear un sistema propio del estado. El gobernador Rick Scott quería “asegurar que el estado fuera capaz de ofrecer una prueba creada específicamente para las necesidades de la Florida, sin intervención federal”, dijo en marzo el Departamento de Educación del estado. Ya conocemos esa aversión de los republicanos de la Florida a cualquier cosa que venga del gobierno federal, como la ayuda para la expansión del Medicaid –con el fin de que más personas tengan atención médica– o el tren bala, que habría modernizado el transporte público de la Florida, pero que Scott rechazó. Este repudio al gobierno federal ocurre desde que Barack Obama asumió la presidencia, y hay que preguntarse qué hay detrás de ese rechazo, por qué muchos políticos republicanos electos de la Florida le dan la espalda al presidente Obama y se oponen a todo cuanto dice, propone u ofrece.
La elaboración de la nueva prueba en la Florida se encargó a AIR, como se conoce a American Institutes for Research (Institutos Americanos para la Investigación). AIR se presenta como una organización de investigación de ciencias sociales y conductuales, sin fines de lucro y no partidista, radicada en Washington. Pero AIR está a favor de las escuelas charter (ese extraño híbrido de escuela pública administrada por una empresa privada, favorecido por Jeb Bush) y sale al paso inmediatamente a cualquier protesta de maestros contra el exceso de pruebas y la participación de los políticos en el proceso de la elaboración de exámenes. AIR trata de presentarse como una organización progresista, pero no parece actuar como tal.

Una vez creados los nuevos exámenes que sustituirían al FCAT, AIR tuvo la disparatada idea de probarlos en el estado de Utah, cuyas similitudes con la Florida son muy abundantes, como todos sabemos.
Al igual que el FCAT, el nuevo examen no solo se usa para evaluar a los estudiantes, sino también a los maestros. Los salarios de los educadores están vinculados al rendimiento de sus alumnos. Esa es una idea absurda e injusta, porque las notas que obtienen los estudiantes muchas veces no se deben a la capacidad del profesor, sino a otros factores, como las condiciones en el hogar, la falta de recursos en la escuela, etc.
Muchos maestros se opusieron al FCAT y ahora también al FSA. Y no solo por la afectación de sus salarios, sino porque saben que esas pruebas son un método pésimo para evaluar a los estudiantes y trastornan la labor de impartir conocimientos en el aula, la misión de enseñar.

Uno tiene que preguntarse cuál es el objetivo de estas pruebas tan complejas con las que los políticos de Tallahassee martirizan a los estudiantes de las escuelas públicas y a sus maestros. Todo indica que la respuesta es esta: sencillamente, destruir esas escuelas y lograr que los padres pasen a sus hijos a las escuelas privadas, o a las charter, costeadas por fondos públicos para llenar los bolsillos de administradores privados.

En la época en que Bush era gobernador, se propuso crear un sistema de vales para que los padres de menos recursos económicos pudieran enviar a sus hijos a las escuelas privadas. Estos vales eran sencillamente dinero de las arcas públicas, dólares de los impuestos. Una excelente jugada concebida por los políticos y sus socios del sector empresarial para subsidiar las escuelas privadas con fondos estatales.
Los tribunales de la Florida declararon inconstitucional el sistema de vales, pero ahora la idea está cobrando fuerza de nuevo y podría regresar. Y la prueba FSA ha resultado ser tan dañina y tan complicada, o más, que el FCAT.

Lo que tienen que preguntarse los floridanos es qué hay detrás de todo esto, por qué ese empeño de los políticos en asediar a las escuelas públicas, castigar a sus estudiantes con una enorme cantidad de exámenes imposibles y acosar a los maestros. ¿Qué ganan los políticos con esta campaña contra las escuelas públicas?

Mientras esperamos que los floridanos se decidan de una vez a protestar enérgicamente y exigir el fin de esta tortura que es el examen FSA, la nota que les damos a los promotores de estas pruebas imposibles es una rotunda F. Un cero en educación.