El cuento es un centello

Entrevista a Mauro Arturo Rivera León


Más allá de toda división política, cultural e histórica, el cuento proporciona a la humanidad en su conjunto, una “lengua materna” común, una forma de comprensión característica del hombre, que como tal, prevalece por toda diferencia formativa. Síntesis que podemos encontrar en los cuentos de Mauro Arturo Rivera León, Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, traductor al español de diversos artículos del alemán, polaco, italiano e inglés; autor de un sin número de artículos arbitrados y de tres libros, entre ellos, De Silesia a Varmia (Casa Editorial Abismos, 2018). Dieciocho cuentos titulados, cada uno, con el nombre de la ciudad polaca en donde transcurre la narración.

            Hablé para Underground de Suburbano con su autor, para desentramar la ficción detrás de los dieciocho cuentos polacos y de su traductora artificial. Conversamos sobre Kant y el derecho, la traducción, el cuento, Sonora y sus autores, Polonia, la tradición y la edición independiente.

“El Derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno de acomodarse a la libertad de todos”, expresaba Kant; ¿por qué decidir estudiar este conjunto de principios y preceptos?

Siempre pensé que el derecho sería para mí lo que Königsberg a Kant; que jamás saldría de él.

            Debo confesar que mi decisión de estudiar derecho no fue, por así decirlo, meditada, al menos no al entrar a la universidad. El derecho siempre había flotado curiosamente como mi carrera “natural” (y digo curiosamente porque no había un abogado en la familia). Faltando algunos meses para entrar a la universidad me asaltaron las dudas fugaces. Estuve a punto de matricularme en Literaturas Hispánicas. Al final no lo hice; dudas, segundas reflexiones, volví a la idea original y los posgrados me cimentaron definitivamente en el derecho, o así pensaba.

          El derecho tiene algo de llamativo. Es la política en normas y el discurso de los derechos materializado: esa es para mí la poderosa idea del derecho constitucional, ver el ideario político escrito en palabras.

 

Háblame de tu trabajo como traductor del alemán, polaco, italiano e inglés.

            La traducción siempre ha ejercido cierto rol fascinante para mí. El intento de captar la esencia y forma del lenguaje en otro idioma me divierte bastante. Sin embargo, debo precisar que, hasta ahora, todas mis traducciones han sido jurídicas. Comencé a hacer algunas traducciones básicas del inglés en mis estudios universitarios, hábito que mantengo hasta la fecha.

            En la preparatoria comencé a estudiar alemán, idioma que seguí estudiando en la universidad y luego en el doctorado en una larga estancia en Heidelberg. Mi amistad con Thomas Träger, a quien había conocido en Santiago de Compostela, me llevó a traducir un interesante texto suyo sobre el concepto de mexicanidad en Vasconcelos. De allí, realicé un par de traducciones más del alemán. Del italiano sólo tengo una traducción que fue, por así decirlo, casi accidental. Una oportunidad que me permitió un capricho de lengua romance.

            Ahora bien, las traducciones del polaco son un punto y aparte. Sin duda alguna es el idioma que más trabajo me ha costado. Tiene una gramática compleja y una terminología muy específica. Siempre he pensado que pronunciar una palabra en polaco, por ejemplo Chrz?szcz (escarabajo) es tan complicado como oír el tintineo de una caja de clavos al caer e intentar reproducir el sonido.

            Estas traducciones me han dado muchas alegrías porque encajan con esa fascinación que siento por los idiomas. El idioma no sólo es vehículo transmisor, sino creador del pensamiento y las asociaciones culturales. Siento que soy una persona diferente cuando hablo otro idioma y me gusta reconocerme distinto en cada uno de ellos y sentir que aprendo una visión del mundo única.

¿Cuáles fueron tus servicios en el Centro Perelman de Filosofía del Derecho, de la Universidad Libre de Bruselas (Bélgica)?

Mi experiencia en el Centro Perelman fue más bien corta y está unida a mi estancia en Alemania. Durante mis estudios doctorales en Madrid, realicé una estancia de investigación de un año y medio en el Instituto Max Planck en Heidelberg. Esta pequeña ciudad era muy sugestiva culturalmente. Ligas de ajedrez, el Castillo de Heidelberg, su Altstadt de edificios germánicos prebélicos perfectamente conservados. Es fácil entender por qué esa ciudad, con sus jardines y paseos, cautivó a Goethe. Escribí mucho en este tiempo, tanto derecho como literatura. Al finalizar, decidí hacer una estancia en Bélgica para analizar el fenómeno de la evaluación legislativa y con la esperanza de aprender francés en el proceso. La aventura lingüística fue interesante pero infructuosa. El idioma francés se me resiste inexorablemente a pesar de los cursos intensivos. En ese tiempo ingresé al Centro Perelman en Bruselas como investigador visitante en un proyecto de diálogo judicial (analizando cómo los tribunales en el mundo “conversan” unos con otros).

