El otoño tiene nombre de mujer

Sentí su aliento fresco al salir de casa al final de la tarde. El otoño había llegado de verdad. Me susurraba con voz de hojitas secas meciéndose en la brisa. Me erizaba la piel con sus caricias. Me acompañaba en mi caminata, en este domingo brooklynense en el que no he conversado con nadie, infundiéndome vigor para caminar con más brío. Me seducía con su perfume de maderas secas. Me hechizaba mientras los ardientes arreboles del atardecer se azulaban y se enfriaban poco a poco en dirección al río Hudson.

En inglés, el otoño tiene nombre de mujer. Se llama Autumn. Su forma de ser me serena. Esta noche, mientras la media luna se levantaba en el cielo, quise acercarme, despeinar su cabello pelirrojo, acariciar su tersa piel, mirar sus ojos azules y darle un beso en su boquita deliciosa y fresca.

Daniel Campos

Daniel Campos Badilla reparte su tiempo entre Brooklyn, Nueva York, y su natal San José, Costa Rica. Ha vivido también en Brasil. Es filósofo y profesor en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). Publica crónicas urbanas semanales en ViceVersa Magazine (Nueva York). Su libro Loving Immigrants in America (Lexington Books, 2017) narra y reflexiona sobre sus vivencias como inmigrante latinoamericano. Ha publicado ensayos en La Nación y Semanario Universidad (Costa Rica). Sus textos exploran el encuentro y enriquecimiento mutuo entre literatura, filosofía y vida cotidiana. Twitter: @Daniel_G_Campos

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