Entrevista a Jazmina Barrera, escritora mexicana y autora de Cuaderno de faros, Linea nigra y Punto de cruz.

         Jazmina Barrera (México, 1988) es una de esas escritoras imposible de olvidar. Acaba de lanzar Punto de cruz,  y en inglés la editorial Two Line Press publicó Linea Nigra. Lo primero que leí de su autoría fue Cuaderno de faros y a las pocas páginas decidí entrevistarla para el podcast Espiral que conduzco. El estilo elegante y peculiar la ubica dentro de ese raro mundo superlativo de grandes escritoras sub cuarenta. La ficción y la no ficción son parte de su sello, donde el yo pasa a ser un nosotros, lo individual se transforma en lo colectivo y de ahí, a lo inmortal.

         A continuación, algunos fragmentos de la conversación que sostuvimos vía zoom a fines de junio del 2021. ¿Cómo es su proceso creativo? ¿Cómo organiza la biblioteca que comparte con el escritor chileno Alejandro Zambra? ¿Cómo ha sido la maternidad? Además, platicamos sobre sus autores de cabecera, cómo organiza la biblioteca y sus silencios.

         KC: Tu libro Cuaderno de faros (Editorial Montacerdos, 2017) me lo leí lentamente como diciendo «no lo quiero terminar». Descubrí una mujer que transmite mucho a través de la escritura, es muy porosa. No tengo idea, si mi interpretación de la autora es correcta o no, pero la profundidad de lo que escribes y la belleza, es algo magistral, magistral, magistral. Yo estoy segura de que nos vas a dar muchísimo de qué hablar en el futuro. Me pregunto, ¿qué tan lejos tendría que ir para escuchar el silencio? Eso aparece en la página 39 sobre «¿qué tan lejos has tenido que ir para escuchar el silencio?».

          JB: Pues en esta ciudad (México) es complicado, y es algo por lo que hay que luchar, yo creo que el silencio es un derecho. El silencio absoluto, como sabemos, no existe, pero cierto grado de tranquilidad, de paz y de silencio, me parece un derecho humano, creo que ya está estipulado de hecho así en muchos lugares; en la Ciudad de México lo está, pero no se respeta. Hay ruido de construcciones, de radios, de gente que pasa- Y hay aquí un par de lugares, el bosque de Chapultepec, que yo tengo muy cerca, y de pronto salir un poco de la ciudad a lugares cercanos, ahí se puede escuchar todavía algo más cercano al silencio.

        KC: Tienes un hijo pequeño, que me encanta el nombre: Silvestre, evoca muchas cosas. Y ser mamá y trabajar en la misma casa con el marido, que también es escritor, Alejandro Zambra. Quizás un niño es lejanamente lo que se podría decir un sinónimo de silencio, más todavía en pandemia, ¿o no?

         JB: Sí, y más con tres años y está más platicador que nunca, habla hasta por los codos. Todo el tiempo requiere una atención permanente y está en esta etapa narcisista de los niños en que son el centro del mundo; entonces todo el tiempo quiere que hablemos con él, todo el tiempo quiere que lo tengamos entretenido. Y sí, de pronto llego a extrañar la soledad y la quietud. Pero bueno, tengo mis momentitos de vez en cuando.

          KC: Trabajas en Ediciones Antílope, donde haces traducciones, escribes, eres ensayista, tienes un montón de facetas. ¿Con cuál te sientes más cómoda o más feliz? ¿La que temes o «te late», como se dice en mexicano?

         JB: Se complementan muy bien mi labor en la edición con mi labor en la escritura. Porque la escritura la hago sobre todo en soledad; por supuesto nunca en soledad absoluta, porque siempre estamos hablando, conversando en la escritura con un montón de otras voces, de otros seres, etcétera. Creo que es una soledad muy populosa, pero sí, es un trabajo del que yo soy 100% responsable y que siempre me genera muchísima incertidumbre. Mi trabajo editorial con el equipo de cinco amigos que somos me genera lo contrario: mucha certidumbre, entusiasmo y satisfacción, una satisfacción muy material, porque ver un libro que tú hiciste, que tú editaste, es una satisfacción muy particular y, además, hacerlo con este equipazo que tenemos en Ediciones Antílope, es maravilloso.

