
Pocas ciudades del siglo XX han generado tantas narraciones como La Habana. Capital del juego, refugio de celebridades, escenario de conspiraciones políticas y, más tarde, símbolo de la Revolución cubana, la ciudad ha sido contada desde casi todos los ángulos posibles. En Desfila la Habana, Antonio José Ponte regresa a uno de los momentos más fascinantes de su historia: los meses que precedieron al triunfo revolucionario de 1959. Pero lo hace de una manera singular, mezclando hechos históricos, personajes reales y recursos novelísticos para construir un retrato tan seductor como inquietante de una ciudad suspendida entre dos épocas.
Ponte, considerado una de las voces más originales de la literatura cubana contemporánea, ha dedicado buena parte de su obra a explorar la relación entre memoria, espacio urbano e historia. Libros como La fiesta vigilada y Un arte de hacer ruinas revelan su obsesión por las ciudades como archivos vivos y por los rastros que la política deja sobre ellas. En Desfila la Habana, sin embargo, dirige su mirada hacia una ciudad que todavía conserva el brillo de sus años dorados, aunque ya comienzan a percibirse las grietas de un mundo que está a punto de desaparecer.
La novela arranca en 1958, cuando el periodista y novelista británico Norman Lewis recibe el encargo de viajar a Cuba para investigar tanto la creciente figura de Fidel Castro como la enigmática presencia de Ernest Hemingway en la isla. A partir de ese punto, Ponte despliega una galería de personajes donde conviven escritores, espías, mafiosos, revolucionarios, actrices de Hollywood y aventureros de toda especie. Ian Fleming, creador de James Bond; Ava Gardner; Hemingway; Meyer Lansky y el propio Castro aparecen como piezas de una trama donde la historia parece escrita por un novelista especialmente imaginativo.
Lo más atractivo del libro es la habilidad con que Ponte convierte la documentación histórica en literatura. El autor reconstruye un período lleno de incertidumbres, cuando nadie podía prever con claridad el rumbo que tomaría Cuba. La Habana emerge como un escenario de contrastes extraordinarios. Durante el día, lugares como el Sevilla Biltmore seguían recibiendo periodistas, jugadores, empresarios y visitantes extranjeros atraídos por la fama de una ciudad que parecía vivir una fiesta interminable. Más al oriente, el Hotel Casa Granda servía como observatorio privilegiado de una realidad cada vez más convulsa. Y en Finca Vigía, Hemingway continuaba alimentando una leyenda personal que fascinaba a periodistas y curiosos de medio mundo. Pero al caer la noche aparecía otra Cuba. El toque de queda impuesto por el gobierno obligaba a vaciar las calles, muchas terrazas cerraban antes de tiempo y, a partir de cierta hora, los disparos que se escuchaban en distintos puntos de la ciudad recordaban que la guerra se acercaba. Mientras en algunos salones todavía sobrevivía el glamour de una época, en las calles ya se respiraba la sensación de que el régimen de Batista se encontraba en sus últimos meses.
“El gobierno podría perpetuar el toque de queda, aumentar su presencia en las calles y, así y todo, la ciudad no resultaría gobernable. Santiago de Cuba no volvería a ser gobernable para el general Batista”.
La prosa de Ponte mantiene la elegancia y precisión que caracterizan toda su obra. Su mirada evita tanto la nostalgia fácil por la Cuba prerrevolucionaria como la simplificación ideológica. Más que emitir juicios, le interesa capturar la complejidad de una época en la que convivían el lujo y la violencia, la frivolidad y la conspiración, la fiesta y el miedo. La ciudad donde Ava Gardner podía aparecer en una recepción del Sevilla Biltmore era la misma donde se producían atentados, operativos policiales y enfrentamientos armados. Esa convivencia entre espectáculo e incertidumbre atraviesa toda la novela y le proporciona una tensión constante.
Desfila la Habana es una novela histórica, pero también una reflexión sobre la fabricación de los mitos y sobre la forma en que la historia termina pareciéndose a la literatura. Antonio José Ponte reconstruye los últimos meses de una ciudad que estaba a punto de desaparecer para convertirse en otra.





