Extremo occidente: Dixie

El viejo Sur se resiste a perder sus señas de identidad y emplea en su resistencia el mismo método empleado para igualar el resto del país: el cine y la televisión. En realidad, por largo tiempo, e incluso en filmes recientes como Gods and Generals (2003) – donde el papel de Robert E. Lee es interpretado por uno de sus parientes lejanos, el actor Robert Duvall – o Gettysburg (1993), los rebeldes del Sur han sido mejor tratados que los unionistas del Norte, al menos los unionistas negros del Norte. A fin de cuentas The Birth of a Nation, el primer gran largometraje histórico norteamericano tiene por héroes a los fundadores del Kluklux-Klan.

El Norte pudo ganar, y además tener la razón en cuanto al tema de la esclavitud, pero el Sur supo crear una mitología mucho más atractiva en medio de su derrota. Las grandes mansiones, de las que en realidad hubo tan pocas; las fiestas y el código de honor sudista, que tantos duelos innecesarios causó antes, durante y después de la guerra; la identificación de la causa perdida del Sur con las novelas de caballerías de Walter Scott, que ya fue en su día ridiculizada por Mark Twain, contribuyeron a hacer olvidar los aspectos más oscuros de la sociedad esclavista. Shirley Temple interpretó por lo menos a dos hijas de militares sudistas –y siendo ella su hija, ellos tenían que ser buenos—en The Little Colonel (1935) y The Littlest Rebel (1935). Gone with the Wind (1939) ofrece la imagen de un Sur en el que los negros eran felices de ser esclavos. Una imagen que reaparece en Goods and Generals (insisto, del 2003), donde al principio del film un general sudista, Thomas ‘Stonewall’ Jackson, contrata un cocinero personal negro, pero libre, que en su entusiasmo por la causa confederada fue capaz de avergonzarme hasta a mí, que por largo tiempo tuve una bandera de batalla del Sur colgada encima de mi cama. Presentado así el que es prácticamente el único negro con un papel hablado del film, uno tiene que preguntarse si de veras era tan necesaria la idea de liberar a su gente… Si hasta Walt Disney en Song of the South (1946), un film que ya no circula ni es reestrenado en los Estados Unidos, nos mostró cómo en el fondo los negros del Sur, representados por el personaje del Tío Remus, sentían nostalgia por la vieja sociedad plantacional que les permitía pasar tantas tardes felices, trabajando al aire libre y cantando, aunque a veces encadenados, en compañía de sus amigos más próximos, recogiendo el algodón del amo.

Sin caer necesariamente en el racismo, ni en el tema de los Derechos de los Estados o la Secesión, lo cierto es que el Sur ha sabido mantener por más tiempo que otras partes del país su autonomía regional en temas culturales. El cine, y después la televisión, medios empleados para unificar los acentos y las costumbres del país desde tiempos del New Deal han sido empleados por la antigua confederación para mantener su identidad. Existen otros cines regionales en los Estados Unidos, incluido el Newyorkino de Woody Allen, pero sólo una región que dentro de los mismos Estados Unidos pueda producir películas capaces de competir en éxito de público con las de Hollywood, que por otra parte no duda en situar algunas de sus propias producciones en el Sur.

¿Qué distingue a una producción de Hollywood de un film realmente sureño? No los actores porque Robert Duvall, Billy Bob Thornton o Matthew McConaughey, por no citar sino a tres actores sureños, trabajan indistintamente en filmes de Hollywood y producciones sureñas, sino sobre todo por una forma de narrar que se aleja de las ideas preconcebidas y las situaciones clásicas de Hollywood. A los filmes del Sur no les preocupa tanto divertir desde el primer minuto y son capaces de tomarse su tiempo a la hora de contar una historia. En los auténticos filmes sureños hay una cierta locura anárquica, que impregna todo el texto, incluso cuando los personajes y el mensaje son conservadores, mientras que en los filmes de Hollywood ambientados en el Sur lo único que hay es un acento y un decorado. Los locos del Sur retratados por un director del Sur, incluso aquellos que hacen las veces de antihéroes, pueden ser entrañables; los locos del Sur retratados por un director de Hollywood, incluso cuando son buenos, dan miedo. En los filmes sobre el Sur hechos por directores de Hollywood además hay poca variedad en los personajes. De alguna manera pareciera que el Sur no hubiera cambiado desde el final de la guerra civil, o el comienzo de la lucha por los derechos civiles, y esta región estuviera poblada únicamente por paletos desdentados, racistas, miembros del klan, brutales policías con gafas de espejo, y mujeres de peinado exageradamente alto que en pleno Siglo XXI se siguen comportando como en Lo que el viento se llevó. Son filmes de Hollywood ambientados en el Sur Deliverance y Forrest Gump, con sus paletos idiotas de lento y pesado acento. Son auténticos filmes del Sur Dead Man Walking, The Apostle, e incluso Oh Brother Were Art Thou.

En Dead Man Walking (1995) un asesino múltiple interpretado por Sean Penn, es presentado sin simpatía pero sin odio, como un ser humano lleno de fallos, en medio de un film sobre la legitimidad de la pena de muerte. Por su parte Oh Brother Were Art Thou (2000), un film lejanamente inspirado en la Odisea y ambientado en el Mississippi de la gran depresión, a pesar de lo caricaturesco de los personajes recoge muchos de los temas reales que rodeaban la vida social y política del Sur en los momentos iniciales del New Deal, la pelea entre los viejos políticos y los nuevos reformistas, el resurgir del Klan, las grandes obras públicas y la construcción de pantanos, y una banda sonora que incluye junto a algunas piezas compuestas expresamente para el film otras procedentes del folklore de los Appalaches y el Sur norteamericano. The Apostle (1997), con Robert Duvall, es el retrato de un pastor pentecostal, que podría haber caído en la caricatura fácilmente pero sabe conservar la dignidad incluso de aquellos personajes que están más cerca de la locura, y fue rodada con la ayuda y consejo de numerosos pastores tanto blancos como negros hasta llegar a ser un retrato más que aceptable de la religiosidad popular de aquella región norteamericana.

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