La Detective Salvaje

En los ochenta Miami se consolidó como la capital mundial del crimen, y desde la sala de redacción de la sección de policiales del Herald, una reportera se encargó de destaparlo y documentarlo todo.

    El 11 de julio de 1979, cerca de las dos y media de la tarde, una camioneta irrumpió en el parking lot del Dadeland Mall, el centro comercial más concurrido de Miami en esa época; de ella bajaron unos sujetos armados que descargaron sus rifles en Crown Liquors Shop. El saldo fue: heridos, casquillos de bala y sangre en el asfalto, cristales destrozados, carrocerías perforadas y las vidas de Germán Jiménez Panesso y Juan Carlos Hernández. El primero, colombiano, era un capo del narcotráfico, y el segundo, su guardaespaldas. El atentado fue un ajuste de cuentas, parte de la Guerra de los Cocaine Cowboys, que se le atribuye a la viuda negra, Griselda Blanco, colombiana, llamada también La Madrina. El año setenta y nueve está grabado en el ADN de Miami por su violencia, registró 360 crímenes —los años 1980 y 1981 registrarían 569 y 622 respectivamente— y los hechos que más marcaron a la ciudad fueron la masacre del Dadeland Mall, y más adelante, en diciembre, el asesinato del afroamericano Arthur McDuffie, en Overtown, a causa de una golpiza de más de media docena de policías, sin causa que lo justificara. Estos fueron los años salvajes de Miami, pero además eran años en que en las salas de redacción de los medios de prensa humeaban las tazas de café hasta altas horas de la noche, entre ellas la de Edna Buchanan, en el periódico The Miami Herald.

     Edna Buchanan nació y creció en Patterson, New Jersey; a muy temprana edad manifestó su interés por la escritura creativa, y aunque hizo algunos talleres, la necesidad de ayudar a su madre en casa llevó su vida por otros caminos, y con doce años empezó su periplo laboral en una factoría de abrigos, después detrás del mostrador en los almacenes Woolworth, luego en una tienda de ropa para bebés, y seguir en un photo studio. Nunca se contempló la posibilidad de que estudiara una carrera al graduarse de High School.

     En el verano de 1961 Edna Buchanan y su madre viajaron a Miami de vacaciones, y a Edna le bastó poco para advertir que Miami Beach sería su nueva casa. Aquí buscó un taller de escritura creativa, y casi sin proponérselo, con ello llegó un trabajo de columnista en el periódico Miami Beach Daily Sun, para el cual escribió cinco años sobre actualidad local. El salto profesional, sin embargo, lo daría en The Miami Herald, donde a pesar de que luchó contra el machismo de los editores que al inicio la relegaban a casos menores, durante dieciséis años logró cubrir cinco mil crímenes, de los cuales tres mil fueron asesinatos. La labor de Buchanan fue detectivesca más que periodística; tras dos fracasos matrimoniales, con solo una gata que la esperaba para cenar, pasaba horas enfrascada en la sala de redacción, la morgue, las comisarías y los escenarios del crimen recolectando piezas que le permitieran escribir una historia que apareciera publicada en primera plana, dado que, lo sostuvo siempre, la diferencia entre su trabajo y el de cualquier otro periodista consistía en que en el suyo el lector se encontraría con la narración de una gran historia. Para bien o para mal, Edna Buchanan marcó la pauta en muchos de sus casos, fue ella quien siguió los pasos del propietario de la camioneta del Dadeland Mall hasta la puerta de su casa; o incluso les cambió el rumbo, como en el de McDuffie, cuya primera versión de los hechos que dio a conocer la policía indicaba que se trató de un accidente de motocicleta, pero que, gracias a su pesquisa, Buchanan reveló que se debió a una brutal golpiza de policías anglo contra un afroamericano.

     Edna Buchanan recibió el premio Pulitzer por sus investigaciones en 1986, en ese mismo año se publicó un perfil suyo en The New Yorker, titulado Covering The Cops, firmado por Calvin Trillin, que decía que de las personas que más se hablaba en Miami era de Fidel Castro y de ella, y a finales de esa década se retiró para seguir la pulsión visceral de escribir libros. A la fecha es autora de una veintena de títulos de ficción y no ficción y creadora de la saga de Britt Montero, personaje emblemático de las letras locales, reportera de policiales para un muy importante diario miamense.

 

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