La violencia es una energía sin signo. Entrevista a Kiko Amat

No hay influencia buena; toda influencia es inmoral, escribió Oscar Wilde. Desde este punto de vista, puedo decir que el escritor que más ha influenciado en mi vida y en mi escritura es Kiko Amat (Sant Boi de Llobregat, España, 1971). Un autor que expresa en su obra lo circunstancial: la raíz, el extrarradio; ligando de este modo a un orden de trascendencia su sensibilidad y referentes inmediatos como la música punk, el sentido del humor británico, los libros sobre skinheads, el hooliganismo, la violencia proletaria, el exotismo biográfico y la cultura mod. En sus novelas hay riña y no evasión, giros alternantes, chistes encubiertos, sarcasmo imperceptible, sangre y rupturas. Una narrativa donde se percibe la presencia de la energía de un concierto de Rock ‘n’ Roll; su estilo no es sino una instantánea del absurdo de la vida cotidiana y el espíritu decadente de nuestros tiempos.

Charlé con Kiko Amat sobre su sexta novela Revancha (Anagrama, 2021), que alcanzó la cuarta edición y ha sido nominada para el premio a Mejor Novela Negra en el Festival de Valencia VLCnegra 2021.

Muchas veces me sacaron cargando de alguna tasca o bar, con la camisa hecha jirones, la nariz rota y la garganta obstruida de sangre, con ese hierro a punto de vomitar la derrota. El aire frío de la madrugada en la espalda, síntoma de la vida y por ende: de la victoria.

¿Por qué iniciar las presentaciones –que más bien son celebraciones– de tu novela Revancha (Anagrama, 2021) de esta manera?

Si te refieres a los videos y teasers que grabamos, son una forma de sortear a la cultura y la crítica seria y enfocar la promoción a la gente a quien de verdad puede interesarle el libro de un modo sincero y emocional y no-intelectualizado (solo porque es una historia de puta madre y bien escrita). Revancha ha salido a la venta rodeado de una estrategia de cerco perfectamente planificada. El objeto artístico (el libro) tiene que ser inapelable y es el elemento central alrededor del cual orbita todo, vaya eso por delante, pero sería muy naïf lanzarlo al mundo sin blindarlo tanto como sea posible. Un artista hijo de artistas ricos puede ser un holgazán y deslizarse abúlicamente por la pendiente de las influencias y los contactos, pero un artista de clase obrera no puede permitirse no ser táctico. Tienes que buscar el apoyo de tus votantes naturales, y establecer un consenso popular antes de que el libro llegue a manos de gente del mundo intelectual que podría maltratarlo.

Lo del bailecito era algo que no te permitirías anteriormente en una presentación.

Creo que siempre he hecho el idiota en mis presentaciones. Cuando todos los literatos de Barcelona hacían presentaciones en formato solemne, con entrevistas de hombres de letras y ronda de preguntas, yo presenté mis cuatro primeras novelas con conciertos de Rock’n’roll (era lo que me parecía natural y también apetecible)

Te conozco como un entusiasta de libros sobre skinheads (Red Alert, Down a lonely road, Botas y tirantes, Aggro, el Skinhead de Nick Knight y el de Riccardo Pedrini, etc.), ¿pero de dónde provienen las vergas y el sexo explícito neonazi; qué le aportan a la novela?

Lo de qué aportan lo tiene que decir cada lector, supongo. El tema de mi libro es su trama; escribo novelas precisamente para no tener que explicarlo de otro modo. Pero supongo que la condición gay de Amador en un mundo rabiosamente homófobo como es el suyo (mafia ultra neonazi) –aunque paradójicamente homoerótico también– es otro factor de separación y de alienación que se une a los que ya acarrea consigo.

¿En un mundo donde reina el demonio, el único camino para acceder a la gracia es la violencia?

Sí. Creo que lo dijo Flannery O’Connor. No es el único camino, pero sí uno de los transitables. Es muy fácil ser bueno si sólo te han pasado cosas buenas. Acceder a la gracia en un mundo bondadoso y benigno no tiene ni interés ni mérito, ni desde luego potencial narrativo. Mis personajes logran (o intentan) acceder a la gracia en un mundo que por definición debería estar completamente exento de ella. Ese es el conflicto, y sin conflicto no hay novela.

¿En Revancha sin violencia no hay paz?

La violencia es algo neutro. Es una energía sin signo. Puede usarse para derrocar a tiranos o para aplastar al débil. Los personajes de Revancha son mayormente violentos, pero en algunas ocasiones usan la violencia para el bien, y para liberarse, o liberar a otros, o castigarles duramente según un cierto código moral. En cualquier caso, la violencia me parece legítima en infinidad de casos. El estado y la sociedad y los medios de comunicación utilizan un patente doble rasero al juzgarla. Como decía Malaparte, juzgar con mayor severidad la violencia física que la violencia moral es un síntoma característico de la civilización europea. Se condena la violencia “ilegal” pero se aplaude la “legal”, que es peor, porque viene sancionada por el aparato de estado y protegida por leyes de mierda.

¿Cuál es la verdadera venganza de Amador, cómo se destruye al mundo sin dejar de pertenecer en él?

Amador anhela pertenecer a un mundo al que nunca pertenecerá. Él querría haber sido un estudiante, artista, clasemediero ilustrado, hijo de artistas o maestros o arquitectos, rodeado de gente amable y chicos guapos e ingeniosos y chicas “locas” como las del video de Alanis Morrissette (en realidad no están nada locas, al menos no como las locas que yo veía en mi pueblo). Su bagaje y familia y barrio y clase le llevaron a las antípodas absolutas de esa vida. Saber que ese mundo existe, que alguna gente solo verá belleza en sus vidas, que para ellos el “mundo está allí para tomarlo”, le llena de envidia, tristeza y, al final, rabia ciega, que desahoga y resuelve de la forma más irracional; reventando a alguien. Amador quiere destruir todo lo que no pudo tener; lo que le quitaron. Me parece una reacción la mar de natural.

