Interrogatorio Punk a Ignatius Farray

“Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconocerás por este signo: todos los necios se conjuran contra él”, es una frase de Jonathan Swift que le da título a la novela La conjura de los necios(1981) de John Kennedy Toole; la historia de Ignatius J. Reilly, un ser inadaptado y anacrónico que sueña con regresar al modo de vida medieval, mientras se hunde cada vez más en este mundo capitalista que tanto odia.

Como si una tenaza perversa y a la vez divina hubiese sacado con sumo cuidado al protagonista de la novela de entre sus páginas y lo hubiera colocado en la vida real en pleno Siglo XXI, aparece frente a nosotros Ignatius Farray (Granadilla de Abona, 1973), axiomático artista de la Commedia, monologuista de culto, guionista avieso, actor incidental y vocalista de la banda de post­-punk Petróleo; el regalo más preciado que el Underground le ha dado a las impúdicas superficies la energía etérea del humor.

Ignatius refiere, como ningún otro hombre, a la frase inicial de Swift, e incluso, se adueña de la argumentación de la novela, a tal grado de no saber dónde están los límites entre el individuo y el personaje, la realidad y la ficción, en un nebulosa donde la comedia no encuentra su final.

El optimismo me da nauseas, escribe Kennedy Toole, es perverso: “la  posición propia del hombre en el universo, desde la Caída, ha sido la de la miseria y el dolor”. En este “Interrogatorio”, Ignatius Farray se glorifica de esa indigencia para arrojarnos luz y decirnos que lo más Punk que un hombre puede hacer en este momento, es vivir.

 

Según Greg Graffin (Bad Religion), Punk es el proceso de cuestionar y de comprometerse a la comprensión que resulta en el progreso individual, y por extrapolación, guiaría hacia un progreso social. ¿Qué tipo de argumentos son los que cuestiona Ignatius Farray?

Yo creo que el Punk es hacer las cosas a tu manera, sin importarte cómo se hayan hecho antes.

 

Si bastantes personas se sienten libres y son animadas a usar sus habilidades de observación y raciocinio, grandes verdades emergerán. ¿Qué tan libre te consideras?

Creo que la libertad es un espejismo. Como decía la película de Buñuel, que se titula El Fantasma de la Libertad (1974); pienso que esa es una buena definición de lo que es la libertad, no es más que un fantasma en el sentido de que es una ilusión. Es bonito sentirla por un momento, por ejemplo, se puede sentir en una actuación arriba del escenario, gracias a la complicidad y el vinculo que se forma en ese momento entre la gente del público y la gente del escenario, ahí puede haber esa ilusión de la libertad y es bonito sentirla, pero no hay que engañarse, porque luego sales a la calle y el contexto es distinto y esa libertad se evapora. No es un concepto absoluto sino muy resbaladizo y básicamente un espejismo.

 

¿Qué ha sido lo más asqueroso de tocar al lado de Petróleo (del contexto, no de la banda)?

Lo más asqueroso de tocar con Petróleo –en el buen sentido lo digo– es la sensación de tocar fondo, de sentir que hay un momento en que todo lo estamos haciendo mal, especialmente yo, porque nadie va a un ritmo adecuado en la banda, lo cual esta guay, pero ni siquiera el público está bailando bien y tampoco se escucha técnicamente demasiado bueno. Ese sentimiento de estar todos haciéndolo mal al mismo tiempo, te da una sensación de coherencia sagrada. Estar todos en el fango al mismo tiempo, es una especie de comunión con el público y la hemos sentido varias veces en las actuaciones de Petróleo.

 

Te reconozco como un buen lector, ¿tienes algún libro de cabecera?

