
Para Ronnie, Emilio, Rábago, Adriana y Granados Chapa. Los extraño.
El mayor tesoro de un periodista es su memoria; el amor, pese a la enfermedad, debe ser indeleble, y la historia de un país tiene que ser inmune al olvido.
Periodismo, amor, enfermedad e historia se mezclan en La memoria infinita (2023), un documental devastador y, al mismo tiempo, conmovedor de la cineasta chilena Maite Alberdi que pone el acento en esta historia sobre lo que realmente significa amar cuando el desvanecimiento en vida de aquello que fuimos empieza a difuminarnos hasta convertirnos sólo en recuerdo.
Alberdi siguió durante cinco años el declive neuronal que el periodista chileno Augusto Góngora sufrió debido al alzhéimer que le fue detectado de manera temprana a los 62 años. Junto a él se mantuvo sin reparos, sin condiciones y en plena libertad de conciencia su esposa Paulina Urrutia, una reconocida actriz de Chile, quien también fue ministra de Cultura durante el gobierno de Michelle Bachelet.
Con algunas imágenes de archivo vemos asombrados una historia que recorre la represión que Augusto Pinochet ejecutó luego del golpe de Estado en contra del gobierno de Salvador Allende en 1973. Dicha represión y los abusos de la dictadura fueron narrados puntualmente en aquellos días por Góngora en su época de reportero de televisión y, cosas del destino, el entonces joven periodista compartía el mismo nombre del dictador.
Conmovidos vemos la convivencia cotidiana entre Paulina y Augusto y la manera absolutamente amorosa con la que Paulina cuida y protege la persona de su esposo quien poco a poco empieza a perder la memoria y con ello el conocimiento de sí mismo, de su esposa, del espacio y tiempo en el que vive, todo aquello que desde la normalidad cotidiana no hacemos consciente hasta que el alzhéimer empieza a dinamitar el sentido de pertenencia e identidad de un ser humano que se aferra a su dignidad hasta las últimas consecuencias.
Para quienes hemos practicado el periodismo durante décadas resulta muy doloroso cómo la lucidez, el empuje y la claridad mental que se requiere para ejercer el oficio, Augusto la va perdiendo lenta y gradualmente salvo esos chispazos de agudeza mental que asoman de cuando en cuando en él para luego desvanecerse cual humo representativo de aquel fuego que arde en los reporteros que revelan la realidad cotidiana
Paulina ríe y hace reír y sonreír a Augusto en cada momento tan simple como cotidiano como lo es una ducha, un desayuno, el despertar de cada mañana, sus recuerdos como pareja de más de veinte años, la adoración manifiesta que se profesan pese a la evidente y mayor dificultad que Augusto tiene para mantener la autonomía física y mental, desgracia que Paulina aliviana reconociendo su propio sentido de vida ligada al de él y sus circunstancias tan profundamente adversas.
Pero luego vendrá el inevitable azote de la demencia y la pérdida casi total de lo que Augusto fue. El otrora prestigioso periodista empieza a ser un increíble hombre menguante, como el protagonista de aquella vieja película de 1957 dirigida por Jack Arnold, un hombre que, azotado por un extraño mal, comienza a empequeñecerse físicamente hasta un nivel infinitesimal. Y esa medida es lo que el alzhéimer parece dimensionar en la persona de Augusto: el desvanecimiento de su personalidad, de la pregunta sobre el sentido de vivir si es que hay alguno, de lo que representa para sus hijos, sus amigos, su esposa, y del futuro, si es que podemos darle una definición a ese concepto cuando los recuerdos empiezan a abandonar a una persona.
En una escena reveladora de lo que Augusto está sufriendo, el veterano periodista le dice a Paulina en una aparente ráfaga de lucidez: Ya no soy, expresión que Paulina ataja en una celebración de la esperanza probablemente ya también diluida: Yo creo que sí eres, Augusto. Paulina ríe y reitera: Yo creo que sí.
Y, ante la enorme angustia que Paulina sufre si Augusto no la reconoce más, el olvido hace su presencia más descarnada cuando el periodista, en efecto, llega a tener largos períodos en donde desconoce a su esposa, no reconoce su casa, no se reconoce a sí mismo ante el espejo y las garras de su padecimiento acuden a él para destrozarle cualquier sentido de coherencia mental, cualquier resquicio de ubicarse en la realidad, pesadilla que alcanza a Paulina porque sabe que el final puede estar muy cerca y sin embargo Paulina seguirá ahí, personificando el amor en todo su esplendor.
En junio de 2022, escribía en la Road Movie sobre la serie Severance (Dan Erickson, 2022) y en ella reflexionaba sobre la importancia de la memoria en el ser humano:
“La memoria es uno de los aspectos más fascinantes de la vida humana, sin ella, la posibilidad de generar identidad y pertenencia sería imposible, la memoria nos permite vivir, sobrevivir y recordar lo que somos e incluso lo que pretendemos ser.
“Sin embargo y a la par de ella, también convive con nosotros el olvido, término que asociamos de manera automática con algo negativo. Aprendemos técnicas para recordar, ejercicios mentales para no olvidar, pero quizá nadie se atrevería a dar cursos y talleres para borrar la memoria porque memoria somos”.
Por eso, en sus breves momentos de lucidez, Augusto sabía, como se lo dijo a Paulina, que él ya no era, no era más: la memoria lo había abandonado.
Maite Alberdi vuelve con La memoria infinita al abordaje de una etapa de la vida en donde la enfermedad y las consecuencias de la vejez hacen mella en la dignidad de la persona. En 2020, filmó El agente topo, otra conmovedora historia documental en donde Sergio, un hombre de 83 años, se infiltra en un asilo de ancianos para constatar si en el lugar los residentes son maltratados
Alberdi nos vuelve a poner ante el espejo de nuestra fragilidad y la brevedad de la vida misma, que, sin embargo, puede y debe ser más llevadera si tenemos a nuestro lado a nuestra propia Paulina, quien representa junto a Augusto, una de las mayores y más fascinantes historias de amor vistas en el cine latinoamericano.
19 de mayo de 2023
Augusto Góngora murió el 19 de mayo de 2023, cuatro meses después de que La memoria infinita se estrenara en el Festival de Sundance. Vaya este recuerdo agradecido a Paulina Urrutia y Augusto Góngora por recordarme a las personas a quienes dedico esta colaboración: maestros y amigos, algunos de ellos nacidos y muertos coincidentemente en octubre de algunos años atrás.
Es por ello que atraigo el documental de Alberdi para no dejar de pensar en ellos y ellas y lo mucho, como Góngora le dice a Urrutia, que me regalaron durante el tiempo que pude disfrutar de su amistad y magisterio.
Raúl Muñiz Torres
Comunicólogo, educador, periodista, cinéfilo, seriéfilo, lector, fanático del club León, amante del tinto y el ron nicaragüense. Las primeras dos cosas, se las debe a la Universidad Iberoamericana; la tercera, a los muchos años en diversos medios de comunicación recorridos en León y la Ciudad de México; el resto, al asunto de vivir lo que las pasiones mandan. Es un convencido de que un mal día se resuelve entre otras cosas, con una buena dosis de tinto, cine y lectura.
Cortesía de Ruleta Rusa.


















