Ana Karénina (1877) es una de las novelas más notables que escribió León Tolstói. En realidad, no la escribió para que fuera publicada de manera íntegra, ya que comenzó a aparecer periódicamente como un folletín en la revista Russki Véstnik, que en español, sería algo así como “El mensajero ruso”. Estas entregas en dicha revista fueron dándose entre enero de 1875 y abril de 1877; sin embargo, no se concluyó la totalidad de publicaciones debido a problemas que surgieron entre el autor y el editor. Es por esta razón, que se afirma que la primera edición completa apareció en forma de libro recién en el año 1877, después de que pasara la fallida publicación por entregas en la revista.

No cabe duda que la novela está considerada una de las obras cumbres del realismo. Hay quienes afirman, incluso, que para León Tolstói, Anna Karenina fue su primera verdadera novela. Según los estudiosos, la apariencia física del personaje femenino estaría inspirada en Maria Hartung, la hija del poeta ruso Pushkin.? Sin embargo, el personaje en sí mismo va mucho más allá de ello, pues encarna no solo a un sujeto, sino a una realidad misma, completa, total, abarcadora, que traspasa una calificación únicamente humana. Ese es, precisamente, el mérito de Tolstói.

Dostoyevski también apreció mucho la obra. En más de una oportunidad se refirió a las cualidades de Tostói y elogió el libro considerándolo una verdadera obra de arte. Ya, el hecho de que un autor como Dostoyevski hablara bien de una novela, era una garantía de la calidad que tenía. No solo se aclamaba la cuestión literaria, sino que la historia iba mucho más allá, atrapaba el contexto, un contexto convulsionado, y lo hacía suyo para entregarnos una obra que reflejaba la Rusia de entonces.

En Rusia se estaba produciendo la Revolución de 1905 que traería una serie de consecuencias significativas para la sociedad. De ahí que las generaciones de escritores que aparecieron a partir y después de estos hechos, se formarían una idea diferente a la que propugnaba el realismo clásico. Es por esa razón que el mismo Tostói también sintió esa necesidad en sus últimos años y eso le sirvió para que sea considerado por muchos como una especie de reformador social a partir de su literatura.

Recordemos que la sociedad rusa decimonónica se caracterizó por ser rígida y conservadora de manera bastante radical. Sin embargo, los preceptos morales que se imponían se contradecían con la hipocresía de las propias familias de esa sociedad. Entonces, el verdadero valor, lo moralizante, lo educativo, quedaba solo en la apariencia y no en la práctica de la vida misma. Precisamente, todo ello es lo que le sirve de insumo a Tolstói para que pueda escribir. Y el resultado es una obra fundamental: Ana Karenina, una novela que es una mirada al verdadero rostro de la sociedad rusa de entonces.

 

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