          KC: Hablaste de la incertidumbre y leí que la escritura es incertidumbre, ¿no?

         JB: Sí, permanente, de todo tipo. También hay certidumbres, estos breves pedacitos de iluminación donde algo cuaja, donde algo embona, donde algo sientes que funciona. Yo creo que hay ciertas certidumbres, pero básicamente lo demás es incertidumbre. ¿no? ¿Quién va a leer esto?, ¿cómo lo va a leer? Todo eso, por ejemplo, es incertidumbre. Yo lo único que controlo son las palabras en el papel y lo que pase con ellas después es puro misterio.

         KC: Es el misterio de la creación, es el misterio de la vida. Esta es una pregunta que se me ocurrió así, me da la sensación que eres una persona muy profunda y sensible. ¿Cómo ha sido vivir contigo misma?

         JB: ¿Cómo ha sido vivir conmigo misma? Bueno, complicado, como a todos nos sucede. Y, por suerte, creo que bueno, no por suerte, yo creo que en parte porque crecí en el ambiente en el que crecí, soy así. Y entonces, crecí en una familia muy tolerante, muy abierta, muy cariñosa, muy afectuosa, y con sensibilidades que seguramente educaron, la que tengo yo hoy: por lo tanto, muy compatibles. Mi madre es pintora, mi padre es museógrafo, la ciencia y el arte siempre han estado muy presentes en mi familia y es algo que yo comparto profundamente.

          KC: Cuando leí Cuaderno de faros, me quedó la sensación de que tu estadía, tu vida en Estados Unidos fue siempre un echar de menos México.

          JB: Fíjate que no lo fue siempre, lo fue mientras escribía este libro, sin duda. Estaba yo, creo que profundamente deprimida; además, me tocó el invierno en Nueva York, estaba con el corazón roto, todo estaba mal, entonces extrañaba mucho México… Yo creo que en parte, escribir ese libro me curó un poco, porque casi, digamos, que al terminarlo empecé a pasarla francamente bien y me enamoré de Nueva York. Muchos de los momentos más felices de mi vida sucedieron en esa ciudad, y ahí conocí a Alejandro, y ahí me enamoré de él. Y es una ciudad, que si fuera yo millonaria jamás habría dejado.

          KC: ¿Y sigues coleccionando faros o cambiaste la colección?

        JB: Pues sí, también cambié un poco la colección.  Mi siguiente libro que acaba de salir en Chile que se llama Linea nigra, habla más bien de maternidad. Ese libro es una especie de colección, también de  referencias a artistas visuales y escritoras que trabajaron el embarazo, el parto y la lactancia en su obra. Es una especie de novela y también habla de mi experiencia personal, pero, además, es también una especie de colección. Y tengo más adelante una novela o una especie de colección de historias y referencias y fragmentos sobre la historia del bordado.

         KC: El tema de la maternidad es algo que me llama la atención porque no sé si está de moda o no, o se ha abierto la posibilidad de elegir si uno quiere ser madre o no. Incluso, ya llega a llamar la atención las escritoras contemporáneas que eligen serlo; como que hay una postura, no sé si a nivel latinoamericano, puede ser, pero la he visto mucho a nivel norteamericano o europeo. ¿Qué funciónh a cumplido en ti como mujer, pero también como profesional, la maternidad? ¿Cómo fue ese proceso de decisión? ¿Era obvio o no era obvio?