Soy un buen comprador de libros. Tengo muchos libros, sólo me he leído uno; pero le he sacado y me lo releo habitualmente, le intento sacar todo el partido del mundo. Es La conjura de los necios (1980), es el primer libro –bueno, el primero y el ultimo–, la novela de Ignatius Reilly, el protagonista de la novela, del cual incluso yo saqué el nombre. Mi profesor de música en el Instituto, cuando yo tenía trece años, me regaló su ejemplar y de ahí saqué directamente la referencia. Yo me llamo Juan Ignacio, pero a partir de ahí, empecé a llamarme Ignatius por la novela de John Kennedy Tool.

 

¿Cuál fue la primera banda de Punk que viste en vivo?

Gracias por hacerme esa pregunta, gracias porque sería bonito haber ido a conciertos, pero lamentablemente de seguro te decepcione un poco porque habré ido a muy poquitos conciertos en mi vida y ninguno fue de una banda de Punk. Siempre he sido socialmente muy negado y todo lo que me ha llegado ha sido indirectamente. Así que, hubiera sido bonito haber ido a ver bandas en vivo.

 

¿Qué tema elegirías para ser escuchado al final de tus días?

El “Aria da Capo” de las variaciones Goldberg; la grabación del pianista Glenn Gould, la última grabación que hizo en el año 1981. Esa sería la canción.

De hecho, ahora en el confinamiento ­–llevamos ya 45 días en España de cuarentena por el tema del Coronavirus–, sinceramente no he escuchado otro disco; una y otra vez las Variaciones Goldberg de Glenn Gould de 1981, la última variación es el Aria da Capo. Es muy Punk en el sentido de la repetición, son variaciones sobre el mismo tema; pienso que ese sentido de la variación es el sentido del Punk, de repetición tras repetición con pequeñas mutaciones de un momento a otro. Es muy Punk y lo tenía Johann Sebastian Bach.

 

¿Cuál es tu constructo personal de erotismo?

Acerca del erotismo te digo o mismo que acerca de la libertad, exactamente lo mismo, son conceptos paralelos para mí. La verdad es que no entiendo el erotismo materializado, no lo entiendo en carne y hueso, lo entiendo como un secreto o como un misterio, algo incomunicable o inconfesable, pero de cualquier manera, algo que debe estar en la oscuridad.

 

¿Por qué consideras que Donald Trump ha planteado investigar a los cómicos y humoristas –como si éstos fueran los sujetos de mayor peligrosidad en el mundo–?

No sabía que Donald Trump perseguía comediantes, sé de todas las cosas nefastas que hace, pero en detalle no conocía el teme de perseguir a los cómicos. De todas maneras, si lo hiciera, me parecería lo correcto. Como cómico sentiría que estoy en mi sitio. El cómico no debe formar parte de la sociedad, el cómico debe ser un outsider. En España, en el Siglo XVII existía el concepto de “cómicos de la legua”, eran los cómicos que iban a entretener a la gente de la población, se les permitía entrar para entretener pero no se les permitía formar parte de la comunidad ni siquiera dormir esa noche en la población, debían dormir al menos a una legua de distancia de la ciudad o del pueblo. Pienso que ese es el puesto de un cómico, estar fuera de la sociedad y simplemente hacer pequeñas incursiones y volverse a salir. Cualquier cosa que sea del Statu quo de la sociedad, perseguir a un cómico, pienso que es el estado natural de las cosas; me parecería bueno que Donald Trump empezara a perseguir humoristas.

Me parece bueno preservar el estatus marginal del cómico, pero incluso, reforzar los límites de la comedia y los límites del humor en general; pienso que sí existen los límites del humor y eso ayuda al cómico, el saber dónde está la línea; de lo contrario, el cómico se movería en una especie de nebulosa intangible, yo por lo menos no sabría cómo moverme, pero si sabes, y tienes muy claro dónde está la raya, dónde está el límite, eso te ayuda a saber donde tienes que empujar; que haya un muro, lo básico que se necesita para empujar es que haya un muro, entonces los límites del humor, en ese sentido, son necesarios para la comedia.

 

¿Considerarías tu comedia como una forma de ejercer la Anarquía?

