Celulitis Illuminati

Ha vivido en África, Francia, Guatemala y Argentina. Se enamoró de la cumbia al escuchar a su nana cantar “La pollera colorá”, desde ese momento, adoptó el género y lo reinventó, en una perpetua degeneración llamada Cumbia Lunática, con la que traviste los elementos de la música tradicional —“la cumbia de las mucamas”—, para crear un ritmo vertebral anarcotropical que sostiene todo lo que necesita moverse.

Celulitis Illuminati es el gran debut del hidalgo caballero de lo abstracto Dick el Demasiado, en el legendario sello discográfico STAALPLAAT de Ámsterdam, la casa del dúo Etant Donnes, de Zoviet France, Newcastle—y ahora también, en un rescate sonoro, de Bryn Jones y su proyecto de Electro Hop Muslimgauze—con una selección musical, tema por tema, del mismísimo Conde del Underground Geert-Jan Hobijn (1959), fundador del sello y músico experimental.

Celulitis Illuminati contiene ocho peligrosos tracks grabados por primera vez en vinyl para liposuccionar en el escucha toda grotesca acumulación de tejido adiposo en nalgas y cerebelo.

En Celulitis Illuminati se entreteje la amalgama del folklore sudamericano con los cables de la música electrónica, ¡los ranqueles enchufados!, como en “Asi Que Los Que Sí” en el lado A del álbum, surrealistas y lúgubres beats, poesía convertida en tracky “la baba del muerto sirve para hacer acuarelas”, como se canta en “Búho Sin Un Ratón”.

Eufonía que te abducirá a una viscosa verbena popular con “Son Cosas De Hoy” y a una dimensión ecléctica y desorbitada con “pero bien bweno”. El lado B del disco es dinamita pura: “Mecha flan”, “Sábado cultural” y “En la jeta” son la combinación perfecta entre Lucho Argain (La Sonora Dinamita) y Scatman John. El álbum contiene además, una joya inédita “Llama Mi Abogado”, producida por el mismo Dick y Manuel Schaller, el mago telepático del Theremín.

Cuando el holandés bajó del barco a la Villa, además de darnos el aparato televisor, la escultura de una inglesa tarada que devora islas como si fueran sándwiches (Margaret Thatcher), el sintetizador, el efecto de sonido, el tambor de origen negro, la maraca, el pito indígena —en sus dos acepciones, nos procuró también el canto y la copla, nos proporcionó la lengua y la poesía —la verdadera—, la épica de lo feo.

 ¡Celulitis para los mortales, cumbia lunática para los iluminados!

Alfredo Padilla

Alfredo Padilla (San Luis Potosí, 1983). Estudió Comunicación en la Universidad Mesoamericana. Narrador. Autor de los libros Una pastilla más para que pase el dolor (Editorial Ponciano Arriaga, 2015), Monólogos de un niño inconforme (Casa Editorial Abismos, 2017) y Guadalajara Caníbal (Paraíso Perdido, 2018). Es colaborador de las revistas Yaconic, Letras Explícitas, Nexos, Playboy México, Vice en Español, Noisey MX, La Tempestad, Gatopardo, Penúltima (España), Yo también soy Indie (España), La Revue littéraire (Francia), Sabotage Magazine, G_lfa, Operación Marte, Cream, Marvin, Clarimonda, Juguete Rabioso, México Kafkiano, SOMA, Erizo, Revés, Siempre!, Crash, Desiertos Intactos y de los periódicos Diario Norte de Ciudad Juárez, Hoy Los Ángeles y Los Ángeles Times en Español (EEUU), así como del medio alternativo Escrituras Indie (Argentina) y de los fanzines Punkroutine y El vacío. Ha sido incluído en las Antologías Lados B. Narrativa de alto riesgo (Nitro-Press / Ponciano Arriaga, 2015) y Ocho narradores de San Luis Potosí (1980-1984) de la revista Punto de Partida de la Universidad Autónoma de México (2016). Escribe una columna quincenal para el sello editorial Suburbano de Miami, FL, titulada Underground.

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