            La vida en Bruselas fue una gran experiencia. Es una ciudad antigua, capital política de Europa con una gran población árabe que presenta una mezcla cultural vibrante. Solía caminar mucho por el centro histórico. Vivía a unos quince minutos de la Grand-Place, donde hay cientos de pequeños bares que venden mejillones y vino blanco. El clima era desafortunado y en Bruselas el verano es un concepto más literario que meteorológico. Me sorprende, honestamente, no haber escrito nada en este tiempo. De cualquier forma, tiempo después veo en algún cuento el eco de esa estadía.

 

¿Qué significa para Mauro Arturo Rivera León el Maestro Diego Valadés, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Autónoma de México (UNAM)?

Admiración, respeto y gratitud. Diego Valadés ha sido un pilar fundamental en mi formación. No sólo hablo de derecho, sino en general. Conocí al Profesor Valadés cuando tenía diecinueve años, en una estancia de Investigación que hice en la UNAM. No es sólo un ejemplar jurista, sino un intelectual en toda la extensión de la palabra. Tiene, además, una pluma fina y sabe plasmar sus ideas de una forma muy elegante (elegancia que me recuerda a Rabasa). Desde entonces he tenido la fortuna de contar con su guía y apoyo. Fue codirector de mi tesis doctoral y sus comentarios, siempre acertados, jugaron un rol decisivo. Recuerdo, incluso, que antes de depositar mi tesis doctoral, el Dr. Valadés me puso como condición que leyera antes algunos libros clásicos entre los que figuraban, si no mal recuerdo, algunos discursos de Cicerón y algún Diálogo de Séneca. Esa era su preocupación; intentar impulsar la formación en sus discípulos de un pensamiento que parta desde los clásicos hasta las lecturas contemporáneas. Si algo he aprendido del Dr. Diego Valadés es la curiosidad: curiosidad musical, curiosidad jurídica, curiosidad cultural y literaria, que se manifiestan en su visión del mundo y sus acontecimientos.

Háblame de su prólogo en De Silesia a Varmia: Dieciocho Cuentos Polacos y una Traductora, libro de tu autoría editado por Casa Editorial Abismos en 2018.

Una vez que el libro fue aceptado a publicación por la editorial, le pedí al Prof. Valadés que escribiera el prólogo y tuve la fortuna de que aceptara apoyarme también en mis locuras literarias. El prólogo es magnífico y le estoy muy agradecido por ello. De sus palabras rescato mis favoritas: “A pocos les es dado el arte de escribir: pero son muchos los que gozan los dones de la lectura, pues leer también es un arte”.

“Siempre me pareció que contar cuentos es también una especie de malabarismo […]. Mantienes en el aire un montón de relatos diferentes y los haces girar, y si eres bueno no se te cae ninguno. O sea que hacer juegos malabares puede ser un poco como contar cuentos”. Escribió Salman Rushdie. ¿Por qué este género?

El cuento ha sido durante mucho tiempo mi preferencia literaria. He escrito algo de poesía no publicada (terrible toda) y una novela que aún no decido si trabajarla o arrojarla al cesto de la basura porque parece sencillamente un cuento alargado artificialmente. El cuento es un centello, es una revelación fugaz y ese clímax tan rápido, tan profundo, con tanta flexibilidad, me resulta inmensamente atractivo.

 

¿Qué me dices de Edmundo Valadés y Emma Dolujanoff, y de qué manera se relacionan con tu narrativa?

Edmundo Valadés es un maestro del cuento, sin duda alguna. Nacido en el puerto de Guaymas, creo que es pilar no sólo del cuento sonorense sino del cuento mexicano. Con sus escritos y su trabajo literario (la mítica revista El Cuento) situaron al cuento como género de importancia en el país. Su libro La muerte tiene permisome impresionó mucho aunque no sé si pueda hablar de influencia. Leer sonorenses puede ser una necesidad de identidad, como lector y escritor. La literatura es universal, claro, pero a veces en las plumas locales encontramos pedazos de uno mismo.

            Por otro lado, Emma Dolujanoff no era sonorense y sin embargo dedicó un libro de cuentos a los indios mayos (gran parte de sus Cuentos del Desierto). Quizá es un poco lo que he hecho yo: soy un mexicano escribiendo de Polonia.

 

 

¿Te gustaría ser recordado como un jurista joven o como un escritor novel?

Es una pregunta difícil. Preferiría no tener que escoger. Esa disyuntiva se me presentó, de hecho, cuando elegía carrera. Por allá a los 17 años cuando iba a entrar a la Universidad por un momento consideré entrar a letras. Mi padre (supongo preocupado por el cambio de elección) me sugirió hablar con un amigo suyo, un escritor, quien me dijo que no había que elegir, que se podía ser escritor siendo abogado. Quizá sea cierto pero, en mi caso, cuando me dedico de tiempo completo al derecho (tribunales, docencia, publicaciones) mi creatividad literaria desfallece. Si leo, por ejemplo a Kelsen o Heller inmediatamente siento deseos de pasear por los murales de la Suprema Corte, pero no puedo escribir ni un renglón que no sea de análisis normativo.