La anarquía, igual que la libertad o el erotismo, es como esa ilusión, esa ambición, un cómico tiene que apuntar a eso, pero claro, un cómico no se mueve al nivel sólo de la teoría, sino que se mueve también en el mundo real; ahí entran los límites del humor, como te decía al principio con la definición del Punk, que es hacer las cosas a tu manera a pesar de cómo se hayan hecho antes; digamos que un cómico tiene que intentar hacer las cosas a su manera pero tiene que guardar una responsabilidad, porque sino no hay manera de que esa liberta cobre cuerpo, porque cobrar cuerpo en el fondo es cobrar límites; el cuerpo existe porque está limitado, sino esa carne y esos huesos se esparcirían por el espacio sin ningún sentido. Es necesario para que las cosas se materialicen, ponerles límites, delimitarlas, y un cómico aunque aspire a la libertad, al erotismo a la anarquía, debe tener responsabilidad con esa idea, y la responsabilidad es en primer lugar con el público, la responsabilidad de entretener a la gente que viene a verte. Es esa tensión entre hacer las cosas a tu manera y guardar cierta responsabilidad con el contexto y las circunstancias que te rodean.

 

¿Toda comedia es política?

Si claro, cualquier acción tiene en el fondo una intención política o se podría colocar con un sentido determinado en cuanto a un comportamiento político, pero en el fondo eso sería menospreciar mucho la comedia, interpretarla como algo político; eso significaría que estamos utilizando a la comedia como una herramienta, la estamos instrumentalizando, significaría que estamos bastardeando la comedia, eso sería muy miserable. La comedia, la Commedia, la más pura, debe estar por encima del bien y del mal, digamos que es un mono disparando con una pistola en muchas direcciones; no es posible domesticar a la comedia, no la puedes utilizar para tus propios fines, porque ya no es comedia, sería una herramienta más. La comedia está por encima de todo eso, por encima de ti mismo y es en ese plano superior en el que se sitúa, por encima de cualquier instrumentalización humana. Por eso mismo, un humano no debe estar demasiado tiempo en contacto con la comedia, perdería la cabeza, debe estar en contacto con ese punto de vista supremo durante unos segundos, de lo contrario enloquecería.

 

¿Es El fin de la comedia (2014–2017) una puñalada a la conciencia del espectador, tal y como lo hiciste con el sillón de La Resistencia?

Es gracioso comparar lo de El fin de la comedia con el apuñalamiento del sofá. No es que hubiera una intensión transgresora o provocadora per se, con la serie, simplemente lo bonito fue que nos juntamos con unos amigos a hacer algo; pero es verdad que la comedia es violencia en el fondo, en el sentido de que el amor también es violencia, quiero decir, en cuanto eliges un punto de vista, en este caso cómico o afectuoso en el caso del amor, básicamente lo que estás haciendo es resaltar algo por encima de todo; hay un orden determinado donde están todas las cosas conviviendo y de repente, gracias a la comedia o gracias al amor –fíjate, la comedia y el amor tienen un poder último muy similar y es destacar una cosa por encima del resto– destruyes ese sistema determinado. Ejerce violencia como una bomba atómica en el sentido que destruye esa dinámica de electrones y protones que hay previamente, esa naturaleza del átomo se destruye de una forma para crear una explosión. El amor y la comedia se comportan de una manera muy similar y el amor y la comedia comparten esa fuerza final última que es la conciliación. Me disgusta mucho que se pretenda relacionar la comedia con la ofensa y ese tipo de cosas porque igual suceden, pueden darse en la realidad, pero el bien último de la comedia, igual que el amor, es la conciliación, es conseguir tender un puente entre dos cosas que previamente, ni se te había ocurrido que podrían estar relacionadas; el amor y la comedia consiguen eso: la conciliación de un grupo de cosas por encima del resto, por encima de la masa.

