La cultura del podcasting en tiempos del COVID-19

¿Son los medios on demand, como el podcast, una estrategia válida para repensar las formas de difusión y visibilización de la literatura vigentes hasta el día de hoy? ¿El podcast enfocado al campo de la literatura tiene la misma penetración en la población hispanoparlante que el que ha logrado en la angloparlante? ¿El confinamiento causado por el COVID-19 contribuirá a catapultar la popularidad del podcast en gente que habla o quiere hablar español?

A diferencia de un broadcast, que se difunde a una audiencia masiva en un canal y en un horario específico, un podcast no requiere licencia alguna para su creación o distribución estando disponible en cualquier momento y lugar para consumo on demand. El podcast es posible gracias a la invención de lo que en inglés se conoce como portable digital audio y los dispositivos portátiles para consumirlo como en su momento lo fueron el iPod y el Sony Walkman, así como el desarrollo de una cultura de uso de audífonos que, desde 1979 comenzó a dar un giro al consumo de transmisiones de radio de menos social a más individual.

Se le atribuye a Adam Curry —conocido como el “padre del podcast”— el lanzamiento del primero en este género en 2005, con el “Adan Curry’s PodShow”. Sin embargo, el gran detonador de la cultura del podcasting es Serial de NPR, producido por Sarah Koening en 2014, con una temática periodística y artículos de fondo basados en la tenaz investigación de sus creadores. Para 2018 los episodios alcanzan los 420 millones de descargas (Vulture), especialmente cuando una de las historias que cubren e investigan es el caso de la desaparición y muerte de Hace Min Lee, una estudiante de preparatoria de 17 años. Es así como se da el nacimiento de una nueva cultura por consumir narraciones de historias, biografías y opinión en este formato.

Según MusicOomph, hoy existen alrededor de 850,000 podcasts activos con más de 30 millones de episodios en más de 100 idiomas, con seguidores en todos los continentes del mundo. Este desarrollo va de la mano desde su inicio con la aparición y el crecimiento de la cultura de las redes sociales que nacen y crecen de manera paralela con el podcasting: Facebook en 2003, Twitter en 2006, e Instagram en 2010. Esto abre la posibilidad de hacer una innovada promoción mediante imágenes, fotografías, listas de emails, y lo más valioso, recoger casi de inmediato las reacciones de los que escuchan. John King, creador de “The Drunken Odyssey with John King” dice que “el podcast es una extensión del social media”. Otro factor que incrementa su exponencial popularidad es su uso como herramienta educativa y de tecnología interactiva con grupos de niños y jóvenes. El caso de The Walking Classroom es un ejemplo de esto, donde los alumnos caminan con el profesor durante un rato escuchando un mismo podcast con audífonos, para crear una especie de intimidad y que el contenido se asimile de manera más personal, para después discutirlo juntos en el aula. Diversos estudios clínicos han reforzado la idea de la enseñanza a través del audio, como en el trabajo de Paul Zak del Centro de Neouroeconomics Studies en Claremont Graduate University, quien dice que escuchar narrativas e historias por audio tiene un impacto en los alumnos, en el aprendizaje y en la capacidad para recordar la información y contextualizar lo escuchado.

La relación entre podcast, lectura y literatura se ha dado casi de manera natural. Para algunos, como James Atlas del New York Times, el podcast es visto como una nueva forma literaria para animar a la lectura a través de reseñas de libros y conversaciones sobre y con escritores. De los podcasts más conocidos de este tipo están: The Guardian Books Podcast, The Times Literary Supplement Podcast, Literary Fiction, BBC Radio 4 Open Book, The New Yorker Fiction Podcast, London Review Bookshop Podcast o, The New York Times. El programa Fresh Air, dirigido y creado por Terry Gross, es uno de los pioneros en la difusión de entrevistas de escritores, surgiendo en 1975 como programa de radio y ahora con transmisión digital alojado en NPR para escucharse on demand a manera de podcast.

En el mercado hispano el avance de este medio ha sido primero con los que cubren entretenimiento, cultura, enseñanza del español, e incluso promoción de turismo, como los muchos que se pueden encontrar en plataformas como Spotify, Stitcher, iVoox, o ApplePodcasts. Una de las pioneras en los Estados Unidos en transformar broadcasts en podcasts fue NPR con diversas producciones dirigidas al mercado latino, transmitiendo algunas en español u otras de manera bilingüe como el caso de María Hinojosa y su programa LatinoUSA, Latino Rebels Radio, y Daniel Alarcón con el premiado proyecto Radio Ambulante. Ante el gran crecimiento de la comunidad hispanoparlante a más 60 millones de habitantes en los Estados Unidos, algunos periódicos comenzaron a hacer podcasts en español para la transmisión de noticias, como ha sucedido con The Washington Post.

