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La casa queda lejos de aquí… es el tiempo, que se estira hacia el infinito

 

“El tiempo se bifurca perpetuamente

hacia innumerables futuros.”[1]

Jorge Luis Borges

 

El tiempo es uno de los temas preferidos del argentino Jorge Luis Borges, y éste es precisamente el tema fundamental de este breve, pero conciso ensayo basado en El jardín de senderos que se bifurcan. En cuanto a temática, como ya se anunció, se refiere específicamente al tiempo porque para él el tiempo no puede ser sucesivo, sino infinito. Además, otro tema sostenido en el cuento es concebir al universo como un laberinto caótico. En cuanto al contenido, en síntesis, se trata de un hombre que tiene una misión encargada por la Alemania de la primera guerra mundial. Yu Tsun, es quien debe cumplirla. La manera en la cual él lo hace es mandándole una señal a su jefe; éste la descifra mediante un enigma: Stephen Albert, un sabio sinólogo inglés, fue el sacrificado. Mediante él, los alemanes bombardean su objetivo “…la ciudad que se llama Albert…” (Borges, pág. 118); no obstante, a lo largo de la historia se observan interesantes hechos, por ejemplo, para llegar al que fue su chivo expiatorio, Stephen Albert, el protagonista Yu Tsun es perseguido por Richard Madden, un irlandés a las órdenes de Inglaterra que tenía la misión de ejecutarlo para que el doctor Yu Tsun no cumpliera su misión. El caso es que decide huir porque su compañero Viktor Runeberg había sido asesinado por Madden en su departamento. De antemano, el protagonista sabe que morirá pero antes debe cumplir con su objetivo, y lo decide fraguando un plan en tan solo diez minutos.

Las palabras que Yu Tsun dijo sobre su plan son las siguientes: “La guía telefónica me dio el nombre de la única persona capaz de transmitir la noticia: vivía en un suburbio de Fenton a menos de media hora de tren.” (Borges, 103). A ese lugar iría para encontrar su destino. No obstante, compró un boleto en la estación del tren más allá de la aldea de Ashgrove. En la misma estación, del otro lado del andén, el capitán Madden estaba, pero lo había burlado, se sentía victorioso al menos por una hora. Llegó a la estación de Ashgrove y bajó ahí gracias a que unos chicos le indicaron el camino.  En ese momento del cuento es cuando comienza el problema del tiempo que se bifurca en innumerables laberintos, o como lo dice Yu Tsun: “Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicar de algún modo los astros.” (Borges, 109). Luego de caminar por caminos que se bifurcaban y bajaban en los prados de la tarde, se encontró con un portón: había llegado a la casa, o al menos en donde se encontraba, de Stephen Albert, en donde una música muy familiar, china, se escuchaba. Había llegado a El jardín de senderos que se bifurcan. El hecho es que el protagonista es descendiente de Ts’ ui Pen ‘famoso poeta y calígrafo’[2], el cual compuso un libro y un laberinto durante trece años; sin embargo, nadie pensó que las dos composiciones eran una sola, y en ello se afirmaba la clave para descifrar el problema del tiempo. Ese ‘invisible laberinto de tiempo’[3]es la teoría de Borges acerca de la problemática y del caos en el universo en donde cada individuo puede construir un laberinto y así, sucesivamente, hasta el infinito. Entonces, como Borges no concibe la idea del tiempo sucesivo porque este lleva a la mortalidad, construye su hipótesis en base a un laberinto temporal en sucesión infinita que se bifurca en otros laberintos, y estos a su vez en otros, por ejemplo, es como un juego de espejos en donde la persona se mira teniendo otro espejo a su espalda y a los lados, por ende, la imagen se reproduce produciendo un efecto que sobrepasa las cuatro dimensiones. Además, en cada laberinto hay un tiempo, pero ese tiempo puede ser otra circunstancia en donde las acciones sean distintas, o como en boca de Stephen Albert (el cual refiere al antepasado de Yu Tsun sobre su concepción del tiempo) Borges lo explica claramente:

Creía en infinitas series de tiempo, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos ejemplos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma. (Borges, 116).

Más concisa no puede ser la hipótesis borgiana acerca del tiempo, y en la ficción que se está analizando se manifiesta como en un libro abierto a ciento ochenta grados horizontalmente.

Ahora bien, en cuanto a la narración del cuento presenta aspectos interesantes, por ejemplo, desde el principio hay un narrador no omnisciente porque refiere otra narración, que es la metadiegética, en este caso la declaración del doctor Yu Tsun acerca del acontecimiento sucedido, y la narración diegética es la primera. Otro aspecto es que la narración metadiegética está estructurada desde el final al principio, porque Yu Tsun está en otro tiempo: en el que está condenado. Por ejemplo Yu Tsun declara: “Yo sé que fue terrible su ejecución.”[4](Borges, 102). Por lo tanto, la narrativa en el cuento se sustenta en la estructura, lógica sí, estructural también, pero organizada de tal manera que el lector puede confundirse en el tiempo de la narración y en el tiempo de la historia dentro del relato. Hay que tener ojo clínico para ver esas cuestiones, o en palabras de Anderson Imbert: “El rigor de Borges se manifiesta en la estructura de cada relato, en la que todas las piezas están sabiamente ajustadas.” (Anderson Imbert, Enrique. Historia de la literatura hispanoamericana II, 288).

Por otro lado, al hablar de Borges tiene que hablarse de su tiempo -ya no el tiempo como concepción borgiana- en el cual se situaba en la historia de la literatura. Conoció el expresionismo alemán, refutó la concepción modernista de Rubén Darío porque para ese entonces la consideraba como si fuera una letanía o responso para la poética y la narrativa, y, sin embargo, estuvo involucrado por un tiempo con el ultraísmo del cual se impregnó por sus viajes a Europa. Tiempo después se olvidó de los ismos porque los consideró como lapidarios a pesar de llamarse vanguardias; no obstante, optó poco a poco por hacer su propia literatura, creando mundos ficticios, esferas irreales puestas en sus cuentos, por ejemplo, en Tlön, Uqbar, Orbius Tertius: ahí, en ese universo paralelo anclado tanto en la zona austral como boreal, no existen los sustantivos, sino solamente los adjetivos “que, acumuladamente, forman un sustantivo”[5](Xirau, Ramón. Poesía yconocimiento, 252).

Hay que recordar que Borges escribió El jardín de senderos que se bifurcanen 1941, estando presente la segunda guerra mundial, pero el cuento lo remite a 1916 estando la Gran Guerra. Por tanto, la creación de ese mundo laberíntico de tiempo no es otra cosa que el motivo para la yuxtaposición de un momento a otro en el presente de Borges y en la narración del cuento. No obstante, debe verse que los lugares y las cosas referidas en el relato son mera invención del argentino para jugar con el lector.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

Borges, Jorge Luis. Ficciones, Ed. Alianza, Madrid, 1999, 218 pp.

 

Xirau, Ramón. Poesía y conocimiento, Ed. El colegio nacional, México, 1993,252 pp.

 

Anderson Imbert, Enrique. Historia de la literatura hispanoamericana II, FCE, México, 1979,511 pp.

 

[1]Borges, Jorge Luis. Ficciones, 117, Ed. Alianza, Madrid, 218 pp.

[2]Borges, 109.

[3]Borges, 110.

[4]Habla del plan que  ejecutó para que los alemanes bombardearan la ciudad de Albert.

[5]Xirau, pág. 28.

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