#DelirioLit: Se elevarían los cuerpos en parálisis, dejando caer sus prendas…

Un hombre colocó una caja de zapatos al borde de la fuente y los niños fueron consumidos por el resplandor antes de llegar a los columpios.

El primer oleaje de calor fue agradable, pero el segundo nos evaporó. El hombre, los niños, los perros, la fuente de agua en la mitad del parque, los árboles, las aceras, los semáforos; y toda la gente fue arrastrada hacia el epicentro para ser relanzada en cenizas esparcidas por el aire. 

Busqué el aparato para silenciarlo dejando caer todo en el suelo. Ya en la ducha, giré la llave de la derecha y dejé caer agua fría sobre mi espalda. Revivía una y otra vez los colores de la explosión. Sin gritos, o auxilios; solo un candente arco-iris homicida que nos levantaba del suelo. Me vestí, tomé mi abrigo, cerré y corrí por las escaleras porque el ascensor no tenía electricidad. Joaquín me esperaba afuera, en la acera de enfrente. Caminando junto a él, ya comenzaba a olvidar los detalles del sueño. Quizás solo recuerde risas como de niños; quizás un hombre, con algo en las manos. Y un perro. Había un perro que lo llevaba una mujer.

Los dígitos del despertador estaban incompletosEsta vez esperé en la cama. Mi hermano menor aparecía vivo en el sueño; no había fallecido en los atentados como lo recordaba. Un sueño que se hacía recurrente y ahora él era una constante.

Y creo que… tú, Joaquín; tú también estabas ahí, ¿cierto? Volvías a estar con nosotros, aunque solo te recuerde dentro del sueño; porque despierto, no tengo idea de quién eres.

El ascensor no servía, así que bajé por las escaleras poniéndome el saco. Afuera, del otro lado de la calle, me esperabas tú, y justo antes de cruzar, un soplo brillante dejaba grabada mi sombra sobre la pared.

Cerré los ojos para encontrarlo de nuevo. Ahora mamá se sentaba a mi lado. Esperábamos al atardecer desde la fuente del parque. Mi hermano traía un regalo. Nos sonreía; pero siguió su camino hasta que se perdió entre unos niños que jugaban a esconderse.

En el baño, la luz verdosa fluorescente tardó segundos en encender. Abrí la llave y tomé agua. La secuencia de los hechos era diferente. Las imágenes eran del mismo lugar, pero parecía que revivía el punto de vista de los demás. Recuerdo jugar con mi hermano y ver a mamá atenta desde la fuente. Un señor que la acompañaba se puso de pié, dejo a su perro, y caminó hacia nosotros. Llevaba consigo una caja, pero no era importante; acababa de descubrir el escondite de mi hermano y ya corría hacia los columpios.

Me despertó la fiebre. El reloj seguía descompuesto emitiendo luces de colores. Creo que estoy soñando y no me logro despertar.

Salí de la habitación, tomé el abrigo y bajé con prisa. Joaquín me esperaba del otro lado de la calle. Cuando cruzamos el parque, Joaquín ya no estaba a mi lado. Caminé hacia la fuente pero sentía que yo tampoco estaba allí. Me refiero, yo estaba allí, en medio de todos, pero nadie parecía verme. Es difícil de explicar. Es como saber que estás ahí, estando aún dormido en otra parte. Fue solo un niño pequeño que jugaba con su hermano, quien me siguió atento con su mirada cuando cruzamos la calle. No me quitaba los ojos de encima. Su hermano lo empujaba para seguir jugando; pero él, sólo se quedaba allí, y solo me veía a mí, y yo lo veía a él.

Coloqué la caja bajo el columpio con la pintura desgastada. El primer chasquido detonaría un sol artificial. Se elevarían los cuerpos en parálisis, dejando caer sus prendas. La segunda voladura, los escombros de una catedral hecha vapor y rocío; la carne de miles goteando… justo antes de la aniquilación definitiva.

Pero, ese niño, no deja de verme. A pesar que dejé la caja en donde debía, no sintió curiosidad en ver lo que contenía adentro… él solo me ve a mí; entre las plazas y la gente. Y en ese segundo, en donde todo se vuelve un blanco fulgor, no logro entender por qué, si sus ojos estaban en lágrimas, me estaba sonriendo.

 

 

© 2018, Pablo Erminy. All rights reserved.

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Pablo Erminy

Pablo Erminy

Nacido en Caracas, Venezuela.. y residenciado en los Estados Unidos; Pablo comenzó a desarrollar la pasión por relatar historias desde una edad muy temprana. Escritor, productor y cineasta, egresado de la 'Miami International University of Arts and Design' (BFA. Clase del 2000), con estudios en filosofia, letras y teatro; ha viajado constántemente al rededor del mundo, estudiando, explorando y trabajando en diversas áreas de construcción literaria y audio/visual, en busca de nuevos estilos de 'storytelling', manteniendo el género mutable, incentivando una rebelión constante contra las fórmulas y formas convencionales. Productor, escritor y director de cine, televisión y teatro; profesor de dirección, cinematografia y guión; y director de desarrollo de la compañia Ars Nova Revolution, Pablo dedica su carrera y talento al desarrollo de nuevos estilos de comunicación literaria y audiovisual, utilizando manifestos fuera del cuadro establecido.
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