De acuerdo con el sitio web Voxnest, hacia 2018 los podcasts en países de habla hispana aumentan un 13%, sobre todo los que cubren temas de opinión, cine, cultura y sociedad, muchos de ellos como una evolución natural de algunos programas de radio, de iniciativas universitarias, y otros más de esfuerzos independientes como en El anaquel o Contratapas. En muchos casos se consolidan en plataformas que distribuyen, promocionan o transmiten varios programas o shows como Así como suena o Podio Podcast. Aquellos que siguen temas muy específicos también empiezan a gozar de gran popularidad como Las raras, que cubre conversaciones sobre feminismo y el derecho a la libertad, En nuestra esquina, que compara la forma de vida entre México y los Estados Unidos a través de la mirada de dos jóvenes profesionistas viviendo a cada lado de la frontera, o el próximo a salir de la revista ViceVersa que entrevista a newyorquinos sobre lo que es ser hispanos en esa ciudad. En el caso de los que se especializan en literatura muchos surgen de revistas impresas o en línea como Letras Libres de México, en estaciones de radio como Letras en el tiempo de Perú, o en universidades como Descarga Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de México o Pterodáctilo de la Universidad de Texas, Austin, producido por estudiantes graduados originarios de diversos países.

Podcasts en esta línea han tomado diversos ángulos, aunque la mayoría coinciden en recomendaciones de libros, historia y movimientos literarios, reseñas, entrevistas, análisis, y algunos ofrecen la posibilidad de dirigir al escucha hacia plataformas de venta de libros como El estante literario o Mentes literales. Algunos podcasts se han dado a la tarea de reconocer vacíos en la conversación o visibilizar un problema o a un grupo, como el el caso de Hablemos Escritoras Podcast, mismo que dirijo desde 2018 y que conecta los recursos de audio con un repositorio de información organizado en una página web a manera de biblioteca virtual o directorio. La información queda accesible y de manera útil mediante herramientas de búsqueda, índices, palabras clave y etiquetas o tags, permitiéndole a quien la visita acceder al contenido auditivo para poder identificar tendencias, patrones, regiones, temas, y coincidencias.

Quiero pensar que quienes siguen este tipo de contenidos son principalmente lectores, investigadores, estudiantes o promotores culturales. Entonces, ¿por qué el podcast no había despegado en la comunidad hispana en los Estados Unidos, Latinoamérica y España, de la misma manera en que sucedió con la angloparlante? Desde mi opinión, son distintos factores los que deben considerarse para contestar esta pregunta, empezando con lo cultural, la formación o profesión de los escuchas, su disponibilidad de tiempo, del equipo necesario, y el espacio mental, tener un interés específico y una dinámica en los traslados (commuting), así como una rutina y disciplina, así como considerar el aspecto generacional. Sin embargo, en recientes fechas, la explosión de la pandemia de COVID-19 y el confinamiento forzado que esta provocó llevó a un aumento considerable del consumo de podcasts y de un mercado que nunca antes había estado expuesto a él. El sitio web Story Baker señala que aproximadamente 750 mil personas se han sumado a los escuchas, aunque muchos siguiendo los podcasts que hablan de Coronavirus. La revista Expansión México asegura que se agregaron 150,000 podcasts entre abril y mayo, muchos de ellos de educación, lo cual tiene sentido debido a la migración de las escuelas y universidades a medios digitales para poder finalizar planes de estudio. Otra situación que se ha dado es la gran proliferación de eventos live en Facebook e Instagram, para dar conferencias, charlas, o lecturas de poesía, con incluso más reuniones de las que tradicionalmente se organizaban antes de la pandemia. Esta explosión en los medios virtuales demuestra que sí hay un público capaz de utilizar recursos en audio o video de manera asidua y manteniendo su atención en ellos por largos periodos de tiempo.

