
Hace bien narrar, con música de fondo, el meneo de los libros latinos en Canadá. Mejor aún si la música es bailable y en vivo. El ritmo provoca en las letras el mismo efecto que en la piel. Así, entre sones nos transportamos a una peña cultural en un salón comunitario de la Basse-Ville de Quebec. La época: ¿finales del otoño/principio de la primavera?
Bailamos cumbia en “La peña latino-québécoise de l’amitie”, una velada intercultural llevada a cabo por La CASA Latinoamericana, un organismo de acción sociocultural que ayuda a la integración de los latinos migrantes en Quebec. Es un evento familiar en el cual, además de la música del ensamble latino, hay venta de deliciosas comidas de Colombia, Venezuela, México, Perú, Chile, Cuba, etc.; pero no podemos hincarle el diente a todo, vinimos aquí con un objetivo: la organización nos prestó una mesa y una silla en el corredor de la entrada a ver si vendemos algunos ejemplares de nuestro nuevo libro editado en Canadá.
El mercado del libro en español hay que inventarlo. No suelen abundar las actividades donde promocionar literatura por aquí ni tampoco todas las librerías te compran libros nuevos en español, así que aprovechamos para difundir el “vértigo” centroamericano durante esta pachanga. Se ha acercado gran cantidad de llamativos personajes de la comunidad hispanoparlante, también nos hablan en francés, en inglés e incluso en portugués, aquí la convergencia lingüística es moneda de cambio y no se sabe en qué lengua pensará nuestro próximo lector. He ahí, quizás, el gran dilema: los más interesados en el libro no dominan la lengua, y los que dominan la lengua, no están tan interesados en el libro. Hay que echarle ganas y aclarar, varias veces, que los cuentos no son exactamente “para niños”.
Quebec en lo cultural es, en todo caso, un pañuelo. El contacto con la CASA Latinoamericana nos lo pasó el Cercle Gabriel-García-Márquez, a cargo del antropólogo y economista paraguayo Víctor Hugo Ramos, junto con el poeta y traductor chileno Sebastián Ibarra Gutiérrez. Se trata de un círculo literario que organiza mensualmente conferencias que puedan crear puentes históricos y culturales entre Quebec y Latinoamérica. La sacudida de la música nos materializa a las puertas de la Biblioteca Monique Carriveau, donde tienen lugar estas charlas en la Ciudad de Quebec.
Asistimos al oleaje sabroso de la diáspora, en esta mesa un poeta chileno nos lee sus poemas mercantes en español y en francés; en esta otra, una poeta cubana domina el escenario con el sabor y la fuerza de palabras bien hiladas en tres lenguas. Hay algo claro: a veces algunos escritores escriben o traducen su producción al francés o al inglés, depende de la provincia en que estén, porque el mercado y las casas editoriales favorecen este nicho.
En este caso, llamó mi atención Lula Carballo, que escribió en francés Créatures du hasard (Criaturas del azar), publicado por la editorial montrealés Le Cheval d’août (El caballo de agosto). Se trata de un relato sobre ella y su familia en el Uruguay de la infancia, ilustrado con fotografías. También el italiano Mattia Scarpulla, que reside en la Ciudad de Quebec, ha publicado en francés y ganado varias becas de creación. Él mismo me regaló Préparation au combat (Preparación del combate), publicado por la Editorial Hashtag (¿se les ocurre cómo traducir hashtag?), un relato sobre la niñez y las artes marciales. Ambos se han ido ganando su espacio en la escena literaria en Canadá con obras que rebasan las fronteras lingüístico-nacionales.
Las manos aplauden, los pies se sueltan y despacito giramos sobre nuestra cadera hasta alcanzar el momento justo: nos hallamos en un salón de eventos del Hotel Quartier, hay una presentación de salsa colombiana a las dos y media de la tarde, unos gráciles bailarines desbordan sabor en medio de la sala. Alrededor, hay mesas de libros, artesanías, conversatorios. Se trata del Primer Encuentro Español y Cultura, organizado por Ser y Estar, un proyecto cultural que impulsa y da visibilidad a la herencia hispana en Canadá.
El santo de esta actividad nos lo pasó Amélie, nuestra profe de francés en la Universidad Laval, que también le hace a la salsa y a los libros. Terminamos de dar unas cuantas vueltas de Salsa con Coco con ella y nos damos una vuelta por los estantes. Empezamos a ser atraídos por la gravedad de círculo de baile en español. Accedemos a los catálogos de la Editorial Artística, comandada por la peruana Roxana Orué; Lugar Común Editores, dirigida por el escritor colombiano Luis Lora Molina; y Cristalida Ediciones, encabezada por la cubana Ana Núñez González, que difunde autores cubanos en Canadá.
Con todo, no deja de llamar la atención cómo predomina la no ficción frente al ritmo de la poesía, el cuento o la novela. El paso reflexivo del entorno migrante, la condición social, el género, la espiritualidad, los libros de coaching y superación personal, condiciona la producción y también son los libros más buscados. Como una botella puesta en medio del bailongo, los lectores se estremecen entre ficciones y resiliencia en los salones del libro hispano.
Quizás no nos lo imaginábamos, pero los libros hispanos también se mueven —y se mueven tan bien— en las latitudes del sirope de arce. Se trata de una escena apenas en desarrollo, muy lejos de consolidarse como un fenómeno artístico de largo calado, pero tampoco es como que en nuestros países latinoamericanos resulte más fácil la difusión del libro. Por esta noche, la música se apacigua y las luces se apagan. Recogemos nuestras cosas mientras el salón se vacía. La crónica de esta parranda de otoño-principios de primavera llega a su fin, pero no será el último baile en el salón del libro hispano.





