Los cristales de la sal explora la identidad sanandresana

De nuevo una mujer nos abre las puertas de otra Colombia, la Colombia olvidada, la que muy esporádicamente sale en los grandes periódicos capitalinos. Me refiero a Los cristales de la sal de Cristina Bendek, novela ganadora del Premio Nacional de Novela Elisa Mujica 2018, de Idartes y Laguna libros, y que tuve la fortuna de adquirir en un reciente viaje a Barranquilla.

A través de sus páginas descubrí un San Andrés Isla diferente del enclave turístico en el turquesa mar caribe que nos venden hoteles y aerolíneas. Bendek explora con un tono confesional y autobiográfico la complejidad de una isla de tan solo 27 kilómetros cuadrados, su historia, su lenguaje, el creole, su cultura y sus complejas relaciones con la Colombia continental, mientras cuenta la historia de Veronica Baruq, una joven de 29 años que al igual que Bendek regresa a la isla después de 15 años de ausencia.

Otro aspecto novedoso para mi de esta novela es el hecho de que la protagonista es diabética y parte importante la dedica a mostrarnos el diario vivir de una persona con esta condición, su lucha constante por mantener bajo control los niveles de azúcar en la sangre.

Verónica ha llegado a San Andrés a encontrarse a sí misma y en ese viaje nos hace reflexionar sobre la identidad raizal, como se les llama a los pobladores afrodescendientes de este archipiélago disputado por Colombia y Nicaragua. En la reconstrucción de la casa de sus padres, va reconstruyéndose a sí misma.

La aparición de una misteriosa foto de sus ancestros la lleva a investigar su árbol genealógico y en el trayecto nos va contando la historia de la Isla, nos la va mostrando con todos sus contrastes, recorremos de su mano los barrios a los que los turistas no llegamos y participamos de un rondón, una reunión de isleños en la que la comida se cuece en la olla mientras los asistentes debaten sus ideas entre cervezas y yerba. Hablamos con mujeres de saber ancestral y nos sumergimos junto a Verónica en la biblioteca para seguirle la pista a los fundadores de la isla. En determinado momento sentí que la historia de Verónica se perdía entre tantos documentos y cifras, pero luego Bendeq retoma el rumbo y nos sorprende con un final que satisface.

Los cristales de la sal es una búsqueda constante, no solo de ese equilibrio en la sangre de la protagonista, sino de su identidad como Sanandresana. Un verdadero placer leer a esta otra Colombia.