Foto de Daniel Talavera
Foto de Daniela Talavera

Reflexiones de un director de fotografía

En entrevista con Suburbano, el fotógrafo peruano-chileno responde preguntas sobre su oficio, recuerda a Raúl Ruiz y Jorge Teillier y muestra su pesimismo por el estado urbanístico actual de Santiago: “Estamos bastante desnorteados y hemos perdido nuestra relación con la naturaleza”.


 

“La luz es fundamental para el sentido narrativo de una película”, decía Inti Briones en una entrevista al programa de radio El mundo sin Brando en 2010. Nunca le fue fácil definir su oficio de director de fotografía. Ni siquiera cuando actualizaba con frecuencia su blog Viajebeat (hoy abandonado), donde la luz era una palabra que merodeaba por varias de sus publicaciones. “La luz crece y crece, pero no deja de parpadear, a veces me irrita la esperanza”, dice un texto poético que escribió en septiembre de 2005 y se titula Sortie. Quizás todo sea un asunto de iluminación en la vida de Inti Briones, desde su nacimiento en Perú hasta el posterior desarrollo de su carrera en Chile. Y es que cada gesto, cada acción, cada movimiento fueron configurando su forma de ver la vida y el cine. Desde cuando vio la película El chacal de Nahueltoro (Miguel Littin; 1969), clásico del cine latinoamericano, y quedó impresionado por la fuerza de las imágenes. Luego quiso conocer al director de fotografía de esta, Héctor Ríos, quien fue su maestro y lo formó en un taller de fotografía en 1990.

Fue el interés por la cámara, las imágenes y la luz lo que lo trajo a Chile, un país al que estaba profundamente vinculado; es hijo de la antropóloga Sybila Arredondo, exesposa del poeta Jorge Teillier y viuda del escritor peruano José María Arguedas.

Es imposible separar la carrera de Inti Briones de su país adoptivo. En Chile conoció al gran cineasta Raúl Ruiz y fue director de fotografía de varias de sus películas. Todo comenzó con Cofralandes (2002), serie de cuatro documentales que según Ruiz exponía “cosas que sólo son transmisibles en cine”. No es el trabajo más conocido del director, pero tal vez sí una de las películas que más expone eso que fue una búsqueda intensa para él: la chilenidad. Años antes, Briones había trabajado en otro documental clave del cine chileno, Aquí se construye (2000), de Ignacio Agüero, una mirada sobre los cambios arquitectónicos de Santiago en el nuevo siglo, que debiera ser visionado obligatorio para cualquier lector curioso que esté merodeando por acá. Lo que vino después fue una seguidilla de colaboraciones en filmes que fueron una parte de la antesala del gran momento que vive el cine chileno en la actualidad, coronado con el Oscar a Una mujer fantástica. Briones fue el director de fotografía de El cielo, la tierra y la lluvia (José Luis Torres Leiva; 2008), Ilusiones ópticas (Cristián Jiménez; 2009), Huacho (Alejandro Fernández; 2009), Las niñas Quispe (Sebastián Sepúlveda; 2013) y Aquí no ha pasado nada, (Alejandro Fernández; 2016), entre otras. También hay que mencionar su primer trabajo, Tendida mirando las estrellas, del fallecido director Andrés Racz, que comenzó a rodarse en 2000 pero se estrenó recién en 2010 y la película póstuma de Raúl Ruiz, La noche de enfrente (2012).

Su relación con la luz y la cámara llevaron a Inti Briones a ser destacado por la revista Variety en 2013, como uno de los diez fotógrafos a los cuales tener en cuenta ese año, destacando su participación en The Loneliest Planet, su primera cinta en el extranjero, de la mano de la directora Julia Loktev y con Gael García Bernal y Hani Furstenberg como protagonistas. Precisamente esta película, que causó reacciones contrarias en el público en su momento, es uno de los trabajos donde Briones se vio enfrentado a uno de sus mayores desafíos, por tratarse de un filme de muy pocos diálogos, una temporalidad con planos de largos minutos y donde las montañas del Cáucaso en Georgia son algo más que un paisaje.

Inti Briones actualmente pasa la mayor parte del tiempo en Brasil, pero no se siente un residente de este país: “Se acabaron las fronteras”, dice. Sus ideas están cargadas de lecturas y emociones que cita como alguien que se entusiasma por cada cosa que aprende y necesita compartir, tal como el cine y la poesía podrían representar la idea de compartir un viaje o un sueño. Las respuestas de Inti Briones en esta entrevista tienen mucho de esto, de compartir la experiencia. Como ese momento lleno de luz y nostalgia en que nos regala un recuerdo del poeta Jorge Teillier y su visión del cine.

¿Qué es la dirección de fotografía en palabras de Inti Briones?

