Baudelaire: la poesía del dolor, el juego y la oscuridad

Al leer a este poeta francés los sentidos se acrecientan, se asombran, gozan. Todo poema tiene algo que lo distingue, como todo poema tiene algo que hace sentir un cúmulo de recuerdos, momentos que reviven en las sombras. Precisamente, los poemas baudelarianos están plagados de oscuridad, de gatos, búhos, venus negras, opio, vampiros, lobos, rencores a Dios, apoteosis a Satanás, personajes mitológicos como Caín, Don Juan, etc., el vino, las musas, el juego de medianoche, burdeles, prostitutas. París se revuelve entre la mayoría de las cosas señaladas, porque Baudelaire amaba y odiaba a la vez a esta ciudad.

Uno de los aspectos que proclama este poeta es el tedio, lo que se conoce como el “spleen”. Cuando llega la vida a convertirse en una bocanada de tristezas, el poeta anuncia: “¡Es el tedio! Él nos llena de llanto sin motivo/ y fumando su pipa, imagina cadalsos.”[1]Quizá ya en ese tiempo el poeta quería dar a entender que el tedio sería uno de los mayores males de la humanidad, lo cual en la vida moderna es un hecho innegable. Si esto ya lo decía en el siglo XIX es porque el auge mercantil, la apertura a la entonces desconocida por término globalización, el conocimiento de nuevas tierras en el orbe, en breves palabras, el trajín de la cotidianeidad lo observó.

Ahora bien, consideraba que el ser humano era perfectamente mutable y a la vez irracional. Es sabido que así es porque antes de ser racional, tuvo un largo proceso de adaptación, pero todavía existen esbozos que demuestran mediante las acciones la animalidad: “Pero entre los chacales, las panteras, los linces/ los monos y escorpiones, los buitres y las serpientes/ los monstruos aulladores, rampantes, gruñidores/ en esa fauna horrible del vicio, ¡uno aparece/ más feo todavía, más malo, más inmundo!”.[2]

Quiere decir lo anterior que Baudelaire tenía plena conciencia de lo que es el ser humano, de donde proviene y a donde va, qué manifestaciones le satisfacen y cuáles no. Por eso mismo y malamente se le considera, muchos así lo ven, como un poetastro porque no habla de cosas bellas ni sutiles. Por el contrario, muestra cómo es el mundo – al menos en el cual vivió- de los suburbios parisinos, las catacumbas en donde la inmundicia pervive.

Hay un poema en el Suplemento a las flores del mal (Examen de medianoche) de la misma obra, el cual es muy significativo para comprender gran parte de la poesía baudelariana. Se pondrán como ejemplo unos versos para captar, aparte de la belleza lírica, el concepto que está tratando: “El reloj en la medianoche/ nos induce con ironía/ a meditar si en este día/ mereceremos premio o reproche/ (…) lo que amamos hemos insultado/ y loado lo que está mal.” Como se observa y el propio título lo dice, muchas veces se transgreden las acciones y el humano al meditar cuando se dispone a dormir, reflexiona sobre sus actos y piensa que debe actuar bien. Tal vez el poema no fue hecho para adoctrinar o hacer pensar al lector este tipo de cuestiones, pero la importancia se la da el lector mismo. Desgraciadamente, no se le puede preguntar a ningún poeta por qué escribió tal verso de una manera u otra. Perdería mucho sentido el hacerlo. Es mejor entender el poema, abrazarlo, hacerlo propio.