La imagen del campo y los deportistas que tienen clara la visión de ganar, entrenando bajo la luna y una lluvia torrencial, me recordaron un poco a Fin de campo (1972) de Don DeLillo, sólo que en Revancha los deportistas son todos analfabetos; no hay un camino del héroe de las mil caras –su partida, iniciación, culminación y regreso– a lo Joseph Campbell, sino todo lo contrario.

Detesto practicar deporte, pero siempre he envidiado la mente y el mundo deportista. Su visión focal, su camaradería, sus reglas explícitas y regimentadas, su posibilidad de victoria no abstracta o pírrica. Ganar un partido no suele admitir dudas (otras que las que implican la falta de catadura moral del árbitro). Has ganado; los números lo prueban. Has sido mejor que un adversario de un modo empírico, demostrable con goles, o marcas, o lo que sea. Y pocas cosas me parecen más románticas que un entrenamiento bajo la llovizna, bajo los focos. De rugby, para más señas. Los cuerpos que chocan, zund, zund. De niño solo quería ser eso; era mi mayor anhelo. Mi cuerpo me lo impidió. Ahora escribo sobre ello. Postdata: cualquier cosa es mejor que escribir sobre escritores, o sobre lecturas, o sobre los libros que leías en la infancia. Dios del cielo, un poco de imaginación. La literatura no debería estársela chupando a sí misma todo el tiempo, que decía Vonnegut (él no decía “chupar”).

El tema de la violencia es obligado al hablar de Revancha, no es que sea una novela violenta, es que es parte de la sinopsis o del argumento –y creo que eso son las novelas–, pero además de esa violencia argumental me parece que hay otra fuerza bruta y es la de la prosa, que ejerce una especie de KO al lector.

Como afirmó de forma insuperable el gran Georges Simenon: “si te sale una frase bonita, quítala”. Mi prosa es como comentas porque se le ha arrancado todo lo sobrante, todo el alarde, toda la tartufería o cursilada o arranque lírico. También las frases que explicaban lo que ya se había expuesto con hechos, redundando en algo innecesario (ningún buen escritor debería tomar al lector por subnormal). Por añadidura, uno (yo) antes de aprender a escribir sabía hablar. La influencia fundamental de mi “estilo” es la oralidad de bar de clase obrera, de mi mundo, ese riffing sincopado y a menudo salaz y de tono violento y procaz. Esa oralidad es invariablemente dura, urgente, cachonda y precisa. Y nada autoindulgente, todo lo contrario. Es lo opuesto de la solemnidad o la pretenciosidad o la blandura cuqui.

A diferencia de Heiko Kolbe, el protagonista de la novela Hooligan (2017) de Philipp Winkler, quien vive enredado en un espiral de violencia, fanatismo y necesidad de adaptación, en Amador no hay absolutamente nada que sea sagrado, no hay amor a una familia en la que se nace ni por la que se opta.

Me gusta la idea de la familia adoptiva, de una familia no sanguínea que escoges, y con los que quizás tengas más a ver que con tus parientes genéticos. No me siento cómodo con el determinismo genético; me provoca sarpullidos, por verificable científicamente que sea. Como cantaban los Replacements: we are the sons of no one… Por añadidura, no vengo de un mundo en que las familias fuesen benignas por defecto, una influencia positiva en los hijos. Más bien el contrario: en muchas ocasiones, la única forma de hacer el bien, o lo justo y noble, era cortando los lazos familiares, negando tu destino, haciendo lo contrario de lo que te enseñaron. Eso enlaza también con la frase de “En un mundo donde reina el demonio…”. En un mundo de padres de mierda –y todos los padres de mis novelas lo son, en mayor o menor medida– la única forma de acceder a la gracia es repudiando tu legado.

¿Cómo te preparaste en la praxis y la parte teórica para el tema del Fútbol –lo de los ultras lo entiendo–.

Así como Apocalypse Now no es un documental del History Channel, Revancha no es un ensayo periodístico sobre ultras ni un libro de historia subcultural. La trama es inventada. Nunca existió un Amador, y desde luego menos aún un César. Pero, al igual que sucede con Apocalypse now, esa trama tiene que estar insertada en un mundo real, verídico. Determinados elementos históricos y de contexto tienen que ser lo más veraces posible, pues al final ayudan a que la trama (que es lo importante) sea más creíble, casi indiscutible en la autoridad de su voz. Para el fútbol como tal no me documenté en absoluto, solo googleé cuándo fue la final de la Recopa de Basilea y dos o tres paridas así. Para el rugby me fui a ver unos cuantos entrenos en el campo de mi pueblo (vengo de linaje rugbista). Para la parte de entorno ultra, hooligan, neonazi y skinhead hablé con dos o tres eminencias de la historia oral de la ciudad, Carles Viñas entre ellos. El resto lo saqué de mi memoria (crecí entre skinheads; vi algunas de las escenas periféricas que aparecen en el libro, no las de muerte, ojo).

¿Cuál es la venganza de Kiko Amat?

Ser un plebeyo sin estudios, una rata con botas, que escribe novelas que venden y encima reciben críticas excelentes, incluso desde la literatura seria. Es un buen desquite contra el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

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