Hablaré desde la perspectiva de mi limitada experiencia, lo que incorpora un constante cambio y transformación en lo que puede ser mi opinión sobre la dirección de fotografía, puesto que el día a día me va revelando aspectos nuevos de esta forma de aproximarse al mundo de la imagen y los símbolos. Este es un campo de exploración constante, en el que la primera exigencia es enfrentarse a uno mismo y a los propios miedos, acto seguido, al miedo de algunos otros. Hay tres conceptos que (Jiddu) Krishnamurti sugiere que podemos evitar para hacer de la vida un acto de autocostrucción más saludable y sustentable, que me parecen aplicables al proceso de creación. No juzgar. No compararse. No justificarse.

La fotografía, como todo acto creativo, puede limitarse al esfuerzo de ilustración, o registro de un evento en el espacio tiempo y con ello no quiero decir que sea bueno ni malo, simplemente hago mención de ello para sugerir una reflexión, sobre nuestra disposición y por lo tanto consecuencias en el acto de elegir, que queda en evidencia en un espacio al que llamaremos encuadre, cuadro o frame. Si consideramos que las nociones del espacio-tiempo son convenciones, por tanto, un conjunto de símbolos que nos permitirán observar el mundo con cierto sentido común, ¿podríamos decir que ilustrar o registrar un evento para la posteridad es un primer acto poético-caótico, en el sentido de que la imagen o el ánima que hay en ella queda absolutamente a la deriva?

Desde esa perspectiva, me parece que la evocación queda totalmente a merced de un futuro que supuestamente no existe aún, o dicho de un modo más preciso, de otro potencial evento en el que el acto creativo será de total responsabilidad de quien se aproxima al registro o ilustración, sin importar lo que la o las personas que registraron el evento pensaron creyendo que eran objetivos. La no consideración de nuestra responsabilidad en la creación de esa imagen-símbolo, puede tener giros sorpresivos en lo que se quería representar explícitamente y muchos aspectos que no se intuyeron pueden aparecer desde el inconsciente de la nueva imagen, hasta reflejarse en lo opuesto de lo que estaban pensando sus creadores. Buen ejercicio de desprendimiento, pero podríamos decir que en esa condición donde la serpiente se muerde la cola, es que un fotógrafo puede participar ofreciendo su colaboración a quienes lo han invitado al viaje, de hacer una película, por ejemplo.

¿Piensas que ha habido cambios en cómo se compone la dirección de fotografía para el cine, ahora que muchos espectadores ven películas en un computador o un celular?

Es innegable que la música adquiere una sonoridad diferente según el espacio donde se escucha. Considerando que la imagen es luz, hablamos también de una relación de frecuencias de onda que se comporta de un modo u otro según el medio ambiente donde se manifieste, ¿no es así también con cada ser vivo que puede dar cuenta de esos sonidos, temperaturas, sabores, imágenes? Creo que todo suma, pero me parece que hay elementos que trascienden dichas condiciones a las que podemos llamar nuevos soportes, las preguntas universales son transversales a todo desarrollo tecnológico y hasta que no se resuelvan, continuaremos como bien sugería Raúl Ruiz, haciendo de nuestros procesos creativos “un acto chamánico”, que busca entre otras cosas conectar nuestra existencia cientifica con lo divino, con lo sagrado.

Inti Briones y Raúl Ruiz en el rodaje de La mansión Nucingen (2008). Foto de Jean Marc - Barr
Inti Briones y Raúl Ruiz en el rodaje de La mansión Nucingen (2008). Foto de Jean Marc – Barr

¿Qué es lo que más recuerdas de tu trabajo con Raúl Ruiz?

La posibilidad de profundizar asuntos casi metafísicos sin perder el espíritu lúdico y el sentido del humor. Raúl era muy generoso y hasta hoy disfruto de cada minuto compartido con él, hoy leo sus libros para no perder el hilo de la conversación. Con él aprendí que la vida se puede construir y deconstruir de distintas formas y que la visión periférica, la oniria y la realidad fantástica son una llave maestra al jardín de las delicias.

¿Hay alguna película, aparte de El chacal de Nahueltoro, que te haya marcado como espectador por la cámara y la fotografía?

Todas, unas en mayor intensidad, otras en menor intensidad. Considero que cada película, como todo instante en nuestras vidas es una experiencia que queda grabada en cada una de nuestras partículas.

¿Una buena fotografía y cámara pueden salvar una película mal actuada o con mal guion?

La existencia de cada una, en sí misma, ya es un acto de exorcismo, una declaración de principios, una declaración de amor o lo que sea que motive hacerlas. Considero que las películas no precisan ser salvadas, cada una de ellas acaban siendo un acto conjunto, que en su contenido puede hacer sentido o no. Pero lo esencial en cada película ya está en el proceso que les dio vida y hasta su nacimiento. Luego, como toda criatura, se salvan a sí mismas como espejos de nuestro efímero paso por aquí.