En el presente artículo de la poesía baudelariana –que daría para mucho más, desde luego, si en otra instancia analizáramos más poemas– hay otro tema de importancia vital. Piénsese en Danza macabra. Una de las cuestiones que el ser humano siempre se hace es querer saber qué es la muerte, cómo y qué hay en donde se encuentra. A este respecto el poeta escribe: “Y, sin embargo, ¿Quién no abrazó a un esqueleto/ y quién de sepulcrales cosas no se ha nutrido? / ¿Qué importan el vestid, el perfume secreto? / Repugnas sólo a quien más que tú se ha creído.”[3]Se dirige a la muerte, a la viva descarnada, a esa que todo ser vivo llegará en algún momento. Es casi paradójico pensar en algo que no se ha visto nunca, o sentido, se conoce desde siempre porque al nacer se incuba en el imaginario o un temor o una alegría en saber que algún día el cuerpo quedará sin vida. Alfa al nacer, omega cuando los gusanos carcomen lo que fue en vida, el cuerpo queda vacío y ni las joyas que muchas veces ornaron su imagen son suficientes para permanecer unidas al grosor de la piel; el esqueleto es como una iota mayúscula, enjuta y roída. Entonces la muerte se presenta como se concibe en el pensamiento; no obstante, es más. Cito: “Amante irresistible, ninfa desnarigada/ dile tú a esos que danzan y que te son esquivos:/ guapos galanes, pese al polvo y la pomada, todos oléis a muerte, ¡oh cadáveres vivos!”.[4]El poeta habla de la materialidad, de esa que el ser humano se jacta y se reviste, trata de tener a toda costa comprando joyas, perfumes y vestidos que al final son un mero juego de banalidades, los cuales solamente maquillan el vacío del ser. Ya lo anunciaban los griegos, ya lo dice la Biblia y los místicos: vil materia que se esfuma al extinguirse. Pero hay mucha tela de donde cortar en este poema. Aguiar é Silva menciona lo siguiente:

“Fijémonos en la expresión irresistible gouge, con que el poeta califica al esqueleto y a la muerte. Según nos informa el diccionario ‘gouge’ es un sustantivo que significa “moza, muchacha”, a veces con una connotación peyorativa: ‘mujer de vida alegre’. Baudelaire, sin embargo, conocía más íntimamente la historia de la palabra, y se aprovechó de ella para crear un sintagma plurisignifivativo. La ‘gouge’ era la cortesana que seguía a los ejércitos, y, en la visión del poeta, la muerte es también la “la gouge”, la cortesana que sigue al gran ejército universal, y sus besos son ‘positivamente irresistibles’”. [5]

Baudelaire desnuda a la vida mediante la muerte. Un gran síntoma de la necesidad en la poesía es desgarrar al ser humano, bajarlo del esplendor en donde lo han colocado innumerables poetas, por ejemplo, Dante en el paraíso, Milton, Petrarca, etc., por citar algunos. En cambio, el francés lo desgarra porque el humano no es divino como todo ser que ha existido en el planeta. No es Dios el hombre, y tal lo proclama Baudelaire implícitamente. Por el contrario, alaba que el ser humano tenga defectos porque precisamente éstos hacen que sea verdadero. Si Pound manifestó un credo en donde expuso su poética, Baudelaire bien pudo hacer el suyo porque en sus poemas existe una apología a las vivencias que todo humano algún día empezó a creer, desmitificando a través de filosas frases y agudas metáforas en donde provoca un congestionamiento mental. La mirada del poeta fue dura, fría y, a la vez, pasional. Baudelaire es de los poquísimos poetas que no se tentaron la pluma en decir las cosas como son, como duelen y como suenan verdaderamente a través del lenguaje.

 

 

 

 

Imagen: Mathieu Laca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Aguiar é Silva. Vítor Manuel. Teoría de la literatura. Ed. Gredos, Madrid 1975, 550 pp.

Wellek, René. Historia de la crítica modera, Ed. Gredos, Madrid, Tomo IV, 1977, 807 pp.

Baudelaire, Charles. Las flores del mal, Ed. Tomo, México 2002, 220 pp.

 

[1]Boudelaire, Charles. Las flores del mal, 16.

[2]Baudelaire, 16.

[3]Baudelaire, 127.

[4]Ídem, 128.

[5]Aguiar é Silva, 21.

© 2018, Luis Estrella. All rights reserved.

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Luis Estrella

Luis Estrella (Ciudad Mante, Tamps). Es escritor y poeta, licenciado en Letras Hispánicas por la UANL. Figura en el libro de cuentos Calidoscopio (2005), publicado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, con el cuento “La muerte de Emilio”. En poesía con La vida que pasa (Diáfora, 2013). Ha publicado las novelas Después de la niebla (Nómada, 2015) y Los 70´s después de Cristo (Resolana, 2016). Trabaja en su tercera novela. Ha colaborado en diversas revistas y periódicos, así como en diversos proyectos culturales que difunden la lectura; fundó la revista literaria La Llave (2014-2015). En la actualidad es redactor editorial en la revista Diario Cultura, donde mantiene una columna. Labora en Playful, una agencia consultora de business innovation como Copywriter creativo y redactor de contenidos.
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