Rayuela-Julio-CortázarEsta mítica novela de la Literatura Latinoamericana es un libro del que se ha hablado mucho, quizás mucho más de lo que se le ha leído. Se inscribe para siempre en la Historia de nuestras letras por el parteaguas que marcó, en conjunto claro, con otras publicaciones latinoamericanas de la época, de mano de autores que pusieron de moda a la región y al tipo de nueva narrativa que empezaba a gestarse.

Claro está que mucho de lo que Cortázar vuelca en este libro, nos parece hoy en día agua pasada. Hace mucho rato que los lectores, sobre todo los buenos lectores, no son más lectores “hembra”: una figura que se refería al lector que solo necesitaba pasar sus ojos por encima de las palabras, puestas estas linealmente y capaces de contar y describir la historia, y que no necesitaba ir más allá para comprender a los personajes o armar la historia en su cabeza.  Hoy, más bien, vamos y venimos de los libros en concepciones diferentes de los tiempos, saltando de fuente en fuente, y a veces mezclando lecturas o referencias, y es habitual que nuestro armado de la lectura sea tan sui generis como nosotros mismos.

Pero Cortázar tuvo la genialidad de mantener el oído abierto a los vientos de cambio de su tiempo, y asir para si y para su manera de narrar, lineamientos contemporáneos como el psicoanálisis, la deconstrucción y el cubismo. Tuvo la genialidad de entender el hecho literario, desde la creación a la lectura, como un juego en el que por supuesto debe intervenir el azar. Y tuvo la genialidad de darle un sentido existencialista a la finalidad del juego: la búsqueda del Cielo, el Nirvana, el qué hay más allá y cómo se puede llegar allí.

Rayuela, esta novela que usa como título el clásico juego de niños en el que se salta de casilla en casilla para alcanzar la meta, es principalmente un juego, y así nos invita el autor a leerla: como una historia lineal, o bien siguiendo un complicado tablero según el cual leemos la novela saltando entre capítulos que no parecen seguir una línea narrativa. Muchos de esos capítulos, apenas son fragmentos de artículos de prensa.

La historia la protagonizan 4 personajes que sirven de espejo en duplas: Horacio y Traveler, y la Maga y Talita. Horacio y la Maga conforman la pareja principal en la temporada que Horacio pasa en París, en donde forma parte de un grupo de intelectuales de poca monta llamado El Club de la Serpiente. Horacio muestra su nivel intelectual usando a la Maga como contraste: una chica de pocas letras pero con ansias de pertenecer a ese mundo “raro” de los del Club. Horacio quiere alcanzar el Nirvana mediante la razón, mientras que la Maga, irónicamente, pareciera haberla alcanzado sin saberlo, mediante los sentidos.  ¿Se enamora Horacio de la Maga? ¿Quizás no tanto como ella?

La estada en París de Horacio no tiene un buen final y debe regresar a Buenos Aires donde lo recibe su amigo de siempre, Traveler (quien a pesar de su nombre, nunca salió de su ciudad, como no fuera por medio de la lectura) junto con su mujer Talita, una especie de alter ego de la Maga. Los tres establecen una especie de triángulo amoroso que llega a su punto culminante en el hospital psiquiátrico donde trabajan los tres.  Un escenario clave en una obra que tiene mucho que ver con el entendimiento de la locura y la cordura.

Hay sin embargo un quinto personaje a tener muy en cuenta: Morelli.  Este autor venerado por el Club de la Serpiente, cuyos manuscritos y reflexiones conocemos en la lectura que sigue el tablero de juego, se muestra como la teoría que sustenta la novela que tenemos en la mano.  Al mismo tiempo que leemos la novela que Morelli quería escribir (o escribió), estamos leyendo también acerca de sus ideas sobre cómo deben escribirse las novelas y desarrollarse los personajes e invitar al lector a abandonar la figura de “lector-hembra”.  Este es el personaje en el que nos parece ver claramente a Cortázar: ordenando sus personajes desde dentro mismo de la novela, desde la cama de un hospital.

Esta fantástica novela, que ha sido favorita sobre todo de las generaciones jóvenes, en ocasiones parece ser un compendio de ideas sobre el colapso de la Cultura Moderna Occidental. Es ciertamente una invitación a la búsqueda de ese Cielo, de ese sentido de la vida.  Y el parámetro para encontrarlo es precisamente el que cada individuo quiera seguir, saltando casillas, volviendo a empezar, regresando, empujando una piedrita con la punta del zapato.

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