¿Es The Loneliest Planet una de las películas más complejas que te ha tocado fotografiar?

Cada película tiene sus particularidades, todas ellas tienen sus desafíos. The Loneliest Planet conversa mucho en términos de logística con Las niñas Quispe, por ejemplo, aunque son muy diferentes. Y El cielo, la tierra y la lluvia conversa mucho con Vazante, aunque también son muy diferentes una de la otra. Y los trabajos con Raúl Ruiz en cambio, aunque eran altamente placenteros, fueron tremendos desafíos por la economía, complejidad y libertad con la que trabajamos. Pienso que cada una de ellas tienen su personalidad.

 

Hani Furstenberg y Gael García Bernal en The Loneliest Planet (2011), de Julia Loktev.

 

Fuiste director de fotografía de un gran documental chileno, Aquí se construye, de Ignacio Agüero, sobre cambios en la ciudad, demoliciones y el boom de las construcciones. ¿Cómo ves al “gran Santiago” 18 años después? ¿Piensas que este documental fue un presagio de lo que venía?

Estamos bastante desnorteados y hemos perdido nuestra relación con la naturaleza, se ha diluido el sentido común y vivimos dormidos en un conjunto de ideas ilusorias, solitarios en un espejismo onanista que hace cualquier cosa persiguiendo un falso confort. Desde mi perspectiva Ignacio Agüero nos dio una gran lección de cómo puede suceder todo eso en nuestras narices sin que consigamos reaccionar a ello. Es increíble después de ver y trabajar en Aquí se construye, descubrir que nos hemos exiliado a nosotros mismos del paraíso. Santiago podría ser una ciudad muy potente y fantástica por su posición geográfica, pero la hemos destruido y la seguimos destruyendo, me parece que a punta de ignorancia total.

Aquí se construye (2000), documental chileno de Ignacio Agüero.

¿Por qué estás viviendo en Brasil?

Se podría decir que vivo en muchas partes a la vez, no solamente en Brasil. Hoy mi país es el presente, mi familia, amigos, trabajo e intereses. Se acabaron las fronteras, que dicho sea de paso son producto de una imaginación bastante limitada. Cuando pienso en las fronteras, se me viene a la cabeza la idea de lo cómico de Bergson, que depende de cierta rigidez del hombre confrontada a la exigencia de que este retome la flexibilidad indispensable para la vida social.

¿Extrañas algo de Chile?

Lo mismo que en los otros países, a mis seres queridos.

¿Hubo alguna conversación con el poeta Jorge Teillier que te haya quedado grabada?

Varias, que hasta hoy tienen mucha resonancia. También leo sus poemas para no perder el hilo de la conversación. Cuando estrené mi primer corto que se llama Agua Bendita, nos encontramos en la calle esa mañana y lo invité. Terminó la película y corrí a preguntarle qué pensaba. Me dijo: “tiene poesía, es todo lo que se le puede pedir a una película”. Quedé varios minutos en silencio. Mientras el público asistente pedía que se repitiera la proyección del corto, lo vi salir por la puerta del centro de extensión de la universidad, con un libro y unas revistas bajo el brazo.

En una entrevista en enero pasado, la cineasta argentina Lucrecia Martel decía que “las series de televisión ahondaron en la dictadura del entretenimiento”, porque son “puro argumento”. ¿Cómo ves tú este boom de las series de TV? ¿Hay menos preocupación en estas por lo visual, en la construcción de la imagen?

Pienso que no deja de tener razón, creo que es un camino en el que se puede comenzar a explorar. Justamente Raúl Ruiz y David Lynch se han lanzado a hacer cosas diferentes, del mismo modo que tantos cineastas apostaron por no seguir el camino más común.

¿Qué reflexión haces del momento actual del cine chileno, con este Oscar a Una mujer fantástica que ha generado repercusión internacional, entre otras buenas cosas que le ha pasado a nuestro cine en los últimos años?

Espero que cada premio sea un estímulo, un argumento para que se invierta más en hacer cine. En Chile, la generalidad es lo precario y mucho entusiasmo de nuestra parte, pero de ello no se puede realmente vivir. Al dueño del supermercado, a la compañía de luz, de agua, de teléfono, a fin de mes les importa un mango que tengas el premio que sea.

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© 2018, Víctor Hugo Ortega. All rights reserved.

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*Víctor Hugo Ortega es periodista y escritor chileno, autor de los libros «Al Pacino estuvo en Malloco» (2012), «Elogio del Maracanazo» (2013) «Relatos Huachos» (2015) y «Las canciones que mi madre me enseñó» (2016). Es profesor en la Plataforma de Formación General de la Universidad de Chile, en la Escuela de Cine de la Universidad Mayor y Director del proyecto de formación de audiencias Barravento.
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