“La perra”, de Pilar Quintana

No se quién me recomendó leer La perra, de la escritora colombiana Pilar Quintana, y me explicó que la historia de la protagonista es contada a partir del momento en que acoge una perrita recién nacida en su humilde hogar. Luego supe que la novela fue ganadora en el 2018 del premio Biblioteca de Narrativa Colombiana y aproveché un viaje de mis padres a Colombia para encargarla junto con otros libros, a veces la manera más rápida de conseguir novedades en español en Miami.

De inmediato me sobrecogió la descripción de un panorama colombiano que nunca he visitado y no sale en las películas: las playas del departamento del Chocó, uno de los más pobres del país. Mi imagen de esas playas al pie de la selva tropical húmeda está formada por las descripciones y las fotos que hace mi cuñada y los cuadros de mi hermano, quienes vivieron allí por seis meses conviviendo con cazadores y pescadores como Rogelio, el marido de la protagonista.

Pero lo que más me emociona de este libro es la descripción del paisaje de las emociones internas de la protagonista, Damaris, una empleada de servicio de 40 años que no ha podido tener hijos y que vuelca sobre la perra su amor y su resentimiento.

Todo el dolor de la infertilidad esta reflejado en estas palabras. “Llorando, le contó la historia de la mujer de treinta y ocho, de las veces que había llorado en silencio, de lo horrible que era que todo el mundo pudiera tener hijos y ella no, de las cuchilladas que sentía en el alma cada vez que veía a una mujer preñada, un recién nacido o una pareja con un niño, del suplicio que era vivir ansiando un se pequeñito para acunarlo en su pecho y que todos los meses le llegar la regla.”

Esas cuchilladas yo también las sentí ya que solo fui madre a los 44 y después de mucho esfuerzo. Sus palabras suenan verdaderas a mi corazón. Y es que Quintana afirmó en una entrevista al periódico El Heraldo que “tenía interés en contar los otros lugares de la maternidad. Normalmente en los comerciales nos presentan el lado bonito de ser madre, entonces yo quería mostrar el lado más oscuro de la maternidad y creo que esa fue la intención desde donde empecé a contar la novela”.

El resentimiento hacia la perra empieza el día que esta última llega preñada a la cabaña de Damaris y esto altera la relación que hasta ese momento tenían. Otro sentimiento que explora Quintana es el de la culpa y a través de flashbacks nos enteramos de un suceso del pasado de Damaris que marca su presente. Esa culpa también se hace palpable en el final, un final que en principio me dejó inconforme porque quería más de Damaris, pero que luego comprendí no podía ser otro porque ya la historia estaba contada.

La perra es una reflexión sobre la culpa, un viaje hacia el corazón de la mujer infertil, un retrato de la pobreza y la belleza del Chocó y un libro que con tan solo 108 páginas se lee muy fácilmente, algo que los lectores de hoy agradecemos en un mundo que nos roba el tiempo al atiborrarnos de información innecesaria. Se los recomiendo.