            El derecho ha sido la totalidad de mi vida profesional. Sin embargo, la literatura tiene un llamado estético muy fuerte. Representa una libertad mayor. Sin formas, ni ataduras, ni citas referenciales. El derecho busca la libertad a través del sometimiento a reglas y normas, mientras que la literatura encuentra esa libertad a través de rebelarse contra sometimiento alguno. El derecho me llama pero, por así decirlo, la literatura me seduce.

¿Escribir desde Sonora o desde Madrid; cuál es la tradición literaria de Mauro Arturo Rivera León?

Empecé a escribir en Sonora, por los tiempos de la secundaria (antes escribía, pero mucho menos). En la primaria (tendría unos 11 años) se publicaron algunos poemas míos en una revista del magisterio (mis padres son profesores), pero eran versos malísimos.

            Aún conservo muchos manuscritos de esa época. Es curioso, no hacía nada con ellos; no los enviaba a concursos ni se los mostraba a nadie (no entiendo por qué no entré ni siquiera a un taller literario), pero los apilaba todos en una carpeta y me sentía “orgulloso” de terminar de escribir algo. No fue mala idea, me da ocasión de reírme cuando los hojeo.

            En la universidad, mientras estudiaba derecho, tuve la fortuna de ganar en dos años consecutivos el Concurso Universitario de cuento Luis Enrique García. Destellos aislados, seguí sin escribir sistemáticamente. En Madrid escribí mucho derecho y poca literatura. Estaba de lleno dedicado al doctorado pero me las ingenié para escribir un par de cuentos que envié a concursos sobre todo en Sonora (tuve la suerte de que algunos jurados los trataran amablemente). Creo que escribí más en Alemania y definitivamente el año pasado ya viviendo en Ciudad de México.

 

Convérsame acerca de la publicación de De Silesia a Varmia: Dieciocho Cuentos Polacos y una Traductora(Abismos Casa Editorial, 2018), de su exégesis narrativa y de su aceptación en el lector.

Polonia es un país de contrastes fascinantes con una rica cultura literaria. Tengo vínculos afectivos y amistades que me unen a Polonia y he pasado una temporada amplia en Cracovia, Gliwice y un par de inviernos en las montañas de Zakopane y Kluszkowce. En Heidelberg descubrí y devoré la trilogía de Sienkiwicz y pronto me sorprendí escribiendo uno tras otro pequeños relatos que tenían a Polonia como escenario y a personajes polacos como protagonistas.

            El libro se compone de diecisiete cuentos (o dieciocho, según se mire el juego metaliterario de una traductora ficticia) y cada uno de ellos tiene como título la ciudad polaca en que ocurre el cuento y como subtítulo un título convencional.

            Creo que la recepción del libro ha sido buena. La FIL Guadalajara tuvo la primicia de la venta del libro porque Editorial Abismos organizó una firma del libro allí. Hubo bastantes ventas y mucha cercanía con la gente que se acercó a firmar libros, conversar o preguntar cuál era el trasfondo de la obra.

 

¿Qué opinas del trabajo de las editoriales independientes en México, y en especial, de Casa Editorial Abismos?

Hay ocasiones en que los oficios deberían recibir el nombre de vocación, lisa y llanamente. Creo que este es el caso de las editoriales independientes en México. En general, me parece que las condiciones de la industria editorial en México son difíciles; se compran pocos libros, se dan escasos apoyos gubernamentales tanto a las editoriales como a los escritores. A pesar de ello hay varias editoriales independientes que realizan un trabajo fenomenal como Almadía, Sexto Piso o Abismos. De Silesia a Varmiafue publicado por esta última editorial. La Editora y Fundadora de Abismos, Sidharta Ochoa, es un tornado de energía. Sus comentarios y apoyo fueron cruciales para la publicación del libro y agradezco que hiciera una apuesta por un autor “externo” al mundo literario, digamos. Es mi primer libro de literatura; lo demás había sido derecho y, precisamente por eso, de todos mis libros, éste es mi favorito sin duda.

 

¿En qué lugares puede el lector adquirir De Silesia a Varmia: Dieciocho Cuentos Polacos y una Traductora?

El libro está siendo distribuido por Amazon (amazon.com, no la extensión “mx”) y hay envíos a cualquier parte del mundo. Algunas amistades en Europa lo han comprado (siempre la amistad es una buena razón para comprar un libro). Este año entró a la venta en las librerías Jorge Cuesta y Casa Tomada en Ciudad de México. También está a la venta en la librería del vestíbulo principal del Centro Cultural Tijuana (CECUT) y en Estados Unidos en Barnes & Noble. Pronto viajará a la Feria del Libro en Londres, así que lo tendremos realizando “turismo literario”.

            Además de lo anterior, este año una editorial española llamada Otros Textos Editorial, de Barcelona, hará una edición digital del libro que saldrá en noviembre, con lo cual espero que pronto esté en formato de libro electrónico.