No es exagerado decir que a partir de este momento se da un cambio que podríamos pensar marcará al fin el despegue del éxito del podcast en la comunidad hispanoparlante. Sin embargo, me pregunto si esto no es solo una falsa expectativa que no está considerando una amplia gama de factores, que van más allá de una oferta con buenos contenidos. Algo que vale la pena considerar es la relación que se crea entre escucha y anfitrión para enganchar la atención y la lealtad a un determinado programa. Sobre este aspecto, diversos estudios han aparecido recientemente sobre la psicología del podcaster, tratando de descifrar cuál es el motor que motiva a algunos a hacer un podcast, dándole voz a sus pensamientos frente a un micrófono para compartirlos con los demás. David McRaney, anfitrión de You are not so Smart, cuestiona a quienes han puesto sobre la mesa el tema de un posible narcisismo y dice que no es el caso, pues desde la invención de la radio siempre han existido personas frente a un micrófono o a una cámara de televisión o de cine. En esa línea del culto a la persona podría decirse que la introducción del blogging, entendido como la actividad de agregar material periódicamente a un espacio digital conocido como blog, ha ayudado a muchos hosts a ser seguidos por grandes públicos, porque los escuchas perciben en sus programas una marca personal o personal Brand, un ingrediente fundamental en la cultura de los millenials. La revista Forbes sostiene que los jóvenes prefieren escuchar podcasts en lugar de leer porque es más práctico, se puede hacer en cualquier lugar y permite el multitasking, pero también porque el promedio de atención ha disminuido en los últimos años a 8 segundos. Kevin Deleany en el Digital Editors’ Network dice que los artículos digitales hoy en día no pueden ser mayores a 700 palabras para conservar al lector, quien en un promedio de “8 segundos” decide si un contenido le interesa o no. Esto ha hecho que muchos, antes “bloggers”, prefieran ahora ser podcasters.

Otro aspecto que contribuye a la difusión del podcast, aunque no necesariamente a la lealtad de los escuchas, es la posibilidad de promoción y medición que dan plataformas como Facebook y SoundCloud, con anuncios dirigidos a distintos mercados, midiendo el pulso de un episodio, e identificando grupos a los que el creador se quiere dirigir, así como patrones de uso, contenido más popular que se consume, horarios de acceso, y modos de difusión que estos a la vez utilizan. Están también los sistemas de suscripción por email, los programas de lealtad, y los anuncios pagados que dan una gran ventaja en comparación con campañas de marketing más tradicionales, pero que tienen también algunos inconvenientes. En el caso de algunos podcasters, especialmente mujeres, que deciden promocionarse vía Facebook, el acoso y los comentarios inapropiados son comunes. Por eso mismo, la plataforma Pen America. The Freedom to Write ha creado el “Online Harassment Field Manual” para ayudar a los usuarios de plataformas en línea a distinguir y denunciar los distintos tipos de acoso, hostigamiento, comentarios invasivos y amenazas. Las plataformas mismas tienen restricciones de censura para autorizar o no anuncios, con lo que también los podcasters quedan sujetos a un filtro adicional.

En este proceso y enfrentando infinidad de situaciones, muchos podcasts que ya tienen tiempo al aire y que están dirigidos al mercado hispanoparlante han notado en las últimas fechas que la competencia ha crecido, pues ahora existen otras formas de difusión de audio. También han visto que muchos se han quedado a medio camino, a la vez que nuevos han surgido, principalmente los que cuentan con contenido novedoso, relevante, anfitriones que logran llegar a su público, audio de buena calidad, y los que han demostrado persistencia y tenacidad. Para los que se especializan en literatura, sus entrevistas, reseñas, y recomendaciones de libros los han ayudado a conservar una parte del mercado, así como aquellos que están innovando en la inclusión de otras ramas del mundo de las letras como la traducción, las editoriales y las revistas. Y sí, no excluyo que el momentum dado por el confinamiento durante el COVID-19 ayude de muchas maneras a crear una costumbre de uso permanente y a largo plazo, una vez que haya pasado este ‘boom’, pero desde mi visión, la costumbre vendrá de cambios estructurales en los escuchas, en su percepción sobre el uso de su tiempo libre, formas de commuting que permitan escuchar en sus dispositivos, en su curiosidad por explorar otros modos de aprendizaje, en ampliar un span de atención que cada vez se reduce más, en un cambio de visión en los educadores, todo junto para reconocer que en el podcast hay una posibilidad de aprendizaje y entretenimiento único. Para los creadores de podcasts será la creatividad y originalidad en contenidos la que despierte el interés en otras generaciones y grupos, el carisma de sus anfitriones, la facilidad de acceso, la disciplina, y la tenacidad. El potencial es mucho, pero al final del camino son creadores y escuchas los que deberán ayudar a que la cultura del podcast llegue a los 450 millones de hispanoparlantes que hay en el mundo, y a los otros millones de aquellos que quieren aprender y practicar su español, o de lo contrario todo esto será solamente una euforia pasajera y un ruido más en la estruendosa conversación del internet.