Gide el (in)moralista

¿Qué concepción del arte se esconde detrás de los discursos de aceptación de los premios Nobel de literatura?

En 1947 el premio Nobel se otorga al francés André Gide (1869-1951) por una escritura imbuida, según el comité, de un “valiente amor por la verdad” y una “aguda intuición psicológica”. Desde temprano Gide se abocó a escribir, primero componiendo poemas y luego publicando su primera novela, Los cuadernos de André Walter, a los 21 años. Sus viajes por Africa, su amistad con Oscar Wilde y la exploración de su homosexualidad son los eventos formativos como persona y como escritor. Fue una cabal representación del hombre de letras: escribió diarios, diarios de viaje, cartas, poemas, obras de teatro, novelas, ensayo y crítica literaria.  Entre sus viajes más notables se encuentran el realizado al Congo en 1927 y a la Rusia soviética en 1935, después de la cual realizó una aguda crítica al régimen comunista que le valió el desprecio de la izquierda francesa. En la presentación de la Academia se lo caracteriza como un Proteo y no porque pasa de un principio simbolista a anticipar las críticas al colonialismo que luego serían moneda corriente en los años cincuenta, sino por la lucha que hay en su espíritu entre razón y pasión, la lucha por “osar ser uno mismo” y con ella el intento de demoler las costumbres burguesas heredadas del siglo XIX. Esta idea de la moralidad como “sinceridad” sería retomada por los existencialistas Sartre y Camus y sus ideas en torno a la autenticidad. A pesar de que Gide dijera que de su toda su obra prefería su Diario (1899-1949), el texto más destacado es El inmoralista (1902). El narrador-personaje narra las desventuras de Michel, el “inmoralista”, un hombre estudioso y ascético que viaje por Europa y Africa, cae enfermo y luego de su recuperación cobra mayor interés por los placeres sensuales. Pero es en Los sótanos del Vaticano (1914 )donde aparece el famoso “acto gratuito” de uno de sus personajes, Lafcadio, quien sin motivo alguno, arroja a un pasajero de un tren. Detrás de este acto, hay toda una filosofía: las acciones debe ser totalmente libres, y en ese “acto gratuito” se delata lo particular de cada individuo. Gide no pudo asistir a la ceremonia de premiación, pero envió un breve texto donde cree que la Academia no lo premia a él sino al “espíritu que representa”

             Y el pescador dijo: “Habla y abrevia tu relato

porque de impaciente que se halla mi alma

se me está saliendo por el pie”.

Las mil y una noches, “Historia del pescador y el efrit”.