Escribir fuera de la web

Al escribir un artículo o cualquier texto por trabajo o placer, es imposible que comience a teclear con ritmo hasta que no he pasado un tiempo navegando por internet.

Periódicos y redes sociales me llaman con un grito silencioso al cual no me puedo resistir. Pasado un tiempo, corto en mi opinión, observo el reloj y veo aterrorizado lo relativo del tiempo, siempre irrecuperable. Una angustia parecida al miedo se apodera de mi persona y me enfrento acobardado a la página en blanco que me guiña un ojo y me dice: “No te guardo rencor, ¿ya checaste el Twitter?”.

Y así, párrafo a párrafo, de vez en cuando o de forma continua, dependiendo del día y del ánimo, vuelvo una y otra vez a una noticia sobre las ventajas de procrastinar, un vídeo sobre los procrastinadores y su capacidad creativa o un meme de un Batman que me señala y dice: “Work in yout art”. Miento, veo muchas otras cosas que no me sirven absolutamente de nada.

Un día me pregunté si podría trabajar offline y hacer el gran sacrificio por evitar conectarme. Les juro que lo estaba logrando hasta que necesité de un diccionario. Me conecté y me perdí otra vez en las olas de la red, mientras las manecillas corrían sin remedio.

Buscando soluciones, me encontré con un curioso artilugio: Freewrite. Una combinación de máquina de escribir y computadora que sólo te permite hacer una cosa: escribir, por supuesto. Es pequeño y portátil, con un diseño que recuerda mucho a la famosa Enigma alemana. Se puede llevar a manera de portafolio. Con él puedes escribir online u offline. Tiene la capacidad de guardar más de un millón de páginas y la conexión WiFi sólo sirve para que puedas subir los textos a la nube; te permite acceder a Dropbox, Evernote, Drive, entre otros. Cuenta con una pantalla de tinta electrónica, al estilo eBook, y como regalo para los más nostálgicos, el teclado es de switch mecánico, como las antiguas máquinas de escribir eléctrica.

Si vas a la web y ves la maquinita y los gráficos, seguro que dirás que esto es para hipsters. Pero lo cierto es que para mucha gente (me incluyo), es muy difícil concentrarse en la era digital. Estoy convencido que dentro de algunos años, surgirán nuevas patologías ligadas a las pantallas y su infoxicación que cada día nos consume y nos taladra la cabeza con su inmediatez sin reflexión, con su vacío repleto de nada, con su compañía que no mitiga soledades.

Llegó un momento en que pensé en adquirir el Freewrite, me animó la idea de que fue diseñada y construida por un grupo de emprendedores que lograron sacar adelante su proyecto a través de un crowdfounding. Pero entonces vi que costaba $500 dólares (más gastos de envío), y pensé que la fuerza de voluntad es más barata y muchísimo más valiosa. Y aunque tal vez en el futuro compre la maquinita (como pieza única y curiosa), seguiré en mi lucha porque las voces que me invocan desde la red de redes dejen de sonar en mis oídos y logre, de una vez por todas, hacer un artículo del tirón, porque confieso que con éste no lo logré.

 

 

 

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