Tú me quieres blanca, de Alfonseca Storni, siempre me ha gustado. A pesar de ser un poema de principios del siglo XX, llamó mucho mi atención por toda la discusión de las concepciones sociales contemporáneas que incluye. Tú me quieres blanca presenta una protesta en contra de aquel hombre que aunque es mundano, impúdico y libidinoso, espera que la mujer permanezca casta. Lo interesante de este poema, en mi opinión, radica en que a pesar de que fue escrito en 1908, hace más de un siglo, sigue estando vigente y sigue teniendo relación directa con la idiosincrasia de las sociedades actuales, al menos las latinoamericanas.

En la sociedad venezolana en donde crecí existe la idea de que las mujeres deben llegar vírgenes al matrimonio pero los hombres no, los hombres deben tener experiencia antes casarse. Incluso, muchos dicen que si un hombre se casa siendo virgen va a ser infiel a su esposa; no hay vuelta que darle, dicen. Yo siempre he pensado que esta concepción tiene que ver con el hecho de que los hombres no menstrúan mensualmente como las mujeres. Me explico: toda niña se hace mujer cuando se desarrolla biológicamente y tiene su primer período menstrual pero en el crecimiento de los hombres no existe un acontecimiento específico que se identifique como el punto de partida de su adultez, o al menos no es de conocimiento popular. A las féminas se les puede preguntar la fecha exacta en que se hicieron mujeres o cuántos años tenían cuando el cambio ocurrió pero a los hombres ¿qué se les pregunta?, ¿qué determina su cambio de niñez a adultez? Yo por acá especulando arguyo que si bien no se considera comúnmente como sí pasa con la primera menstruación en la mujer, el primer encuentro sexual de un hombre determina su maduración, su entrada a la adultez. ¿Ya te hiciste hombre?, se le pregunta a un muchacho de catorce años. Conozco algunos casos de adolescentes que son enviados a un burdel por su padre o algún miembro masculino de la familia, para que ¨finalmente se haga hombre.” En cuanto al matrimonio, oímos el comentario habitual de que los novios deben ser personas adultas para casarse; una niña que no ha menstruado no puede contraer matrimonio porque biológicamente no está preparada para la vida marital ni para tener hijos; ¿y un varón entonces?, ¿cuándo está preparado?, en el momento en que tiene su primera relación sexual y mejor aún cuando tiene varias experiencias sexuales.

En este aspecto me gustaría añadir que este comportamiento también está relacionado con el deber del hombre de ejercer el poder y poseer el mayor conocimiento en la pareja. Socialmente el varón debe proveer a su mujer y generalmente debe ser mayor, ganar más dinero y hasta tener mayor intelecto; por consiguiente el tener experiencia sexual le otorga poder, le da la supremacía, lo convierte en el gerente de la relación. Si se da el caso contrario en que la mujer sabe más de los temas de la cama que el hombre, este se puede sentir disminuido así como se sentiría si su pareja tiene un cargo más alto o un sueldo mejor.

Este concepto social es a veces un poco contradictorio, o mejor dicho, ridículo. Digo esto trayendo a colación que para que un varón se haga hombre, a través como ya mencioné del primer acto sexual, es necesario que tenga una… ¡mujer! La misma que se supone no tenga relaciones sexuales premaritales. He escuchado, con estos oídos míos, a madres decir que está bien que el hijo se divierta por ahí, que se acueste con algunas chicas, pero que la que escoja para casarse debe respetarla, ¡no puede tocarla! Entonces esas chicas, siguiendo el modelo presentado, ya no son castas ni blancas, ya no tienen derecho a casarse porque ya han sucumbido a la sexualidad. Como Storni indica en su poema al hacer una reflexión de la sociedad, el hombre pretende a la mujer casta y blanca sin considerar que él no lo es y sin tomar en cuenta que aquellas mujeres que estuvieron con él ya no lo son tampoco. Resulta un poco egoísta pensar que una mujer debe preservarse casta para un hombre que ha disfrutado –con otras mujeres– de la sexualidad.

Esta estrofa del poema de Storni es mi preferida:

Tú que el esqueleto

conservas intacto

no sé todavía

por cuáles milagros,

me pretendes blanca

(Dios te lo perdone),

me pretendes casta

(Dios te lo perdone),

¡me pretendes alba!

Siempre que leo esta estrofa me río un poco. Básicamente estaría diciendo: ¿tú sí puedes disfrutar y yo no? ¡Dios te perdone!

© 2016, Naida Saavedra. All rights reserved.

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Naida Saavedra (Venezuela, 1979) obtuvo con Vos no viste que no lloré por vos el premio Historias de Barrio Adentro 2009 de la editorial El Perro y la Rana. Su cuento “Vestier” ganó el premio Victoria Urbano de Narrativa 2010 de la Asociación Internacional de Literatura Femenina Hispánica. En 2013 fueron publicados Hábitat, Última inocencia y En esta tierra maldita y en 2015 su primer libro de cuentos, Vestier y otras miserias. Saavedra posee un Ph.D. en Literatura Latinoamericana de la Florida State University y sus investigaciones abordan la literatura caribeña contemporánea y la [email protected] Literature, centrándose en los temas del desarraigo y la posmodernidad. Actualmente reside en Estados Unidos, donde es investigadora y docente de la Worcester State University.