Colombia, como país futbolero, y su selección nacional de fútbol tienen gratos recuerdos de Rusia y lo que antes fue la Unión Soviética.

En 1962 el seleccionado cafetero se estrenaba en los campeonatos mundiales de fútbol. Para entonces la selección uruguaya era el máximo exponente del fútbol sudamericano. Ostentaba dos medallas por Juegos Olímpicos y dos Copas Mundiales de la FIFA, ganadas estas últimas nada más y nada menos que a sus rivales directos de América: a Argentina, en esa copa inaugural que se decidió en el mítico Centenario de Montevideo. Y su segunda corona, a Brasil, en la final tal vez más épica y, por qué no, más triste de la historia. Desde entonces estas cuatro estrellas siguen representando los máximos laureles del fútbol uruguayo, mientras que de allá para acá Brasil se convirtió en el máximo ganador de copas mundiales y Argentina alcanzó a los charrúas con dos títulos orbitales.

Colombia por entonces en materia deportiva se decantaba entre el fútbol y el béisbol. Un dato no menor sobre esto es el título de la Serie Mundial de Béisbol, que en 1965 Colombia consiguió ante México. En cuanto al fútbol, en este país, entre 1949 y 1953, se vivió “El Dorado”, época de auge económico en el que jugadores extranjeros, principalmente argentinos, uruguayos y brasileños llegaron a los principales clubes colombianos. Solo para citar dos casos y seguir con el tema: Alfredo di Stéfano y Adolfo Pedernera, dos referentes indiscutibles de la historia del fútbol, jugaron y fueron estrellas de Millonarios, el club capitalino.

Pero si bien el fútbol colombiano vivió esos años de gloria, este también pasó rápido, además de las marcadas diferencias técnicas entre los jugadores extranjeros y los nacionales, los cuales pataleaban por entonces para ser actores secundarios de las estrellas de fuera.

Por tal motivo, cuando en las eliminatorias de 1962, la selección Colombia de pronto, aquel 30 de abril de 1961, le ganó el primer partido a Perú por 1-0, se prendieron las alarmas, pues por entonces Perú era el gran favorito para clasificarse a la fiesta chilena, tanto así que entre rumores y confirmaciones se ha dicho más de una vez que los organizadores chilenos escogieron Arica como subsede, por la cercanía con su país vecino, lo que representaría mayores beneficios económicos, por el flujo de turistas hacia el país austral.

Sin embargo no fue así y con un apretado 1-1 en el partido de vuelta, en Lima, Colombia se clasificó al mundial y el combinado inca se quedó esperando la oportunidad de volver a una copa desde aquella primera de 1930. Sería solo en el mítico mundial del 70 que lo consiguiera, donde además de ser una selección animadora –recordemos aquel vibrante partido de cuartos de final ante Brasil– presentó para el mundo entero, en televisión a color, a su mejor jugador de todos los tiempos: Teófilo Cubillas.

Pero volviendo a esa Copa del 62 a la que la selección colombiana llegaba como primeriza, la experiencia en términos generales dejó muy gratos recuerdos. 1-2 perdió contra la selección uruguaya, unas de las favoritas para ganar el torneo, y en el segundo juego, aquel inolvidable 4-4 ante la extinta URSS, o en ruso, CCCP. Un juego que la Unión ganaba en el primer tiempo 4 a 0, pero que le fue virado en el segundo tiempo. De nada sirvieron los saltos y las atajadas de la leyenda del arco, “La araña negra” Lev Yashin. Cabe anotar, además, que en aquel partido se ha anotado el único gol olímpico de la historia de los mundiales. Lo hizo Marcos Coll, un joven barranquillero nacido el 23 de agosto de 1935, quien desde entonces cargó hasta su muerte con ese logro como quien carga con un milagro.

Por esta gesta, Rusia representa para la memoria de la selección Colombia y sus hinchas uno de los mejores recuerdos.

Y en 2018, tantos años pasado aquello, Rusia vuelve a aparecer en el panorama futbolístico colombiano, pero también en el peruano. Pues el pitazo final que decretó el empate 1-1: el mismo resultado de aquel partido del año 61 que dejó a Perú eliminado en la última fecha de la eliminatoria entre colombianos y peruanos –juego también disputado en Lima, el 10 de octubre del 2017– no pudo ser mejor. Colombia se clasificó de forma directa, y el cuadro Inca aseguró su cupo al repechaje. Lo que sucedió todos lo sabemos. Un pueblo andino gritó al unísono Rusia 2018.

Colombia va a su segundo mundial de forma consecutiva, después de la más que decorosa participación en Brasil 2014, y Perú, con toda su gente, regresa a la gran fiesta del fútbol después de 36 años. Muchos nacionales que alentaron con todas sus fuerzas para que este sueño ruso se llevara a cabo no habían nacido cuando en aquella Copa de España 82 la selección participó por última vez.

Razón más que suficiente para que se haya echado la casa por la ventana y para que cada peruano agradezca a Ricardo Gareca, el argentino que al fin encuadró las fichas de una selección que en eliminatorias pasadas no pecó por virtuosa sino por desorientada.

Perú y Colombia, Colombia y Perú, ambas selecciones con el fervor de sus pueblos estarán en Rusia en busca de la gloria. La suerte está echada.

© 2018, Juan Quintero Herrera. All rights reserved.

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Nació en Barranquilla, Colombia (1988).Comunicador social y periodista. Con cursos de maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Sao Paulo, USP. También es autor-editor del blog de periodismo cultural En busca de la Verdad www.enverdades.blogspot.com Ha ejercido el periodismo free lance para diferentes medios en Colombia y ha cubierto diferentes eventos culturales en América Latina como festivales de cine y literatura (FICCI, FLIP, Hay Festival Cartagena, Carnaval de las Artes, Mostra de Cinema de Sao Paulo, Feria Internacional del libro de Buenos Aires) en Barranquilla, Cartagena de Indias, Buenos Aires, Sao Paulo y Río de Janeiro. En 2009 fue finalista del premio Internacional de relato temático Grup Lobher (Barcelona, España) con el cuento Mi enemiga amiga: la red social, el cual hizo parte de una posterior publicación. Fue periodista free lance de La Copa Mundial de fútbol Brasil 2014 y de los Juegos Olímpicos Río 2016. Trabaja actualmente en una novela y un poemario.