        JB: Pues yo creo que siempre es una decisión muy personal y que por un lado pasa por lo racional, por lo económico, por lo social, por lo ecológico, pero también pasa por una parte totalmente irracional, ¿no? Por lo menos en mi caso, esto que llaman baby fever, que yo antes nunca había tenido, ni me planteaba tener hijos. Cuando conocí a Alejandro de inmediato me pareció una posibilidad muy seductora, por la relación que teníamos, por el equipo que armamos, que se sentía que un invitado más a ese equipo la pasaría muy bien, que todos lo pasaríamos muy bien con otro invitado a esa fiesta, básicamente. Pero, no era algo que yo en abstracto me planteara. Desde que publiqué este libro de Linea nigra me he visto en la necesidad de defender mi decisión de ser madre, que es algo muy inquietante, porque creo que nadie justifica su decisión de no sé… operarse la nariz o de practicar ciertos deportes; pero es muy cuestionada la maternidad por todos lados. Y bueno, por supuesto hay motivos para que sea así. La maternidad durante mucho tiempo significó para las mujeres, represión, e incluso casi esclavitud; pero yo creo que cierto lado del feminismo de pronto se fue hacia el otro extremo: como la maternidad había significado tanto dolor y tanta opresión para las mujeres, entonces, había que erradicarla. Y creo que no, yo creo que la maternidad es una posibilidad y es tan válido decidir ser madre, como decidir no ser madre; por lo que ha luchado tanto tiempo el feminismo es por esa frase «mi cuerpo es mío y yo decido» y en ambos sentidos, yo decido no tener hijos, yo decido sí tener hijos.

            KC: Pero te ha tocado que te pregunten desde la curiosidad y  que te pregunten desde la visión política.

           JB: Sí me ha tocado desde la visión política, y creo que hay muchos factores ahí que hay que tomar en cuenta. Creo que, por un lado, es importante la labor que hacemos como madre y hay que reconocerla, estamos criando los próximos ciudadanos de este mundo, estamos creando la próxima mano de obra en muchos sentidos, a las personas que van a cuidar a los adultos mayores, incluso a los adultos mayores que decidieron no tener hijos. No se necesita gente joven para que cuiden a esas personas. No es un trabajo desdeñable en absoluto; al contrario, es un trabajo fundamental. Y en vez de castigarlo, en vez de minimizarlo, creo que tenemos que apoyarlo.

           KC: En ese sentido, ¿quizás nos influyó para bien o para mal la visión, —estoy hablando desde el mundo de la escritura—, de Virginia Woolf y Simone de Beauvoir que no fueron madres, como referentes?

          JB: Bueno, por ejemplo, la historia de Virginia Woolf es que ella quería ser madre, y no se lo permitían por sus depresiones y por sus problemas psicológicos. No se lo permitían su esposo y su hermana y sus doctores, básicamente. Entonces, ella creció un poco, ella vivió un poco esa esa represión, ella quería ser madre. A pesar de que, claro, su libro Un cuarto propio habla mucho de la necesidad de tiempo y dinero, que son dos cosas que te quita definitivamente la maternidad, para poder dedicarte a ser escritora. Y Simone de Beauvoir, sí, yo creo que influenció profundamente el pensamiento feminista. Y a mí me parecen ideas fundamentales porque claro, o sea, por tanto tiempo se consideraba que la mujer solo se realizaba en la maternidad, que su destino era la maternidad, que la maternidad además era en ellas, natural, instintiva.

          KC: Dentro de la literatura, la literatura y la maternidad, el vínculo de madres e hijos, ¿cuáles son los libros que tú dirías que sí o sí hay que leer, que te han marcado?

          JB: Pues bueno, son muchísimos, y al final de Linea nigra lo que hago es hacer una lista de precisamente estos libros. La lista la titulé «Libros que leí mientras amamantaba» y  todos o casi todos son libros de maternidad,o  que tienen que ver con la maternidad de una forma u otra. Es difícil para mí elegir; pero, por ejemplo, un libro que es menos literario y más ensayo, o sea más de divulgación, creo yo, pero que me parece fundamental, se llama Mamá desobediente de Esther Vivas: es un libro que precisamente trata de reconciliar la maternidad con el feminismo desde muchísimos ámbitos. Habla de cómo el patriarcado coartó el parto, de la violencia geriátrica, de la lactancia, de todas las políticas públicas que tenemos que seguir peleando, pero también de los estereotipos culturales alrededor de la madre y un montón de cosas que a mí me parecen utilísimas. Es el libro que regalaría a cualquier amiga mía que estuviera embarazada, inmediatamente. Y luego ya en un plan más literario, Pequeñas labores, para mí fue un libro muy importante que traduje con Alejandro mientras estaba embarazada, y me parece muy importante porque creo que es un libro que rescata o que aborda la maternidad desde la inteligencia de la curiosidad y el asombro, el humor, que son cuestiones que muchas veces se dejan de lado y que Rivka Galchen lo hace maravillosamente; ese fue un libro muy importante. Y bueno, ya de ahí en adelante, Sylvia Plath su libro Tres mujeres y Motherhood de Sheila Heti, Ongoingnesses de Sarah Manguso. Hay un montón de libros que son los que están en esa lista.

