El Grupo D fue llamado “de la muerte”, expresión exagerada para resaltar que en su composición había muchos “pesos pesados” y solo dos pasarían de ronda, como máximo: los ex campeones Inglaterra, Italia y Uruguay, junto a la “débil” representación de Costa Rica. La competencia comenzó con una sorpresiva victoria centroamericana sobre la “celeste” (3-1) y un atractivo triunfo italiano frente a la delegación británica. En la segunda fecha, Uruguay se recuperó y eliminó a Inglaterra, mientras que Costa Rica volvió a conmover a sus hinchas con otra gloriosa jornada, ante Italia, al consagrarse como uno de los “sobrevivientes” del peliagudo cuarteto. En ese contexto, el 24 de junio, en el Estádio das Dunas de la ciudad de Natal, sudamericanos y azzurrise juntaron para disputar un partido más caliente que el clima brasileño, que esa jornada elevó el mercurio del termómetro hasta el grado 33. Los europeos contaban con la ventaja de tener mejor diferencia de gol, por lo que un empate les bastaba para pasar a la siguiente fase. El encuentro resultó trabado, tenso, chisporroteante. En el segundo tiempo, con el marcador todavía en cero, el referí mexicano Marco Rodríguez expulsó al italiano Claudio Marchisio por haber aplicado un planchazo a la pierna derecha de Egidio Arévalo Ríos. La rigidez no se disipó y, diez minutos antes del final, el defensor Giorgio Chiellini y el delantero Luis Suárez –quien un mes antes había sido operado de los meniscos de la rodilla izquierda y había logrado una espectacular recuperación, aunque se había perdido el debut ante Costa Rica- chocaron y cayeron juntos dentro del área azzurra. Rodríguez marcó tiro libre para Italia mientras el zaguero se revolvía de dolor y denunciaba haber sido mordido por el atacante celeste. El árbitro dejó pasar el reclamo, puesto que no había advertido nada, al igual que sus colaboradores. El juego prosiguió y, un minuto más tarde, el oriental Diego Godín anotó de cabeza el único tanto del encuentro. Tras el pitazo final, los eliminados italianos se quejaron de la indulgencia del referí hacia Suárez y elevaron una protesta. La FIFA recogió el guante, analizó las imágenes del encuentro, advirtió que el uruguayo tenía antecedentes en la materia –en 2010, cuando integraba el equipo del club holandés Ajax, recibió siete partidos de suspensión por haber mordido a un colega de PSV Eindhoven, Otman Bakkal; en abril de 2013, durante su paso por el equipo inglés Liverpool FC, hizo lo mismo al defensor serbio de Chelsea FC Branislav Ivanovi? y fue castigado con otras diez fechas- y decidió inhabilitarlo de oficio por nueve encuentros oficiales de la selección uruguaya, tras encontrarlo culpable de “haber cometido una ofensa a la deportividad contra otro jugador”. Suárez se quedó sin Mundial, pero el castigo no se circunscribió solo a jugar: “Durante cuatro meses, se le prohíbe a Luis Suárez ejercer cualquier clase de actividad relacionada con el futbol, administrativa, deportiva o de otra clase”, lo que vetó sus entrenamientos con Liverpool, y también “entrar en los recintos de todos los estadios durante el periodo de duración de la prohibición”. “El jugador tampoco podrá entrar en los recintos del estadio en el que la selección uruguaya dispute un encuentro mientras esté cumpliendo con los nueve partidos de suspensión”, prosiguió el fallo, que también impuso una multa de 100.000 francos suizos. El polémico caso dio la vuelta al mundo y trascendió las fronteras futboleras. En varios países aparecieron los destapadores de bebidas con la cara del futbolista y sus prominentes dientes como palanca. En Suecia, una empresa de artículos de estimulación sexual lanzó la “Pinza Suárez”, un producto para estimular los pezones. Tal vez, lo más curioso del caso resultó que 167 personas de veinte países apostaron antes del inicio del certamen, a través del sitio web de la casa de juegos Betsafe, que el delantero uruguayo recurriría a sus dientes para agredir a un oponente. Los ganadores embolsaron un premio equivalente a 175 veces el valor de su postura.

Cumplida la suspensión, Suárez pasó al FC Barcelona. Tres años más tarde, volvió a encontrarse con Chiellini dentro de una cancha cuando el equipo catalán se cruzó con Juventus de Italia en los cuartos de final de la Champions League. Los futbolistas, esta vez, se trataron con enorme corrección y, cuando finalizó la competencia, intercambiaron sus camisetas.

 

 

 

 


Por Luciano Wernicke (Buenos Aires, 1969). Periodista, docente y escritor. Ha trabajado para diversos medios de comunicación de su país, Colombia, Inglaterra y Escocia. Es autor de numerosos libros sobre deportes, entre ellos Historias insólitas de los Mundiales de fútbol (Planeta, 2010), Historias insólitas de los Juegos Olímpicos (Planeta, 2011), Historias insólitas del fútbol (Planeta, 2013), Historias insólitas de la Copa Libertadores (Planeta, 2015), Historias insólitas de la Copa América (Sudaquia, 2016), Palabras redondas (Planeta, 2016), ¿Por qué el fútbol se juega once contra once? (Planeta, 2107), y las biografías de Carlos Bilardo Doctor y campeón (Planeta, 2014), James Rodríguez Nace un crack (Planeta, 2014) y Mario Kempes, el Matador (Planeta 2017).

Muchas más historias como esta(s) en Historias insólitas de los Mundiales de Fútbol de Luciano Wernicke.

© 2018, Suburbano. All rights reserved.