Bienvenidos al manicomio

Comunidad terapéutica.
Iveth Luna Flores.

Este libro, ganador del Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2016 es un repaso por el ojo observador de la autora.

Compuesto por cuatro partes, donde cada una nos sitúa en una parte del hospital interno que nos da vueltas la cabeza, si usted ha andado en grandes ciudades, si ha andado en grandes ciudades de madrugada, si no ha tenido a dónde ir o no ha querido ir a donde debía, quizá ande en contra de su voluntad, como quienes se encuentran en la sala de agudos donde un periódico perdido en la memoria le informa de muertes, violencia. Quizá todo es imaginario, una mujer imaginaria asesinada. Una mujer dentro de la mente de una mujer escribiendo antes de morir y por eso escribe desde el coraje, y cómo no si todo engulle al individuo, un ejemplo en Un gorrión completamente jodido:

Una chica llamada Gloria desapareció / el año pasado en Nuevo León. / Tiene un tatuaje en la muñeca izquierda / que dice: My life / otro en la derecha: My luck. / Una flor y un diamante para mostrar / que su vida brillaba y florecía. / (…) / Gloria, si tan sólo no hubieras abandonado la prepa. / Gloria, si tan sólo no hubieras ido a dejar / esa solicitud al Church´s. / Imagino a su papá a mitad de la noche / despertando de una pesadilla / donde su hija es penetrada por un hombre / que le apunta al pecho y dice: / Voy a deformar todos tus tatuajes, nenita. / Cuánto tiempo será posible sostener la mirada / de una chica que pide llorando no nacer más.

Poemas que parecen escritos a contra de la voluntad de la autora, como una paciente que no quiere internarse; textos lacerando, que rayan en la locura de quien siente estar en todas las pieles, de quien se sienta en todas las sillas de la mesa, pero sin abandonar su cuarto de paredes acolchonadas.

Después, al parecer con más cordura, la paciente entra a la comunidad terapéutica, donde el diagnóstico muestra cierta mejoría, aquí el interno parece darse cuenta, voltear a verse aunque siga viéndose en todo: “Me volví la piedra / la mano que arroja la piedra / el golpe y la cara”. La poeta parece estar en todos lados, recluida en el mismo hospital con las mujeres que nombra. Esto es de una sensibilidad potente, pero también de un uso de imágenes que se van a quedar taladrándonos la meditación.

Es aquí donde el procedimiento indica que es necesario ya pasar a la terapia individual, el tercer apartado del libro y parece que al fin creamos conciencia de una realidad, pero esto no significa que tenga cierto aliento para afrontar dicha realidad, solo nombrarla, sin dejar de sentarse en los asientos de los demás para poder obtener una voz propia: “Voy a escribir en la bitácora / esta lección / de separar a las ambulancias / de los hombres.” “Voy a gritar hasta que la flama/ enfoque espejos / cariátides / con la memoria atrofiada / por el afán de documentos.”

Y al final han dado el alta médica pero la paciente no se lo toma tan en serio o quizá se reconozca muerta, como una célula que al hacerlo le hace bien a un organismo, en Apoptosis: “Podría soltarte si no me gustara esta cruz / si no hubiera tragado un pañuelo con el que durante años / sequé el llanto del alacrán / que después de aguijonear tu mano, / blanca, delgadísima / cromada de ríos verdes y azules / donde la sangre corría con el deseo de bombear / dos segundos de ternura para que mecieras mi cabello / en un columpio que iba a lanzarme / sobre una pradera repleta de palitos de nardo, / sintió la punzada del arrepentimiento y lloró.”

Parece contar una historia, la historia de una generación en una ciudad enorme, una metrópoli envuelta de panorámicos, artículos iguales pero de diferentes marcas. Una generación desencantada pero que, sin embargo, halla cierta esperanza aunque pesimista. No estamos vivos, pero continúa amaneciendo. Parece reconocer ese espíritu que nos habla al oído “No eres importante, a veces incluso eres dañino”, pero, como también dice el Alta médica: “¿Qué puede hacer un alacrán para mostrar amor / si sólo cuenta con el recurso de la picadura y / todo lo que le sale es veneno?”.

Iveth Luna Flores es sin duda una poeta que se entiende, entiende su lenguaje en medio del caos y la locura a la que éste a veces nos arrastra.

 

© 2018, Elías David. All rights reserved.

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Elías David

Sostuvo en esta revista, hace tiempo, la columna de poemas Saudade que ahora retoma, ya sin saudade. Ha impartido en su ciudad natal talleres de creación literaria donde ha aprendido mucho. Textos suyos han aparecido en antologías regionales de su país y de Miami. Fue profesor de secundaria. Ahora sólo lee y escribe, o sea, no hace nada.
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