           KC: ¿Eres de estas lectoras que subraya, que lleva una bitácora, que escribe las citas?, ¿cómo son tus lecturas?

          JB: Creo que por eso también sigo prefiriendo los libros físicos a los libros electrónicos, aunque entiendo sus mil ventajas y me parece fabuloso que existan. Pero, además, sobre todo en este tiempo de pantallas permanentes, para mí no hay nada como apagar el mundo y sumergirse en un libro y poder hojearlo, y poder ver cuánto me falta de este capítulo, y regresar al capítulo anterior, y subrayar y hacer dibujos. Sí, yo necesito esa interacción material con los libros.

          KC: Y me llamó mucho la atención también, en una entrevista que les hicieron sobre la biblioteca que tienen ustedes, en conjunto a ti con Alejandro, que Alejandro se llevó muy poquitos libros de su biblioteca a México, que eran más de cuatro mil títulos, y que ustedes organizan por idiomas los libros. Y siguen más que por géneros, por idiomas ¿Qué idiomas tienen ahí, en esa biblioteca, que dice tanto de una persona o una pareja en conjunto?

          JB: Mira, tenemos a los chilenos en un librero y tenemos el resto de la literatura hispánica en otro librero; luego tenemos inglés, tenemos ruso, tenemos francés.

          KC: Ah, es por origen, porque ustedes no saben ruso.

          JB: No, por la lengua de origen, sí así es. Y tampoco eso es todo; también tenemos pequeñas selecciones temáticas: tenemos gatos, tenemos faros, tenemos feminismo, y tenemos dos libreros que están ordenados por colección, o sea por serie de libros, cuando alguna editorial hace una serie que tiene coherencia.

           KC: ¿Y por qué tu libro se titula Línea nigra y no negra?

           JB: Es el término en latín, el término médico para la línea oscura que aparece en el vientre de muchas mujeres cuando se embarazan.

          KC: Y tienes un libro escrito también cuando fuiste a NYC y lo dejaste ahí, macerando, y que creo  es el que ahora vas a lanzar sobre la historia, ¿me equivoco o lo vas a dejar ahí?

           JB: No, tengo muchos libros en los cajones que creo que ahí se quedarán. Y creo que está bien, o sea, creo que son ejercicios que te llevan a otros textos, que informan otros textos, que sirven para lo que haces después y no estoy segura de si algún día recuperaré esa historia, aunque era una novela sobre coleccionismo. Así que parte de lo que hay en Cuaderno de faros tiene que ver con eso. Y bueno, a mí me parece bien, yo creo que no todo tiene por qué publicarse en la vida, como que son actos distintos, el acto de escribir del acto de publicar, requieren cosas distintas y creo que la escritura siempre vale la pena, más allá de la publicación.

           KC: ¿Cuáles son tus autores o autoras predilectas? Esos que tú dices me marcaron, o me están marcando; porque eso va cambiando también.

          JB: Las que tengo ahí de cabecera casi siempre son Virginia Woolf, Natalia Ginzburg, Rosario Castellanos, Josefina Vicens, como muy clásicos a los que regreso una y otra vez. David Markson también me gusta mucho. Margo Glantz, Perec. Sí, yo creo que eso serían de mis clásicos.

 

Si quieres leer la entrevista completa o escucharla, o conocer mas de Karen Codner, visita la página web www.karencodner.com

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