La inquisición de Roncagliolo

Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) es el autor más joven que fue galardonado con el Premio Alfaguara de Novela. Esto sucedió hace años, en el 2006, cuando fue premiado en Madrid por su libro Abril rojo, una novela de tendencia policial que retrata una serie de sangrientos asesinatos ocurridos en Ayacucho. Se trata de historias entrelazadas con acontecimientos senderistas que sitúan a esta novela en abril del 2000. Aquí, en este espacio convulsionado, nos relata el convivir de ciudadanos, policías, civiles y terroristas, con los frecuentes crímenes que eran parte de sus días. En gran medida, es un accionar de la muerte en las más cruentas dimensiones: un coexistir con la propia fatalidad.

La novela relata los sucesos que le toca aclarar al fiscal distrital adjunto Félix Chacaltana Saldívar. Se trata de un investigador de asesinatos, muy amante de su trabajo y sumamente preciso en sus detalles de tiempo y espacio. Es un inquisidor fiel de los consecutivos asesinatos que ha decidido seguir a partir de que un hombre encontró un cadáver en Quinua, y que supone es obra de los senderistas. Chacaltana no descuida nunca los detalles de las investigaciones que debe seguir a pesar de las trabas y los peligros que irá sufriendo en el camino, aunque eso le haga perder la seguridad de sí mismo después de tantos asesinatos y pesquisas sacrificadas. Si acaso no es solo por valentía, lo es también porque es un amante empedernido de terminar sus investigaciones, buscando senderistas, reales o no, aunque eso le vaya generando cierta paranoia por el terrorismo. Este amante de las investigaciones, de la buena ortografía y de los poemas de Chocano, encontrará al final un desenlace que aclara todos sus sondeos anteriores. ¿Acaso ya será demasiado tarde?

En todo momento, Santiago Roncagliolo advierte la fuerte investigación que cimenta esta novela. Aclara la realidad de los métodos de los ataques senderistas, así como las estrategias conrra subversiva de investigación y tortura. Del mismo modo, para establecer una línea equitativa, también señala los aportes ficticios que descontextualizan algunos de estos acontecimientos, como personajes, lugares y situaciones. De alguna manera, la inquisición del autor podría asemejarse a la de su personaje, el fiscal Chacaltana. Este, al final de la novela, recompensado por aclarar los detalles de su investigación, será fracturado en su propia tranquilidad, lo que lo somete y perturba. Roncagliolo, en cambio, fue premiado en Madrid y pudo alcanzar el reconocimiento deseado: una recompensa a su trabajo de diligente inquisidor.

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