 

“A la gente se le debe enseñar lo que es, no lo que debería ser. Todo mi humor está basado en la destrucción y la desesperación. Si el mundo entero estuviera tranquilo, sin enfermedad ni violencia, estaría en la línea del pan, justo detrás de J. Edgar Hoover”, dijo Lenny Bruce (1925–1966). ¿En qué está cimentado el humor de Ignatius Farray?

Qué bonita la cita y que apropiada, mis cimientos de la comedia, digamos que es fingir, fingir y fingir hasta que algún día me salga de verdad. No hay otro camino.

 

¿Cómo llegaste a 31-D. Golpe de Gracia (2019), el proyecto humorístico de José Mota?

Mi hijo adora a José Mota, le encanta. Yo lo comentaba en el programa de radio que tenemos de La vida Moderna en España y a José Mota le hizo mucha gracia eso y continuamos con la broma, entonces por ahí se le ocurrió a él invitarme para la grabación de ese especial de comedia para Noche Vieja.

 

¿Qué opinas del trabajo de Norm Macdonald, leíste su libro Based on a True Story: A Memoir (2016)?

Tengo ese libro, pero como te dije antes, no me lo he leído. Sí que lo tengo y tiene buena pinta la verdad, y Norm Macdonald me parece un tío muy gracioso.

 

¿Si te dieran a elegir la vida de un personaje de Seinfeld (1989-1998), cuál elegirías?

A mí me encanta Seinfeld, me acuerdo de ver la serie antes de que yo incluso empezara a actuar, y me parecía maravilloso porque –no sé qué edad tendría– aquello fue antes de irme a Londres. Estuve viviendo ahí dos años, fue donde empecé a ver más cómicos y fue lo que me animó para cuando volví a España a empezar a actuar; lo de ver la serie Seinfeld fue incluso previo a eso. Para mí era maravillo porque yo lo que quería ser más que cómico era vivir la vida de un cómico, a mí lo que me apetecía era formar parte de ese grupo y me daba mucha curiosidad cómo era la vida de un cómico. A la hora de proyectar mi propia vida, me lo imaginaba incluso a través de la serie Seinfeld y a través del propio Jerry Seinfeld, que a lo mejor no podemos estar más alejados el uno del otro, pero para mí era un canalizador para imaginar y vislumbrar cómo era la vida de un cómico, y en ese sentido, la vida que a mí me apetecía llevar.

 

¿Tu nueva manera de actuar caracterizado del Capitán Spaulding (House of 1000 Corpses) se debe a las declaraciones de Arturo Pérez–Reverte sobre tu trabajo?

Gracias por decírmelo, es una sorpresa para mí, no sabía que Arturo Pérez-Reverte había hablado sobre ese tema en concreto, de todas maneras fue casualidad la caracterización, yo ni conocía al Capitán Spaulding ni la película, vi una foto de casualidad y le dije a la maquilladora que podía ser buena idea maquillarme así para salir en la tele; fue para el programa que hice Roast Battle, que se hizo en Comedy Central España.

 

¿Qué es la paternidad para Ignatius Farray?

La paternidad es una responsabilidad, antes habábamos de la responsabilidad, pues la paternidad es una. Básicamente la paternidad es responsabilidad, en el sentido etimológico incluso, de respon-sabilidad, de responder. Un padre es alguien que tiene que estar dispuesto a responder siempre, siempre se tiene que contar contigo y te tienes que inventar las repuestas incluso (risas), pero como decía el poeta: la verdad también se inventa.

 

¿Qué es lo más Punk que has hecho en toda tu vida?

Lo más Punk que puede hacer una persona es seguir viviendo, porque seguir viviendo es exponerse a la incertidumbre. Hasta que no termine la vida uno no puede estar seguro de nada. Exponerse a seguir viviendo; vivir peligrosamente (risas) sería un romanticismo, de mirar al abismo, pero es que ni siquiera se necesita eso, sino simplemente exponerse al segundo siguiente, al espacio siguiente, ya es muy Punk.